Abril 2017

RELACIÓN ENTRE EL PODER MILITAR Y EL PODER POLÍTICO

Para intentar comprender esta relación, es necesario penetrar en las claves del ejercicio del poder del Estado y de sus relaciones con la fuerza militar que le sirve. Es así como en todo momento histórico, el poder político, que es la suprema potestad rectora y coactiva del Estado e instrumento de administración de la comunidad, ha necesitado tener respaldada su autoridad moral por la fuerza militar y que en su sentido más estricto, sólo existe un poder, el del Estado, y una fuerza que sirve al Estado y es por tanto instrumento de su poder. Es así entonces como las Fuerzas Armadas, no son más que la fuerza del poder del Estado; ellas sirven al Estado y le dan eficacia a su ejercicio.

Estaremos todos de acuerdo, en que el poder es un elemento central de la política, sin embargo, cuando se aborda el tema del poder, aparece el binomio poder civil – poder militar y se presenta un enfrentamiento o mejor dicho una controversia entre ellos, argumentándose que debe resolverse en forma jerárquica, es decir, pensando que el poder militar debe estar subordinado -sometido absoluta y disciplinadamente- al llamado poder civil.

Para ser franco, este planteamiento me resulta hasta cierto punto una falacia, que se ha internalizado, incluso dentro de las Fuerzas Armadas, dado que no se ha reflexionado sobre la veracidad de estos dos conceptos, de su composición y de su jerarquización. Si profundizamos el análisis, estos conceptos, en su sentido más estricto, y tal como lo menciona el filósofo y ensayista español José Ortega y Gasset, “veremos que la dualidad de poderes no se da entre el poder civil y el poder militar; la única dualidad de poderes que se da, es entre el poder político y el poder espiritual”, no, no es algo descabellado lo que se plantea, en virtud que son los dos únicos poderes distintos e independientes, entre los cuales si existe una relación jerárquica…  recordemos la cita bíblica Dar a Dios lo que es de Dios y al César lo que es del César, es decir, aquí tenemos al poder espiritual y al poder político. Pero el César, poder político, también es de Dios y por consiguiente, ese binomio poder político poder espiritual, se resuelve jerárquicamente, con el servicio del poder político al poder espiritual. Es por ello que la política, que tiene por fin el bien común  –el bien de la persona humana en sociedad, como lo define el teólogo y filósofo italiano Santo Tomás “debe subordinarse a la ley moral fundamental, que es la ley natural”. Por otra parte, el poder civil podría ser aceptado como sinónimo de poder político, ya este teólogo utilizaba la expresión poder civil, para referirse alpoder ejercido por los encargados del gobierno de la ciudad”, es decir, el poder político.

Como lo expresó el Cientista Político francés Georges Burdeau, el poder político, cuyo titular abstracto y permanente es el Estado y del que gobernantes son solo agentes esencialmente pasajeros, tiene dos instrumentos operativos: “uno de ellos es el instrumento civil operativo y el otro es un instrumento militar operativo”, ambos instrumentos según el jurista y político español Blas Piñar López, “tienen su causa, su nacimiento, su cuna y su raíz en el poder político, más aun, nacen del poder político y sirven al poder político.

Esto lo podemos evidenciar en situaciones de normalidad constitucional, la institución o el instrumento civil organizado y operativo, ejerce el quehacer del poder político. Sin embargo, cuando hay situaciones de anormalidad, especialmente en situaciones límites-excepcionales, es decir, cuando está comprometida la integridad de la patria o la subsistencia misma de la nación, el poder político hace uso del instrumento militar operativo para mantener el orden, la paz, la libertad y la identidad histórico-cultural de la nación. De esta forma, el Estado cumple con su misión de resguardar la seguridad nacional y con su finalidad de promover el bien común.

Es así como los instrumentos operativos –civil y el militar- sirven al poder político y por consiguiente a la nación. Ambos instrumentos, civil y militar, son una necesidad social que cumplen funciones específicas e ineludibles.

Es verdad que en ocasiones, el poder del Estado se ha apoyado en una mayor medida en el instrumento militar o que éste ha ejercido el poder político, pero también, lo es el que en su sentido más estricto, solo existe un poder, el del Estado, y una fuerza que sirve al Estado y es por tanto instrumento de su poder.

El doctor en Sociología y Ciencias Políticas Milan Marinovic Pino, expresa que “si por poder entendemos la capacidad de imponer la propia voluntad, las Fuerzas Armadas al tener por mandato constitucional el monopolio de las armas, tienen la fuerza y a través de ella, la capacidad potencial de imponerla, es así que el poder militar existe, es un hecho, y desconocerlo refleja la percepción disociada de la realidad”. Establecida así la existencia del poder militar, cabe preguntarse cómo se concilia con los otros poderes en un Estado democrático. En un Estado democrático, la organización política reconoce la existencia de tres poderes: Ejecutivo, Legislativo y Judicial, que emanan de la normativa jurídica, los que en su conjunto conforman el poder político. No obstante, la sociología política identifica otros poderes, el que emana de los intereses, que conforma el poder social y el que emana de la fuerza, que anteriormente identificamos como poder militar.

La conciliación entre estos poderes, ocurre cuando cada uno de ellos tiene vías de expresión y canales de participación, legitimados por el consenso ciudadano y explicitados como voluntad soberana en la carta fundamental de un Estado-Nación.

Si visualizamos cual es la realidad de la función militar, nos daremos cuenta de que ella existe en virtud de unas finalidades netamente políticas que deben ser satisfechas, incluso la guerra misma, como bien lo ha señalado el militar y filósofo alemán Karl von Clausewitz, “es un acto político”. La aseveración de que la guerra es la continuación de la política por otros medios, nos parece a la luz de lo que se plantea, bastante alejada de la realidad y causante de no pocos equívocos. La guerra en sí misma es una opción política más, ya que con ella se persiguen finalidades exclusivamente políticas. Al respecto, el general español Felipe Quero Rodiles, señalaba que “el hecho de que el enfrentamiento armado se resuelva de forma fundamental, por medio de procedimientos técnicos militares, no desvirtúa su naturaleza política y por eso la función militar es de ejercicio técnico-profesional y de finalidad política”.

Es así entonces, que las Fuerzas Armadas no son por tanto, ajenas a lo político en su más fundamental acepción. Si apreciamos bien la realidad de las cosas, podremos darnos cuenta que según la frase citada por el consultor en defensa Jaime García Covarrubias, “los militares siempre cumplen una función política, sólo varía la forma en que ésta se manifiesta.

Sin embargo, pese a lo expuesto, la actuación política de las Fuerzas Armadas es considerada extramilitar, ello ocurre, como señala el politólogo español Hermann Oehling, “de una concepción de antagonismo entre ambas sociedades, la civil y la militar”. Las sociedades se olvidan demasiado fácilmente, que en definitiva el establecimiento militar no es más que la dimensión defensiva de una comunidad política, es su estructuración para la defensa.

En general se ha prestado poco interés a la fuerza militar como institución y como factor vital del complejo político. Las mismas Fuerzas Armadas han guardado un comprensible silencio sobre sus funciones extramilitares, e incluso, en sus declaraciones y escritos, abundan en manifestaciones de apoliticismo, -aunque debiera ser de apartidismo-, pero en la práctica, la política constituye una actividad principal de estas instituciones.

Finalmente, guste o no, de acuerdo a las vivencias del desarrollo institucional de cada país, las Fuerzas Armadas –poder militar-, nacen de la voluntad nacional de asegurar su defensa, por ello, encarnan el máximo exponente del deseo de mantener la unidad de la comunidad política, es decir, de la permanencia misma de la Patria. En palabras del Almirante español José Ramón González, ellas, “son pues una institución sustantiva fundamental en el orden de la sociedad, cimiento y garantía del Estado, de su supervivencia y de su vida, es decir, de la actividad política y del orden institucional”.