Junio 2016

A PROPÓSITO DEL SILALA

Las disputas o controversias con nuestros históricos vecinos, en particular con Perú y Bolivia, nos lleva a recordar la obsesión latinoamericana con la historia, mientras los países asiáticos están guiados por el pragmatismo y obsesionados con el futuro, los latinoamericanos estamos guiados por la ideología y obsesionados con el pasado. Los asiáticos se obsesionan en cómo volverse más competitivos, ganar posiciones en la economía mundial, reducir la pobreza y elevar el nivel de vida de su población. En China, la India y otros países asiáticos, a pesar de que muchos tienen historias milenarias, en lugar de estar enfocados en las guerras o conflictos ideológicos del pasado, enfatizan el crecimiento económico, la innovación e integración y la globalización. En América Latina está ocurriendo exactamente lo contrario, desenterramos a los muertos, sacamos a pasear los ataúdes de nuestros presidentes, de nuestros poetas, reivindicamos territorios perdidos en el siglo pasado y lo peor de todo es que por lo general, se hace un uso político de la historia - no miramos para adelante y eso nos distrae de la tarea cada vez más urgente de prepararnos para competir mejor en la economía del conocimiento del siglo XXI.

El Silala por ejemplo, refleja claramente como en nuestro continente los países pugnan aun por detalles geográficos, los cuales no son capaces de solucionar, evidenciando dicha incapacidad ante los países y cortes europeas a los cuales se recurre para una solución. En nuestro caso particular con Bolivia, nos encontramos con un individuo indígena que las hace de presidente, el cual insulta, amenaza e invoca razonamientos inéditos, producto de una mezcla ideológica de indigenismo plurinacionalista, antiimperialista, antiyanqui y de un claro resentimiento antioligárquico… lo que importa al parecer para este gobernante boliviano, es que todo lo que hasta aquí ha sucedido en el devenir de ambos países (tratados, acuerdos) es historia pasada, ya que en sus propios comentarios encontramos la irracionalidad de su pensar, “cuando hay derechos no hay validez de tratados”.

Ahora, la presentación de Chile de una demanda contra Bolivia en la Corte Internacional de Justicia (CIJ) por las aguas del rio Silala, me parece de una franca irracionalidad bajo el punto de vista  estratégico, debido a que el problema es más complejo que un rio o una solicitud de soberanía marítima, se trata de colocar en juego con Bolivia “mediterraneidad y cesión territorial” y con Perú “territorio marítimo y terrestre”, lo que sin lugar a dudas estamos hablando de colocar en juego la integridad territorial chilena y su posición geopolítica en la región… producto de los fallos “creativos” de la CIJ.

Al recurrir a la CIJ., ya sea como demandante o demandado, pone en manos de extranjeros - europeos la soberanía de nuestro territorio y ahora de nuestros recursos hídricos. La consecuencia inmediata que trae esta última presentación de Chile, es que reconocemos en forma automática la competencia del Tribunal Internacional para los futuros problemas limítrofes “que con plena certeza los seguiremos teniendo, ya que esto obedece a un determinismo histórico” con nuestros vecinos… ¡Basta de seguir con la Historia! y de dejarnos llevar por populismos e instrumentalización política de nuestros vecinos… hemos visto que esta obsesión no es saludable, no nos ayuda a prepararnos para el futuro, que en eso debemos estar preocupados como país y como sociedad.