Febrero 2016

La Política

Veamos ¿Qué es la Política?. La política ha sido concebida –como señala Juan Widow en el “Hombre Animal Político”-, desde la consideración de ella como una actividad más noble a la cual puede aspirar un hombre, hasta su menosprecio como símbolo de los mas turbio, de la ambición sin freno moral, de la astucia que todo lo mide en razón de su utilidad para conseguir el poder. Entre ambos extremos, hay una distancia que pide ser explicada.

El diccionario de la Real Academia, define a la política como arte, doctrina u opinión referente al gobierno de los Estados. Consabida es la frase que la política es el arte de administrar la cosa pública, de conducir a la sociedad política hacia su finalidad propia que es el bien común, ella se caracteriza porque uno de los medios fundamentales para alcanzar su finalidad, es el poder y porque sus dos grandes virtudes son -o debieran ser- la prudencia y la justicia.

Según los filósofos clásicos, “la política no es otra cosa que la disposición de los bienes sociales o públicos por la cual los hombres se vinculan al bien común”. La política surge como la necesidad de permitir la primacía del bien común en las sociedades humanas, estableciendo normas y jerarquías e institucionalizando las relaciones de poder, conflicto y autoridad. Para ello, instituciones esenciales e intrínsecamente políticas como Estados y Gobiernos, buscan asegurar las libertades y la seguridad personal, proporcionar justicia y garantizar la seguridad externa.

La política por tener como fin el bien del hombre, es una actividad moral, es la moral la que define los fines de la política. La política que prescinde de ellos o que sea neutral respecto de la verdad moral, no es auténtica política, sino una corrupción de ésta. Este es el caso de aquella política que al no acotarse  dentro de ciertos valores morales y en virtud de un pluralismo insensato, concede idénticos derechos al error y a la verdad. La verdad se halla en el juicio y surge del pensar, esa prerrogativa que nos constituye, a cada uno de nosotros, en imagen y semejanza de Dios.

Por otra parte, la política es una actividad social que está basada en las realidades existentes y gira en torno a la adecuación entre los actos y los fines. Todos los sueños, utopías o ideales irrealizables, no tienen cabida en la política ni en su acción. Por eso se dice que “la política está restringida a lo que es posible, que es el arte de lo posible”.

Un hecho de la realidad del comportamiento humano y que constituye un elemento central de la política, es el conflicto tal como la historia y la experiencia milenaria de la humanidad nos lo demuestran. El conflicto es algo propio de la condición humana y por tanto, consustancial a la política, aceptar su existencia es sólo aceptar tal realidad.

Es por ello que se dice que la política no solo es la ciencia y el arte de gobernar un Estado, también es una lucha de opiniones sobre la mejor forma de organizar una colectividad o sociedad. La diversidad de opiniones y el conflicto de intereses son esenciales a la política.

Según Julien Freund, para comprender la política en sí misma, como constituyente de una esencia, es preciso analizar sus fundamentos y sus presupuestos. “Presupuesto” de lo político, es un concepto que nos permite entender lo que hace que la política sea la política, lo que hace que siempre sea necesariamente lo que es y no otra cosa. Por lo mismo, se definen tres presupuestos que son la esencia de lo político:

-       La relación del mando y de la obediencia.

-       La relación de lo privado y de lo público.

-       La relación de amigo y enemigo.

La relación del mando y de la obediencia, constituye el presupuesto básico de lo político en general. La de privado y de lo público atañe más bien a la política interior y la de amigo y enemigo, a la política exterior.

El hecho de que la relación amigo-enemigo sea uno de los presupuestos, tal como se ha descrito, significa que el conflicto es una de los elementos esenciales de la política, que no es posible concebir una relación política en que no exista un enemigo, es decir, como antagonistas a los intereses del grupo. Por cierto, no toda la enemistad política necesita traducirse en violencia, pero la posibilidad de que ello ocurra es siempre el horizonte natural de lo político. Para Freund no puede haber política sin enemigos, porque siempre dentro de una colectividad habrá enfoques y percepciones distintas para apreciar o descalificar la conducción de los asuntos públicos, y a su vez, éstas necesariamente se traducirán en diversidad de intereses.

Otro elemento central de la política es la participación. La sociedad política, en tanto grupo de hombres que aspira a su perfección y desarrollo personal, requiere proporcionar instancias de participación. La participación es la posibilidad de las personas de intervenir en las decisiones que le afectan más directamente y es una consecuencia de la libertad inherente a la naturaleza humana. La participación activa del pueblo en la gestión de la cosa pública, ya sea directamente o rectamente representado, conlleva, asimismo, la idea de control sobre los que gobiernan a fin de fiscalizar su actividad con el objeto de que sea dirigida siempre al bien común. Tal participación es del todo necesaria frente a los totalitarismos de variada especie, para garantizar la libertad y la  ordenación del régimen en una nación. La tarea difícil parece ser, como siempre ha ocurrido en el devenir de las sociedades humanas, descubrir el mecanismo para que los más capaces puedan hacer oír su voz y para que ella llegue hasta los gobernantes.

La política, según el diccionario, además de ser arte, doctrina u opinión referente al gobierno de los Estados, es también actividad de los que rigen o aspiran a regir los asuntos públicos, es decir, la actividad del poder o de los que lo pretenden. La política supone, necesariamente, la existencia de relaciones de poder.

En la política, la noción de poder es esencial, incluso podría decirse que la política es una pugna por el poder, puesto que cualesquiera que sean los fines últimos de la política, el poder es siempre el fin inmediato. El hecho concreto es que quien gobierna, es el que tiene el poder, éste se busca para estar en posición de imponer a los demás hombres ciertos valores, un proyecto de sociedad, un proyecto político, el que como tal, debe incluir objetivos que sean posibles de realización efectiva.

En esta muy breve reflexión sobre “la política”, queda la interrogante por saber ¿qué tanto de ella  saben nuestros políticos? y si lo saben, ¿qué tanto lo colocan en práctica al servicio de la sociedad?.