Julio 2017

Compartiendo lo aprendido sobre “Inteligencia Emocional”

En la realización de determinados cursos, propios de la vida laboral, me encontré con unas enseñanzas complementarias a lo profesional, las cuales jamás pensé que llamarían mi atención. Éstas tenían como propósito, brindar algunas herramientas que permitirían ayudar a manejar mejor aquellas situaciones conflictivas que se presentan a diario tanto en la vida personal como laboral.

Cierto es y lo vivimos a diario, que toda actividad que implique el trabajo con personas nos pondrá de alguna u otra manera ante conflictos, que como administradores o gestores que somos, deberemos resolver. Conflictos entre los pares, con los subordinados o con nuestras jefaturas, pasando por todo el amplio espectro de nuestras familias y comunidad en general.

Al terminar dichos cursos, con plena seguridad puedo decir, que saber enfrentar estas situaciones nos ayudará claramente a realizar una mejor gestión en todos los aspectos y a tener un ambiente más grato. Saber controlar nuestras emociones y no perjudicar nuestro desempeño familiar, social y laboral, son herramientas tan importantes como los conocimientos y capacidades técnico-profesionales que tenemos.

Existe el dicho antiguo “el que siembra vientos cosecha tempestades" y otros pensamientos que se refieren a los efectos que cada uno puede generar en beneficio o perjuicio de su propia vida. Es cosa de perspectivas, si nos ponemos en una actitud positiva, constructiva, "en buena onda" como se dice, lo más probable es que nuestras vidas se tiñan de positividad y nos vaya muy bien y seamos exitosos y satisfechos de nosotros mismos, el efecto contrario es tan obvio que no vale la pena entrar a describirlo. Ahora bien, esto no es gratis, tenemos que trabajar, auto disciplinarnos, proponernos metas, etc. Radica solo en nosotros, ya que los demás nada pueden hacer por nosotros en este sentido. Si no estamos decididos a provocar el cambio, ahí mismo nos quedaremos.

He aprendido que la "Inteligencia Emocional" como concepto, se refiere a un conjunto de habilidades sociales que buscan un buen ambiente de logro y de realización a través del manejo de las propias emociones y dereconocimiento de los demás, derivándose de ello, el establecimiento de relaciones constructivas y exitosas.

Me hizo mucho sentido cuando me enseñaron que existen cinco ámbitos de la inteligencia emocional a saber, las cuales son muy fáciles de reconocerla en nuestras propias reacciones que tenemos día a día:

  1. Reconocer las propias Emociones, es decir, reconocer cuando aparece un sentimiento en nosotros.
  2. Manejar esas Emociones, es decir, al sentirla, saber manejarla, serenarse cuando está ocurriendo.
  3. Tener nuestra propia motivación, es decir, mantener la mira en un objetivo.
  4. Reconocer emociones en los demás, es decir, habilidad empática.
  5. Manejar las Relaciones, es decir, manejar las emociones de los demás.

Está claro que la actitud mental positiva, es un requisito esencial para la propia motivación, "para ordenar las emociones al servicio de un objetivo". Con una actitud positiva, baja nuestro nivel de agresividad, podemos postergar la gratificación, mantener las esperanzas, recuperarnos de los reveses, aumentar nuestra creatividad y flexibilidad. Por lo mismo, vemos y viviremos la vida con más alegría y mayor eficacia.

Les contaré algo que me llamó mucho la atención, se trata del efecto “Pigmalión”, éste dice relación con la mitología griega, Pigmalión era un rey chipriota que tomó un bloque de piedra que estaba entre los desechos y comenzó a esculpir la estatua de una mujer. Cada día se dedicaba a la estatua un cierto tiempo y poco a poco se fue enamorando de la figura que trabajaba. Mientras más tiempo se dedicaba a la estatua, más se enamoraba de ella y al final creyó que la estatua era más hermosa que todas las mujeres de la tierra, por lo que comenzó a pedir a los dioses que le infundieran vida, deseo solicitado con tanto anhelo y pasión que le fue concedido.  Esto dice relación con la formación en nuestra mente de imágenes que guían y estimulan nuestra acción hacia el logro, pero un logro que se alcance con alegría y con la tranquilidad de no herir sensibilidades de otros.

Algo práctico, al  comenzar el día, revisen sus actitudes, es posible que en esos primeros momentos percibamos cierta angustia o preocupación, quizás vaga, pero que no nos facilita una partida positiva. Eso es natural, el inconsciente percibe lo que nos espera durante la jornada que comienza y pone en alerta al sistema nervioso, especialmente cuando existen situaciones conflictivas, casos y problemas no resueltos. Al representarse en la mente inconsciente todas esas tensiones,  incluso al  estar dormido(a) la persona, se producen con cierta frecuencia infartos de amanecida.

Por eso es conveniente, antes del descanso nocturno, dejar un plan de acción claro y preciso, una agenda ordenada para enfrentar eficazmente el nuevo día. Al despertar habrá una mente más alerta, más tranquila y optimista. Seguramente los problemas se abordarán exitosamente, de uno en uno. Por último, tomarán una apariencia más real, más manejables y menos amenazantes que los fantasmas de la indefinición.

Otro elemento a considerar y que me hizo mucho sentido, es lo denominado Autopercatación, coincide con el conocimiento de las propias emociones. Este es un factor de vital importancia ya que el solo hecho de percibir que estamos tensos o sufriendo alguna angustia puede generar comportamientos auto correctivos espontáneos.

Es así como la autopercatación también lleva al manejo de las emociones de un modo bastante eficaz y en forma rápida. Si la persona es capaz de observarse a sí misma, con oportunidad, puede evitar enfrentamientos y situaciones conflictivas y de ese modo lograr una mejor calidad de vida.

Por otra parte y gracias a la empatía, satisfacemos el requisito del cuarto ámbito descrito anteriormente, se trata de reconocer emociones en los demás. Es así como podemos manejar las relaciones con las personas que nos corresponda convivir, con la eficacia propia de quien se esfuerza por desarrollar las habilidades que caracterizan a la inteligencia emocional.

Otro de los conceptos interesantes que he aprendido, es la Empatía y Asertividad, en esto hay unas claves muy fáciles de comprender para saber escuchar y aprender de otra persona:

  1. Examinar nuestra actitud como observador, a través de una relajada curiosidad.
  2. Hacer un esfuerzo para sentirse en la situación del otro, empleo de mucha imaginación.
  3. Cada detalle es importante, hay que focalizarse.
  4. Tratar abiertamente de imaginar cómo sería estar dentro del pellejo del otro, hay que conjeturar.
  5. Estar abierto para modificar sus impresiones cuando surjan otras, es decir, tener flexibilidad.
  6. Hay que aceptar las impresiones que se confirman por la reiteración.
  7. Se debe practicar, observando primero a amigos y parientes. A través de la rutina.
  8. En general las personas varían en cuanto a la coherencia interna, es decir, observar en qué se dan cuenta de sí mismas.

También tenemos El Estrés, como ya hemos visto, la inteligencia emocional se expresa a través de un manejo de nuestras propias reacciones emocionales y de las de aquellos que nos rodean. Cuando nos encontramos tranquilos, relajados, dicho manejo es más fácil.

Pero estados de tranquilidad y de relajación son cada día más escasos, producto del tipo de vida que estamos llevando, caracterizada por apremios de tiempo, plazos y metas eternamente urgentes.

El estrés es percibido como el villano invitado a nuestras actividades diarias, dejando una estela de síntomas cada vez más frecuentes y que arruinan la vida a un número creciente de seres humanos. Dentro de esos síntomas, podemos citar los siguientes: insomnio, irritabilidad, desconcentración, enfermedades psicosomáticas, disfunciones sexuales, fragilidad inmunológica y muchos más.

El fisiólogo y médico austrohúngaro, doctor Hans Selye, definió al estrés como ”una respuesta no específica del organismo ante cualquier demanda que se le imponga". Dicha respuesta puede ser de tipo psicológica (mental) o fisiológica (física/orgánica).

El estrés implica cualquier factor que actúe internamente o externamente al cual se hace difícil adaptar y que induce un aumento en el esfuerzo por parte de la persona para mantener un estado de equilibrio dentro de él mismo y con su ambiente externo.

Selye describió esta respuesta como un síndrome de Adaptación general, dado que en sus investigaciones con ratas descubrió que frente a un determinado estímulo se producía una serie de reacciones o síntomas.

Observó que en este síndrome de adaptación se apreciaban tres etapas:

1) Alarma (preparación para luchar o huir)
2) Resistencia (adaptación, actuar)
3) Desgaste (fatiga, deterioro o alivio)

En la primera etapa, el organismo se prepara frente a una eventual amenaza, generando la energía suficiente para el ataque o la huida. En la segunda, el individuo actúa, ya sea defendiéndose o escapando del peligro, es decir, se adapta a la situación de estrés. Finalmente, viene la sensación de relajación o alivio. Como vemos, el estrés en sí no es algo dañino y al contrario, nos es necesario para mantenernos alerta y a la defensiva frente a eventuales peligros.

También funciona el estrés frente a los desafíos de la vida, tales como un examen, una postulación de trabajo, jugar un rol en el teatro, contraer matrimonio. Son eventos puntuales, después de los cuales sentimos un gran alivio y satisfacción si hemos sido exitosos. Y, aunque no lo hayamos sido, igualmente nos sentimos aliviados por haber pasado el mal rato y al tiempo nos estaremos preparando para una nueva oportunidad, dispuestos a participar en el circuito alerta/adaptación/alivio y confiado que ahora sí resultará lo que aspiramos.

Cuando el estrés no es puntual, sino que permanente, se produce un desgaste o deterioro que se manifiesta en síntomas bastante conocidos. Lo peor es que se puede producir un bloqueo de la voluntad para abordar eficazmente el estrés mantenido.  "Ante la incapacidad de afrontar la tensión (estresor) por más tiempo, ocurre un desbalance homeostático (equilibrio interno) y fisiológico en el cuerpo, el organismo colapsa y cede ante la enfermedad. Como resultado del estrés continuo, durante esta etapa puede surgir una variedad de enfermedades psicosomáticas, tales como hipertensión, ataque al corazón, apoplejía o derrame cerebral, úlceras, trastornos gastrointestinales (colitis y otras), asma, cáncer, migraña, alteraciones dermatológicas, entre otras condiciones."

Queda claro entonces, que hay un estrés "bueno" que nos impulsa a luchar por nuestras aspiraciones, que Selye llama eustress y un estrés negativo o distress. El primero se asocia con la alegría del logro y el segundo con la inoperancia, con la insatisfacción, con las frustraciones.

Considerando que el estrés es algo real y que a todos nos puede afectar, bien vale la pena abocarnos a analizar lo que nos conviene hacer frente a esa realidad. Se sabe que los mismos estresores pueden afectar de diferentes maneras a distintas personas, todo depende de las actitudes que cada cual desarrolle. En este sentido, la inteligencia emocional puede jugar un papel preponderante en el manejo de las tensiones y del estrés.

Sobre la base de estas orientaciones, podemos organizar nuestras actividades diarias, nuestras reuniones y todo evento en el que podamos intervenir, de manera de evitar o disminuir situaciones estresantes.

Así podemos estructurar nuestras agendas, compromisos y proyectos con suficientes holguras que nos permitan manejarlos con más tranquilidad, con menos urgencias. En general, evitando que nuestra vida se malogre con conflictos y angustias manejables, con un mayor grado de alerta.

El problema se centra en que el estrés continuo va alterando el sistema nervioso y, de ese modo, perdemos la conciencia suficiente de lo que nos afecta y de lo que nos conviene hacer. Así, nos vamos sumiendo en una secuencia de insatisfacciones que no nos permiten realizarnos en la vida como quisiéramos.

Ahora bien, en ese estado de confusión es poco lo que se puede hacer y cada propósito que nos propongamos quedará como una buena intención que se sumará a otras y a muchas más.

Por esa realidad, al encontrarnos en esa situación, es necesario ocuparnos de normalizar nuestro sistema nervioso como una manera de recuperar nuestra capacidad de estar alerta, de estar más conscientes.

Ya sabemos que el sistema nervioso es un valioso y complejo instrumento de comunicaciones que funciona sobre base de transmisiones electroquímicas. Cuando este complejo, pero delicado sistema, se altera por las continuas y múltiples exigencias de la vida actual, su capacidad para transmitir y procesar las órdenes del cerebro se ve disminuida. 

Finalmente, les deseo compartir otra herramienta para nuestro buen vivir, algo que debo confesar que siempre lo he visto muy de lejos, me refiero a la Meditación, es decir, la higiene de la mente, pero en la realidad, en el devenir de la vida, caemos en situaciones que nos resultan perjudiciales, tanto en la salud como en nuestra vida social y laboral. Perdemos cierto grado de lucidez y no percibimos o no evaluamos convenientemente nuestros errores en la alimentación, o en la práctica de actividades abiertamente dañinas para la salud.

Nuestras relaciones se ven afectadas cuando el sistema nervioso ha perdido su operatividad máxima. Nos ofuscamos sin una razón de peso y reaccionamos desproporcionadamente al menor estímulo. No disponemos de la suficiente lucidez para ser empáticos ni menos para practicar la asertividad con los demás.

Derivado de ello vamos generando nuestros propios conflictos y complicándoles la vida a los que deben soportar nuestra compañía y sin que nos demos debida cuenta de lo que vamos dejando en el camino.

Poco o nada sacaremos con aplicar los consejos que se dan para desarrollar la inteligencia emocional si nos encontramos en la situación antes descrita. Podremos leer todos los libros que se publiquen al respecto y seguir cursos y talleres,  pero si  el sistema nervioso no nos colabora seguiremos cometiendo los mismos errores una y otra vez.

Muchos autores recomiendan practicar algún método de autorrelajación, que permita que el sistema nervioso se vaya normalizando. Cuando se logra un profundo estado de relajación, la propia naturaleza pone en marcha un sistema de mantenimiento y autoajuste, a través de la eliminación sistemática de las tensiones acumuladas, que son las que dañan o alteran el funcionamiento eficaz del sistema nervioso. Este mecanismo es tan natural como el que funciona cuando entra un cuerpo extraño al organismo, éste por sí mismo actúa expulsando o eliminando aquel elemento invasor.

Para eliminar los "elementos extraños" el sistema nervioso requiere que el cuerpo y la mente se encuentren en un profundo descanso, en un estado de inactividad. Para alcanzar ese estado, lo que aparece como más eficiente es la meditación, dado que es algo conocido por el ser humano.

Algunas tesis señalan que el hombre primitivo, cuando se veía acosado por angustias superiores a sus fuerzas o ajenas a sus limitados conocimientos, se reconcentraba en sí mismo, cerraba sus ojos, emitía algún tipo de balbuceo, dejaba que su mente vagara libremente y esperaba que el peligro pasara. Es decir meditaba.

Técnicas de meditación hay muchas y muchos enfoques, algunos contradictorios y otros abiertamente ajenos a nuestra idiosincrasia occidental.  El médico, escritor y conferencista hindú  Deepak Chopra,  nos da una pauta para evaluar un método de meditación: "¿Encontró mi mente el silencio que yo buscaba? ¿Me sentí psicológicamente cómodo durante la meditación y después de ella? ¿Empezó a cambiar mi antiguo ser como resultado de haber meditado?" ... esto en la práctica debe traducirse en ¿Estoy durmiendo mejor? ¿Me siento menos irritable?, ¿Me cuesta menos concentrarme en mi trabajo o estudio? ¿Me estoy enfermando con menos frecuencia?, etc.

En resumen, podemos considerar a la meditación como un método de higiene que va "limpiando" el sistema nervioso y como tal higiene debemos practicarla diariamente, como lo hacemos con nuestro cuerpo.