Marzo 2017

El Estado de Derecho

Todo sistema político tiene un problema de fondo, que es el justo equilibrio que debe haber entre la autoridad y la libertad, es decir, la armonización de las relaciones de poder con los espacios de libertades personales, concepto que corresponde a la idea del Estado de Derecho.

El Estado de Derecho, como perspectiva contemporánea de las relaciones entre Política y Derecho, debe concebirse como la respuesta a un problema ético general, es decir, la necesidad de someter el Poder Público al Derecho. Como lo expuso el fallecido jurista y académico español, Luis Sánchez Agesta, “Un Estado de Derecho,  es aquel en que se ha producido un equilibrio entre el impulso del poder y la libertad y el orden regulador del Derecho, es decir, aquí tenemos el orden político institucionalizado”.

Se habla de un Estado de Derecho, cuando la organización y el ejercicio del poder político están sometido a normas jurídicas preestablecidas que, por esa misma circunstancia, protegen y garantizan los derechos y libertades de los individuos y grupos, sin más excepciones que las que impone el bien común, tales normas jurídicas obligan a todos, tanto a gobernantes como  gobernados.

El filósofo alemán Karl Loewenstein, señalaba que “una comunidad política será calificada como Estado de Derecho, cuando las normas establecidas por la constitución para el desarrollo del proceso político, obliguen y liguen por igual tanto a los órganos estatales, detentadores del poder, como a los ciudadanos, destinatarios del poder”.

La idea entonces del Estado de Derecho, nace como una expresión jurídicamente acuñada, para hacer resaltar que no puede existir un orden de justicia en las relaciones del ciudadano con la autoridad, si esa autoridad no está también vinculada, sujeta y subordinada en su actuar al Derecho. El jurista chileno Eduardo Soto Kloss, expresaba …”y en especial la autoridad Administrativa, que es quien está en contacto permanente, frecuente y reiterado con el ciudadano, al realizar concretamente en su función, toda esa enorme gama de servicios en bien de la comunidad, satisfaciendo las necesidades públicas. Y es que nace la idea de Estado de Derecho, cuando hay el convencimiento de que no solo el súbdito ha de regir su conducta por el Derecho, sino muy en especial la propia autoridad gobernante, sea como legislador, pero sobre todo como Administrador”.

A mayor abundamiento, Sánchez Agesta señala que el Estado de Derecho, permite el ejercicio de un  poder y de una libertad responsable, dentro del ámbito del orden jurídico. Ahora bien, esta cuestión mayormente ética, se traduce en propósitos u objetivos que tienden a expresar condicionamientos en la actuación del poder y de la libertad. Por ejemplo, entre estos objetivos, se pueden destacar los siguientes:

1. Impedir la ventaja, la exención o el privilegio que no estén fundados en una necesidad     real de la función.

2. Prevenir el abuso en el ejercicio del poder

3. Eliminar la arbitrariedad en las decisiones.

4. Definir con certeza el ámbito de la libertad y del ejercicio de los derechos.

Un Estado de Derecho concebido sobre estos supuestos éticos, que tiendan a asegurar esos fines, no solo apunta a definir la acción de la Administración, sino a la realización de un fin más amplio de bienestar o de justicia social.

El Estado de Derecho tiende, sobre todo,  a resguardar la libertad de los gobernados en todos sus aspectos, pero se encuadrada dentro de límites racionales y que denoten responsabilidad en los sujetos que la ejercen. Según el abogado y académico chileno Ricardo Israel, “El orden debe apoyarse en la libertad y la libertad debe ser responsable”. En relación con este concepto de libertad responsable, amerita hacer el siguiente alcance, la libertad es uno de los fundamentos más importantes de nuestra cultura; pero para que no se autodestruya, es menester reconocer y defender su sentido propio. La libertad no es un fin último, ni vale por sí misma, sino en cuanto ella esta ordenada y dispuesta a nuestro bien, obtenida en comunidad con los demás.

Los hombres deben ser libres para elegir y para actuar. Pero esta libertad… debe ser guiada por un conocimiento moral de las consecuencias de nuestras acciones sobre aquellos que nos rodean… la sociedad debe ser abierta, pero no tan abierta como para que los valores que sostienen a los hombres y que mantienen la civilización, caigan en decadencia. No puede haber libertad sin un orden social. La libertad y el orden son necesarios para mantener unida a la sociedad. Hay una íntima conexión entre la libertad y la organización social, entre la libertad y el Estado de Derecho.

Finalmente, hay que tener presente, que el Estado no solo encuentra en su mismo seno, a hombres y grupos que se oponen a su ordenación del bien general, sino que, por su sola existencia, lo ponen forzosamente en relación con otros Estados, resultando la ineludible convivencia internacional, que a veces encuentra pugnas en el ejercicio de su soberanía externa, por ello diversos autores han expresado, con razón, sentencias tales como las siguientes: “La balanza que simboliza al derecho y a la razón no puede prevalecer sobre la violencia y el crimen sin la espada, que simboliza al poder y a la fuerza” (Bernardino Bravo Lira) – “El derecho debe incluir la fuerza en sí; el derecho solo puede ser acción, si puede recurrir al uso de la fuerza. La fuerza va siempre ligada a servir al derecho, sea para imponerlo, sea para defenderlo” (Ricardo Israel) – “Para gobernar, son menester tanto las armas como las letras, y las letras como las armas” (Miguel de Cervantes) – La justicia sin la fuerza es impotente, la fuerza sin la justicia es tiránica. Es necesario hacer coincidir la justicia y la fuerza, de forma que la justicia sea fuerte, y la fuerza sea justa (Blaise Pascal) - Derecho y Fuerza parecen indisociables como anverso y reverso del Estado de Derecho. (Bernardino Lira Bravo) - Por la Razón o la Fuerza (Lema de  nuestro Escudo Nacional)

En definitiva y como decía el abogado y profesor de derecho constitucional Enrique Pascal; Toda sociedad está regida por el derecho y el derecho lleva en si implícita la coacción, la fuerza para imponer sus decisiones. La fuerza debe estar al servicio del derecho; el derecho debe estar subordinado a la política y ésta, a su vez, subordinada a la moral.