Junio 2015

Ingeniero en Gestión Pública, experticia en Gestión Política Estratégica, Seguridad y Defensa Nacional.

CONFIANZA EN CRISIS

“NO ES DE HOMBRES SENSATOS CONFIAR EN QUIEN YA NOS HA ENGAÑADO UNA VEZ”, valederas palabras de René Descartes en su Discurso del Método,  citado por el destacado ensayista Eduardo Corbo, en su libro “Sentido y Sin Razón”, ideal para reflexionar en el tiempo y en la contingencia que se vive, este término se ha caracterizado por los cambios sufridos hasta la desaparición de cosmovisiones, creencias y en general en las formas de relacionarse de las personas con el mundo, el hecho es que la confianza ha sufrido avatares y cambios relevantes.  Al parecer la confianza es necesaria ¿pero para qué?, podríamos pensar en una primera instancia que es seguramente para constituirnos y relacionarnos como humanos, es decir, en el plano exclusivamente de las relaciones interpersonales. La realidad, nos señala que la confianza no solo se da en las personas, también confiamos en instituciones, en las organizaciones, en los sistemas de ideas, etc. Es así como confiamos en los bancos donde depositamos nuestros ahorros, en la seguridad que nos puedan dar las policías, en la tecnología, en la pericia y habilidad de otro ser humano, etc., depositamos confianza en las personas que nos representan para exponer nuestras ideas (juntas de vecinos, movimientos y organizaciones sociales, etc.), confiamos en el quehacer de nuestros políticos para lo cual los elegimos…

Una de las mayores expresiones de voluntad de la ciudadanía en democracia, es el voto, lo cual constituye una manifestación de la opinión, parecer o voluntad de cada uno de los ciudadanos del país, ya sea para aprobar o rechazar una medida y principalmente para designar a sus representantes políticos y gubernamentales. En este sentido, ese deseo representado por el voto de que se cumplan las expectativas de lo “prometido” por el candidato, no es más que pensar en ese otro como alguien confiable. Es así como se configura un escenario de previsibilidad en el que cada día se desenvuelve nuestra vida, sin ello, nuestra existencia sería probablemente insoportable.

De esta manera, tenemos que la confianza es un atributo dirigido al otro, del que se esperan cosas, aunque esa espera este impregnada muchas veces de un dudar angustiante, con frecuencia tiene como resultado la postergación de lo deseado o sencillamente una permanente inacción. Con ello, trae consigo la decepción del portador de esa confianza, es el que traiciona, en otras palabras es el desengaño de la confianza depositada. Precisamente, esto es en lo que estamos sumergidos como chilenos, en la desconfianza, sin embargo en lamentarnos y perder la fe en el otro y en las instituciones, no nos llevará a superar la crisis institucional, necesariamente hay que hacer un ¡alto al patio!, es decir, detener la vorágine de la desazón que genera la falta de confianza en nuestros representantes, que no son otros que la clase política y exigir una acción estratégica para salir adelante, ya que los frentes o desafíos son muchos, por tanto hay que priorizar postergando promesas y programas irrealizables (técnica y financieramente), reafirmando otros y para ello el gobierno y los políticos en general, se tendrán que colocar una sola vez colorados y de ahí a enmendar con hechos a través de una eficiente y eficaz gestión, lo anterior, permitirá que vuelvan los elogios a la confianza en las personas e instituciones de nuestro querido país.