Octubre 2016

Pacífico  v/s  Pacifismo

Hablando con amistades de un relativo intelecto, me sorprendió escuchar reiteradamente el deseo de una “paz perpetua” o si “en estos tiempos ya no existen los conflictos con nuestros vecinos, con qué motivo gastamos tanto del erario nacional en tener unas Fuerzas Armadas tan equipadas”….etc.

Al respecto he estimado necesario diferenciar entre el ser pacífico y ser pacifista. El concepto de pacífico entrega una idea de quietud, sosiego y en general de “amigos de la paz”. Lamentablemente, por más pacífico que se sea, es imposible prescindir de la noción de enemistad o de conflicto. Por mucho que una persona ame la paz, la realidad de la enemistad siempre se escapa, no se puede controlar, puesto que la designación de si uno es amigo o enemigo depende del otro, de cómo lo percibe o lo entiende.

El verdadero hombre pacífico ve la guerra como un hecho lamentable, pero reconoce que es un hecho real, trata de impedirla, pero no acepta una paz degradante, puesto que ello es una vileza que acarrea aun mayores males, porque sólo la paz digna y justa es la única válida y duradera. El hombre pacífico se esfuerza por la paz, en buscarla y mantenerla, pero cuando no puede obtenerla, dará a conocer su voluntad que se defenderá con todos los medios de que dispone (sentido de disuasión), actitud que en buena medida contribuye a ahuyentar la guerra y a favorecer la paz.

El pacífico es un amante de la paz, pero que a diferencia del pacifista, lucha por defender lo justo y lo que en derecho le corresponde. El pacífico se empeña y se esfuerza denodadamente por solucionar las controversias por medios pacíficos, pero, si no lo consigue, lucha e incluso va a la guerra en defensa de su patrimonio, material, espiritual y por sobre todo de los intereses nacionales (Paul Latorre, Adolfo “Por la razón o la fuerza”).

Por otra parte, se entiende por pacifismo a una posición intelectual que antepone la paz a cualquier otro valor o consideración, que preconiza la eliminación de la guerra como medio de resolver los conflictos entre los Estados, que aboga por ejemplo, por la supresión del servicio militar obligatorio y por la abolición de los armamentos. El fin perseguido de mantener la paz, es perfectamente legitimo, lo mismo como el medio elegido para lograr tal fin. Los pacifistas hablan de desarme unilateral y de paz a toda costa; una posición intelectual indolente, pusilánime y que refleja una absoluta carencia de voluntad de lucha (Le Dantec - Alberto Polloni Roldan)

Los pacifistas están dispuestos a pagar cualquier precio por una paz aparente y efímera, aun a costa de la dignidad y honor nacional y de aquellos valores intangibles que constituyen el patrimonio del alma nacional, pues creen que otorgando concesiones o claudicando sus derechos se aleja el temido fantasma de la guerra, olvidando que las actitudes entreguistas sólo sirven para estimular nuevas demandas. El pacifista pretende apaciguar a un agresor otorgándole las concesiones que exige, olvidando el antiguo aforismo de que el débil constituye el manjar apetecido del poderoso. Lo único que logra aplacar los apetitos  de los agresores es la sumisión. El simple desarme no es garantía sólida de una paz duradera, por el contrario, muchas veces el exceso de debilidad no es menos temible para la paz que el exceso de fuerza. “El desarme a costa de la seguridad es camino inevitable de guerra. La más vieja argucia en esto, es conseguir que el enemigo se desarme unilateralmente” (Del Desarme a la Paz).

El pacifista no lucha por defender lo que le pertenece. Son pacifistas quienes hablan de desarme unilateral y de paz a toda costa, quienes propician concesiones territoriales, políticas, económicas, diplomáticas o de otra índole en aras de una paz mal entendida, puesto que con tal actitud solo estimulan nuevas demandas y no logran la paz anhelada. Cuando se ha querido la paz al precio del deshonor, se ha cosechado el deshonor… pero no la paz. (Frase de Churchill al primer ministro británico Chamberlain, cuando éste creyó haber apaciguado a Hitler en Munich: “Por evitar la guerra habéis hecho concesiones hasta el deshonor, y ahora tendréis que soportar el deshonor y la guerra”).

Quienes piensan que vale la pena mantener la paz a toda costa, desconociendo incluso el derecho a la legítima defensa, ya han escrito para ellos mismos un epitafio de infamia, puesto que no existe ninguna causa que ellos no vayan a traicionar para mantener la paz. La formula de paz a toda costa conlleva un espíritu de renuncia a toda costa y suele ocultar una actitud timorata y suicida (Guerra Campos, José Luis “Sentido cristiano del Ejército”).

El pacifista a toda costa tiene que ceder y ceder para mantener una paz que al final no se alcanza. La consecuencia inmediata que conlleva el pacifismo a ultranza, es la indefensión moral de la patria. Los pacifistas quieren encontrar la salvación en la fórmula ¡Paz a toda costa!, pero con ella sólo alientan la seguridad del que prepara la agresión.

¿Quién va a dudar de que la guerra es un azote espantoso?, nadie seguramente, pero no basta odiar un mal para destruirlo. Desgraciadamente, el problema de la guerra no se resuelve con el pacifismo unilateral y a outrance. Aceptar bajezas y humillaciones para conservar la paz, hace al hombre indigno de existir. La paz válida es la que no rebaja la condición humana, así ha sido y así lo será hasta que los hombres pierdan el instinto de la conquista y del dominio. El someterse al adversario más fuerte no es la solución.

La lucha por la paz es hoy un ardid político practicado por las naciones más belicistas y mejor armadas con el fin de captar adeptos a sus doctrinas. Hombres de buena fe adhieren a campañas pacifistas, sin creer en la intención sectaria de tales campañas. “Bouthoul tiene razón al ver en el pacifismo una de las armas más eficaces de la guerra psicológica. Dicho de otra manera, el pacifismo es con bastante frecuencia un peón en la estrategia de los enemigos potenciales” (Freund, Julien – Sociología del Conflicto).

El pacifismo obedece a un fin quimérico; es una aberración intelectual y una abdicación moral y política que afecta a la dignidad y a la libertad. Los pacifistas tienen ojos pero no ven, pues carecen de aquella virtud fundamental que es la prudencia, el saber actuar o la recta determinación de lo que hay que hacer. “No se aleja la guerra hablando de paz y de desarme…hasta la fecha este desiderátum ha quedado relegado al campo de las utopías. ..es medida de prudencia elemental no caer en la indefensión” (Espinosa Moraga, Oscar – “El aislamiento de Chile“). Frente a una ideología que ve en la fuerza una manifestación de la razón de la historia, el pacifismo no es ni puede ser sino un idealismo, es decir, una intelectual y una engañifa política…Nada apacigua a los agresores salvo la sumisión” (Paz, Octavio – “Pacifismo y Nihilismo”).

Al concluir una guerra y cuando se hace el balance de lo que el conflicto bélico ha supuesto, crecen los deseos de todos  de vivir en paz. A lo largo de la historia, una vez que los combatientes han regresado a sus hogares, con las obligadas secuelas que la guerra engendra, físicas y psíquicas, se ha detectado la aparición de grupos u organizaciones dispuestas a tomar posturas radicales de cara al fenómeno bélico. Pacifistas, antimilitaristas y objetores de conciencia han irrumpido con fuerzas renovadas cuando los conflictos han cesado. Se trata de una reacción lógica.

Sin embargo, esta reacción y los movimientos pacifistas encierran unas altas dosis de fatalismo. La no resistencia en caso de guerra se convierte en una actitud cómoda o cobarde. El lema es     “No hay que complicarse la vida, el vencedor siempre tiene la razón”.

Después de los alegatos pacifistas las guerras continúan y ningún movimiento de ese genero ha sido capaz de evitarlas. No son pocos los que estiman que más bien han ayudado a desencadenarlas con su actitud entreguista. Las lecciones de la historia son sistemáticamente olvidadas por estos grupos (Arencibia de Torres, Juan).

Otro aspecto a destacar, es el hecho que hay numerosas formas de pacifismo. Sin embargo, según Aron, estos pacifismos se distribuyen en dos especies: “unos se rebelan contra la guerra, condicional o incondicionalmente, sin tener una teoría sobre las causas de la guerra ni una doctrina sobre los medios de la Paz; los otros fundan sobre una teoría las guerras una acción pacifica o bélica con vista a la paz perpetua“. A la primera especie pertenece por ejemplo, el pacifismo de la no-violencia; a la segunda, el jurídico o de derecho, el de los defensores de la paz por el derecho (ARON, Raymond – Paz y guerra entre las naciones).

Finalmente, es dable considerar otro aspecto que alienta estos movimientos pacifistas. Me refiero a la pérdida de la religiosidad y al proceso de secularización (visión más mundana de la vida) en el sistema de valores que vive la sociedad actual (MARINVIC Pino, Milan). Aparece el nuevo eslogan: “Haz el amor y no la guerra”, surge así el rechazo del Servicio Militar y la antipatía más profunda hacia la guerra…, bajo esta concepción, se comprende el rechazo, pues atenta a nuestra vida, ya que ésta se concibe como el único paraíso que aún resta. Pero salvaguardar la vida y ese paraíso, NO ES  GRATIS, debemos trabajar permanentemente por la paz… con dignidad.