Noviembre 2016

Fuerzas Armadas garantes de la Democracia

Al contemplar a mi país y constatar día a día la deficiente gestión de la actual administración y en general del pésimo accionar de la clase política chilena, me lleva a reflexionar lo peligroso que es contemplar cuando el país camina hacia la delgada línea del vacío de gobernabilidad y de liderazgo. Es por ello, que me viene a la mente la siguiente interrogante ¿qué institución o instituciones serian garantes de nuestra criolla democracia?, en otras palabras y como decía el "Chapulin Colorado" ¿Quién podrá defendernos ... si la crisis empeora?.

Podemos estar de acuerdo, que todo sistema político, de ser legítimo, tanto en su origen como en su ejercicio, tiene el derecho de defenderse o mejor dicho, tiene el deber de hacerlo, a fin de proteger los valores proclamados por la propia Constitución.

En la realidad, la respuesta es una sola, las Fuerzas Armadas (FF.AA.) son las únicas garantes de la democracia, cuando los estamentos definidos por la Carta Fundamental fallan en su cometido. Es así como se hace necesario dar una mirada a la experiencia de  otros países sobre este tema. Citando por ejemplo a un ex Secretario de Defensa de EE.UU. Richard Cheney, el cual al ser consultado acerca de las opiniones vertidas por el Premio Nobel de la Paz, Oscar Arias, referentes a que las FF.AA. no deberían existir para garantizar la democracia: “Cheney mostró su desacuerdo, indicando que la experiencia norteamericana ha sido hasta ahora muy exitosa en esa materia, pues los primeros y más fuertes garantes del sistema político han sido precisamente sus FF.AA.”

Tal como lo diría en el Congreso en su oportunidad el propio Senador Renán Fuentealba, existe la convicción profunda de que las FF.AA. son indispensables en una democracia y que pensar en eliminarlas solo es propio de quienes desconocen los fundamentos mismos en que descansa la sociedad. Una de las misiones más nobles asignadas en su oportunidad a las FF.AA., fue asegurar la existencia y el respeto a las bases esenciales de la democracia, vale decir, a los derechos de la persona y a la voluntad del pueblo, libre, secreta y periódicamente expresada, tanto para elegir a sus gobernantes como para definir las orientaciones más importantes de una acción de gobierno.

Los regímenes democráticos, según Oscar Godoy Arcaya, disponen de medios eficaces para proteger la existencia y estabilidad de sus instituciones. Sin embargo, no siendo totalmente previsible los orígenes de las crisis y peligros que pueda enfrentar una sociedad a lo largo de su historia, siempre existirán circunstancias criticas, en que el último recurso de la sociedad civil será la acción militar de facto y la suspensión parcial y temporal del Estado de Derecho, el cual precisamente ha fallado.

A mayor abundamiento, me permitiré citar las palabras de Bernardino Bravo, el cual expresó: “cuando el gobierno civil pierde la respetabilidad por su inoperancia, por comprometer la suerte de la patria u otras razones de esa gravedad, entonces no queda otro recurso que apelar a las Fuerzas Armadas”. Ya lo anticipaba la milenaria sabiduría indoeuropea: en caso de fallar Júpiter, es decir, el orden instituido, corresponde a Marte, esto es al militar, asumir la dirección de la ciudad celestial, a fin de enfrentar la emergencia y poner a la población entera a salvo de la catástrofe.

Lo cierto es que la llamada erosión de la democracia, como lo denominó Hermann Oehling, “ha llevado al militar en múltiples casos, a la tarea política cuando el poder civil prácticamente se había venido al suelo”. En situaciones de grave anarquía, ¿no es dable preguntarse si las FF.AA. no restablecen el orden y la legitimidad de la autoridad, quién lo haría?.

En varias oportunidades, a lo largo de nuestro devenir histórico, las FF.AA. chilenas han debido asumir como última instancia el papel de garantes, llamados por las circunstancias y por la propia sociedad a enfrentar las crisis que han puesto en jaque ese orden, en virtud que la clase causante política y dirigencial de turno, han sido incapaces para cumplir con dicho cometido. Las FF.AA., como lo ha mencionado Oscar Godoy, en el caso de 1973,  han actuado de facto, como última reserva organizada de la nación, para enfrentar situaciones de grave desorden institucional.

Las Fuerzas Armadas, en tales casos, no han actuado para interrumpir el proceso democrático o para destruir el sistema democrático, como señalan los detractores de esta misión atribuida a las instituciones por la Constitución de 1980; por el contrario, ellas han actuado para reconstruir una institucionalidad destruida. Como expresara el asesinado Jaime Guzmán, en relación con la más reciente intervención militar en Chile: “No había democracia, ni institucionalidad en Chile”.

Se desea dejar claramente establecida la plena convicción de que el resguardo institucional, en primera instancia debe ser cumplida por los organismos y autoridades que tienen deberes constitucionales para salvaguardarla, utilizando los respectivos mecanismos que la misma constitución establece. Sin embargo, si ello no se cumple, y el orden institucional se quebranta...permanece en mi mente la interrogante ¿se habrá legislado correctamente en la reforma a la Constitución del año 2005, relativo a eliminar la función de las FF.AA. de ser garantes de la institucionalidad, función que se encarga ahora a todos los órganos del Estado?.

Estimo que es muy necesario que la ciudadanía tenga la capacidad de reflexionar sobre el valioso rol que tendrían las FF.AA., en relación a ser el último organismo del Estado en ser garantes de la institucionalidad; no como una oposición política o como algunos antimilitaristas han denominado  gendarmes del país, sino que precisamente para dar respaldo y eficiencia al derecho y a la institucionalidad, a través del respeto y el cumplimiento del ordenamiento jurídico.

Es por ello que se hace un llamado a la desacreditada clase política y en particular al gobierno de turno, a dejar las ineficiencias, los engaños y los mezquinos intereses personalistas, partidistas y sectoriales y pensar de una vez por todas en el bien común de la ciudadanía y en los reales intereses de la nación. No sigamos arriesgando el mayor valor agregado que tenemos como país en la región… una valiosa, respetada y aun envidiada institucionalidad.