Noviembre 2015

LA CUESTIONADA POLITICA DE RELACIONES EXTERIORES CHILENA

En artículos anteriores referidos al tema con Bolivia y Perú (triangulo terrestre), de alguna manera he cuestionado la inacción o la falta de proactividad de la política de relaciones exteriores chilena, como asimismo, la forma de enfrentar los aspectos comunicacionales.

Llama la atención que la desprestigiada clase política chilena, no se ha pronunciado sobre el manejo del gobierno en materia de política exterior, han sido complacientes y han avalado de alguna forma los actuales procedimientos del ejecutivo. Se comparte plenamente las palabras del ex Ministro de Defensa del Gobierno de Sebastián Piñera, Jaime Ravinet, al denominar a esta política imperante de “quejumbrosa”, más aún da ejemplos claros de este accionar, … “nos quejamos porque el Papa va a Bolivia y hace algún comentario, nos quejamos porque el canciller de Bolivia viene a Chile, nos quejamos porque Ángela Merkel y François Hollande dijeron lo que dijeron, nos quejamos porque el parlamento peruano legaliza un distrito en un territorio que pertenece a Chile, nos quejamos porque el embajador peruano en Santiago hace declaraciones poco diplomáticas en La Moneda, nos quejamos porque los militares peruanos se acercan al Hito 1…”.

Nuestra clase política en representación de cada uno de los chilenos (porque ellos nos representan ¿verdad?), debe reaccionar frente a la permanente pasividad y nada de proactividad del gobierno de turno, demandando un cambio de actitud en materia de política exterior, dejar de tener un apego irrestricto al derecho internacional y al reiterado discurso de la intangibilidad de los tratados y a enviar notas diplomáticas, las que se contestan con otras notas diplomáticas sin efecto alguno, postura que nada bueno nos ha traído en materia de resultados concretos. Nuestros vecinos actúan políticamente en materia de RR.EE. y con resultados muy efectivos hasta el momento.

Chile debe tomar la iniciativa en materia de diplomacia, tiene el poder nacional necesario para hacerlo en relación a nuestros vecinos, poseemos el poder económico, institucional, político y un reconocido poder de disuasión militar, sin embargo, no actuamos a esa altura, más bien con cierta ingenuidad.

Otro aspecto a considerar, es que un territorio abandonado por más que se diga que es propio, de nada sirve si no se ejerce efectivamente soberanía sobre él, más aún si hay otros que lo reclaman. Chile debe tener una convincente “actitud” en sus acciones en la zona de litigio, es decir, marcar presencia y no actuar tímidamente dando explicaciones por lo que hacemos en nuestro territorio (Ejemplo, Ejercicio Huracán), intentando justificarnos ante los dichos peruanos, bolivianos o de la comunidad internacional de la cual tanto se cuida nuestra conservadora e inerte política exterior.

¿A qué podemos temer si cambiamos de actitud?.... ¿a que nuestros vecinos se enojen?... ¿a que la comunidad internacional nos critique?... ¿a un conflicto bélico?... Chile jamás va a iniciar una guerra, no somos expansionistas, tenemos territorios (continental e insular) que nos cuesta poblarlos y por tanto nos es difícil hacer soberanía. Sin embargo y conforme a nuestro determinismo histórico, es nuestro deber defendernos si algún país, por ejemplo, quiere reconquistar los territorios que perdieron en la Guerra del Pacífico. Recordemos que en el siglo XIX murieron miles de compatriotas por defender a Chile y en honor a ellos y a lo que es el país hoy en día, tenemos que estar dispuestos a defender nuestro territorio, ejerciendo en propiedad la correspondiente soberanía, lo que no hemos hecho a través del tiempo. Recordemos la cantidad de Km2 que hemos perdido y lo peor, a través de una firma detrás de un escritorio (La Patagonia – parte de Tierra del Fuego y del Estrecho de Magallanes, Campos de Hielo, Laguna del Desierto….recientemente entrega de casi 50.000 Km2 de mar a Perú… ¿qué vendrá después?  ¿triangulo terrestre?...¿corredor bioceánico a Bolivia?... ¿Islas del Sur Picton, Nueva y Lennox?.  En otras palabras seguimos colocando la mejilla y ser complacientes frente al uso que hacen nuestros vecinos de las reivindicaciones terrestres y marítimas de la Guerra del Pacífico, para lograr sus intereses de política interna-electoral y pese a ello, continuamos con nuestra política exterior apegada a la teoría diplomática de antaño.

Chile debe entender que la Corte internacional de Justicia de la Haya, siempre va a buscar dejar a las partes contentas y en especial en apoyar al país más desprotegido. Nuestro país tiene mucho que perder si sigue en el Pacto de Bogotá. Terminado el Fallo de la Haya con Bolivia, Chile debiera retirarse y así no seguir exponiendo nuestra territorialidad a jueces externos, que no conocen entre otros aspectos, el determinismo histórico que tenemos con nuestros vecinos.

De esta manera, nuestro accionar en el caso del tema marítimo con Bolivia, será asumir la iniciativa, evidenciando la voluntad de solución a través de una negociación (más información, articulo “Bolivia 5”), que no signifique soberanía, pero sí compensaciones y servidumbres o en último caso, intercambio territorial con compensaciones económicas. No se debe olvidar que cualquier solución a la salida al mar de Bolivia por la frontera norte de Chile, debe ser consultada al Perú, conforme al Tratado de Ancón, firmado en octubre de 1883 (refrendado en 1929) y ese es otro tema a analizar, aparte de la fluida relación comercial que existe entre Tacna y Arica, ¿estará Perú dispuesto a limitar al sur con Bolivia, perdiendo su histórica pretensión de reivindicación territorial?

Es evidente que el país requiere de un cambio en su política exterior, es esperable que Chile reaccione y enmiende su rumbo acorde a los actuales escenarios internacionales, tanto en el ámbito de la seguridad y la defensa nacional. A la serenidad que hemos tenido, hay que incorporar firmeza en nuestro accionar, avalada por nuestra estatura y poder nacional a nivel regional.