Enero 2018

LIDERAZGO - RELACIÓN ENTRE EL MAESTRO DEL LIDERAZGO Y EL EJERCICIO DEL MANDO

De “La Profesión Militar, algo más que preparase para la Guerra”

Mucho se habla del Liderazgo y en especial en los miembros de las  FF.AA., pero para decir que dicha virtud se aplica correctamente en las instituciones armadas, como en cualquiera otra actividad, debemos necesariamente compararla con otro liderazgo y qué mejor que tomar el ejemplo del Maestro de Líderes, JESÚS y en particular con el Evangelio de la acción, el Evangelio de San Marcos.

Para ejercer un buen mando es necesario ser líder, teniendo presente que no todo quien tiene mando por si solo es un líder, este título hay que ganárselo a través del ejemplo personal y el desarrollo de una serie de cualidades. Jesús tiene un liderazgo que perdura en el tiempo, pero de su vida es posible rescatar ciertas características que deben tener quienes quieran ser líderes en el ejercicio del mando, aspiración que debe ser natural en toda persona que ejerza mando para preciarse de tal.

El líder enseña con autoridad. “Llegaron a Cafarnaúm y Jesús empezó a enseñar en la sinagoga durante las asambleas del día sábado. Su manera de enseñar impresionaba mucho a la gente, porque hablaba como quien tiene autoridad y no como los maestros de la ley” (Marcos 1, 21:22). Jesús enseñó con autoridad, los líderes siempre deben ser maestros. Para ser un líder eficaz usted debe enseñar con autoridad, usted debe prepararse, debe saber lo que esta hablando y muy importante es practicar lo que predica en su vida personal, ser ejemplo, ser consecuente en el decir y en el actuar. Tan importante como es saber sobre lo que usted  está hablando, es quizás más importante “ser” sobre lo que Ud., está hablando. Un líder que habla de lo que él sabe y vive lo que él habla, atraerá a seguidores. No enseñe lo que usted no es capaz de cumplir.

Un líder requiere disciplina. “De madrugada, cuando todavía estaba muy oscuro, Jesús se levantó y se fue a un lugar solitario. Allí se puso a orar” (Marcos 1:35). Si Ud., espera disciplina entre sus seguidores y falta ella en su propia vida, seguro que los seguidores le perderán el respeto. Jesús se disciplinó en el uso sabio del tempo de oración y soledad, que son los requisitos previos para que un cristiano tenga éxito. Los líderes pueden orar en una variedad de tiempos y lugares, pero la soledad debe buscarse diligentemente. Los seguidores deben entender la necesidad de periodos de soledad que necesita quien ejerce el liderazgo. En la oración es donde se ganan o se pierden las batallas de la vida.

Los líderes deben escoger un equipo. “Mientras caminaba, vio a un cobrador de impuestos sentado en su despacho. Era Levi, hijo de Afeo, Jesús le dijo. Sígueme y él se levantó y lo siguió”, (Marcos 2:14). Un líder sabio forma su equipo muy cuidadosamente. Jesús escogió a Pedro, un Pescador y por otro lado a Levi, un recaudador de impuestos, con ello muestra la diversidad en cuanto al talento, temperamento y experiencia. Un líder menos pensativo reúne un equipo homogéneo, basado en personas que tengan un pensamiento similar. Normalmente se cree que un equipo debe tener muchas similitudes y que la diversidad debilita, pero es todo lo contrario, la diversidad hace más productivo un equipo. Jesús vio algo en estos hombres -un pescador y un recaudador de impuestos- y no tuvo miedo de escogerlos a ambos para el mismo equipo. Sólo un gran líder se arriesga a eso.

El líder debe tener una nueva manera de pensar. Un día estaban ayunando los discípulos de Juan el Bautista y los fariseos. Algunas personas vinieron a preguntar a Jesús; los discípulos de Juan y los fariseos ayunan. ¿Por qué no lo hacen los tuyos?, Jesús les contestó: ¿Quieren Uds., que los compañeros del novio ayunen mientras el novio está con ellos?. Mientras tengan al novio con ellos, claro que no pueden ayunar. Pero llegará el momento en que se les arrebatará el novio y entonces ayunarán” (Marcos 2, 18:22).

No es suficiente para tener una buena manera de hacer las cosas o una nueva manera de pensar, el tener una buena idea. El cambio que ignora el contexto en el futuro lleva a la anarquía. El liderazgo requiere una comprensión de novedad en el contexto de lo viejo, un líder debe saber qué está pasando y así poder articular porque la nueva manera de hacer las cosas es buena. Los líderes verdaderamente innovadores siempre serán desafiados por aquellos que protegen las maneras viejas de hacer las cosas. El cambio siempre amenaza a algunas personas. Jesús hizo cambios notables en las formas de hacer las cosas de esa época, a modo de ejemplo, sus respuestas reflejan profundos cambios; “Devuelvan al César las cosas que son del César y a Dios las cosas que son de Dios” (Mateo 22:21). “Aquel de ustedes que no tenga pecado, que arroje la primera piedra” (Juan 8:7). “Ustedes son sal de la tierra” (Mateo 5:14), etc. Nunca se debe caer en la trampa de pensar que porque algo es inherentemente bueno tendrá éxito automáticamente.

El líder debe hablar con  la verdad. En especial  a sus colaboradores más íntimos. “cuando toda la gente se retiró, los que lo seguían se acercaron con los doce y le preguntaron qué significaban aquellas parábolas. Él contestó: A ustedes se les ha dado el misterio  del Reino de Dios, pero a los que están afuera, no les llegan más que parábolas” (Marcos 4, 10:11). Un líder debe hablar con la verdad en todo momento. Sin embargo, él puede necesitar reservar alguna verdad para sus colaboradores más cercanos. Jesús habló a las multitudes y enseñó a sus discípulos, pero él reservó algunas verdades más fundamentales para Juan y Pedro. La verdad compartida es muy importante y la forma en que ésta es compartida en su volumen y en su tiempo. Se prepararon cuidadosamente las maravillosas parábolas que Jesús compartió con las multitudes, finalmente se afinaron, y se presentaron con más precisión a los discípulos. No es que hayan sido más importantes que las presentadas a las multitudes, sino que fueron explicitadas para que ellos las entendieran mejor. Él compartió su mensaje en su tiempo en diferentes momentos, pero esa verdad ahora la compartimos todos de la misma forma. Un líder yerra cuando su mensaje es entregado a destiempo o a quienes no están listos para ese mensaje. Un líder sabio meditará profundamente y pensará cuidadosamente sobre cuándo, cómo y a quiénes entregará su información.

Los líderes planean. “Jesús mandó a sus discípulos que tuvieran lista una barca, para que toda aquella gente no lo atropellase”. (Marcos 3:9). Los líderes reaccionan instantáneamente a las oportunidades inesperadas y obstáculos. Para ello deben ser previsores, para ello requieren de una dirección visionaria que exige de una mirada de largo alcance, de oportunidades y otra de corto alcance que le permita planear el próximo nivel. Para ello se debe tener claramente la próxima meta en mente y saber cuál es el próximo paso a dar. Los detalles son importantes. Jesús no solo planea las grandes cosas sino que las pequeñas, los detalles, por ejemplo: la entrada a Jerusalén, la orden para ejecutar la Última Cena, etc. El líder se debe preocupar de lo importante y planear los detalles.

El líder calma la tormenta. De pronto se levantó un gran temporal y las olas se estrellaban contra la barca, que se iba llenando de agua. Mientras tanto Jesús dormía en la popa sobre un cojín. Lo despertaron diciendo: ¿no te importa que nos hundamos?, él entonces se despertó, se encaró con el viento y dijo al mar: cállate, cálmate…el viento se apaciguó y siguió una gran calma” (Marcos 5, 37:39). El líder debe ser la calma en la tormenta, tal como un Comandante debe ser la calma en medio del combate. Los tiempos turbulentos están seguros de venir y cuando ellos llegan es indispensable para un líder mantener la calma e influir positivamente en la situación que se presenta. Siendo la calma en medio de la tormenta, el líder no significa que sea una persona aislada o alejada de la realidad de lo que está ocurriendo. Significa que se está moviendo, apreciando y adoptando medidas conscientes para ocuparse de la situación en forma deliberada y positiva. Un líder tranquilo es un gran recurso. Así como Jesús calmó la tormenta física y las tormentas en los corazones de sus seguidores, el líder requiere hoy el mismo tipo de esfuerzos. Nosotros nunca podremos controlar la naturaleza de la manera que Jesús lo hizo, y nosotros nunca podremos hablar palabras con el tipo de autoridad con que él ordenó. Sin embargo, nosotros necesitamos emular sus métodos para que cuando la tormenta llegue estemos preparados para enfrentarla en la mejor forma posible. Para ello debemos controlar nuestros propios miedos y reprimir cualquier impuso al pánico. El líder necesita hablar palabras con certeza, en un tono tranquilizante, a fin de dirigir el problema de una manera deliberada, moderada y eficaz.

El líder debe saber retirarse. “Pero Él no quería que lo dieran a conocer y los hacía callar” (Marcos 3:8). El retiro estratégico casi siempre es una parte necesaria del éxito. El líder sabio sabe que en ciertas oportunidades en que la discreción pasa a ser una parte importante del valor. Una batalla perdida o una retirada estratégica en un contexto global realmente son una victoria. Un líder que actúa o no actúa en el momento adecuado, refleja prudencia y la reflexión.

La unidad, un requisito del liderazgo. “Jesús pidió que se acercaran y empezó a enseñarles por medio de ejemplos: ¿Cómo puede Satanás echar a Satanás?. Si una nación está con luchas internas, esa nación no podrá mantenerse en pie. Y si una familia está con divisiones internas, esa familia no podrá subsistir” (Marcos 3, 23:25). Un líder de calidad produce la unidad y para ello debe trabajar. El término “dividir para reinar” es falso en el ejercicio del liderazgo. El verdadero líder no debe hacer nada que atente contra la unidad. Cuando Jesús dijo que una nación dividida no puede mantenerse de pie, Él habló una verdad aplicable a cada tipo de esfuerzo humano. La unidad es esencial, el líder no puede tener miedo de eliminar la fuente de desunión, es su responsabilidad como líder.

Muchos ejemplos más podemos encontrar en las Escrituras, lo importante es tener presente que el ser un  líder es una gran responsabilidad y es ante Dios que rendiremos cuenta de lo que hicimos o no con nuestro liderazgo. El mando militar requiere de liderazgo y para ello debemos prepararnos en forma consciente, con responsabilidad y seriedad. Recordar que “Nadie es Comandante mientras este título no es ratificado en la mente y el corazón de sus subordinados”.