Agosto 2017

ESPERANZA EN AMERICA LATINA

Lo que normalmente no se conoce de nuestro país y de nuestros vecinos regionales, se reconoce mirándolos de afuera, confirmando lo que nos decía Andrés Oppenheimer… que no es ni más ni menos, ”que lo que no falta en América Latina, es el talento, creatividad y audacia para hacer cosas nuevas, tanto a nivel nacional, como a nivel individual”. Los países latinoamericanos, lejos de ser sociedades anquilosadas y temerosas de experimentar con lo desconocido, han estado en la vanguardia mundial en temas como la elección de mujeres para la presidencia….en muchos casos les ha salido el tiro por la culata, pero esa es otra historia…, los subsidios condicionados a la asistencia escolar, la compra masiva de laptops escolares, el casamiento gay, la legalización de la marihuana, entre otros.

Algunas de estas decisiones no han tenido un final feliz, pero solo pueden haber surgido de sociedades dinámicas y abiertas a la experimentación. Eso es una buena señal.

Muchas ciudades latinoamericanas ya están en la vanguardia, por ejemplo de la innovación urbana. Medellín, en Colombia fue seleccionada en un concurso organizado por The Wall Street Journal y Citigroup como la ciudad más innovadora del mundo en el 2013, ganándole a competidoras como Nueva York y Tel Aviv. Veinte años atrás, Medellín era conocida como la capital mundial de la cocaína. Pero en apenas dos décadas, con una estrategia de acupuntura urbana que consiste en realizar obras del primer mundo en las zonas más rezagadas para integrarlas al resto de la ciudad. Medellín logró reducir en casi 80% su tasa de homicidios, y convertirse en una urbe mucho más vivible y prospera. Por ejemplo, esta ciudad inauguró en 2011 una gigantesca escalera mecánica de casi 400 metros de longitud en uno de sus barrios más marginales y hasta hace poco peligrosos. La escalera mecánica, dividida en seis trayectos, le ha permitido a los habitantes de la comuna 13, una de las más pobres de Medellín, bajar las laderas del cerro donde se encuentran y acceder a la estación de metro que conecta con el centro de la ciudad. Hasta entonces, muchos de los 140.000 habitantes de la comuna 13 habían tenido que escalar unos 350 peldaños, casi la altura de unos de los rascacielos más alto de Nueva York, para llegar a sus casas, algo que les hacía prácticamente imposible trabajar en la ciudad.

En otro orden, en Ciudad de México se han realizado experimentos urbanos fascinantes, como las clínicas de atención médica en las estaciones de metro, por donde circulan diariamente  unas cinco millones de personas, donde uno puede hacerse desde un análisis de sangre u orina, hasta la prueba del sida. Las clínicas de salud, ubicadas en las principales intersecciones de las vías del metro, han ayudado a reducir la congestión de pacientes en los hospitales y a prevenir enfermedades. Se hacen unos 20 exámenes de laboratorio en el metro para detectar unas 66 enfermedades más comunes y lo hacen gratuitamente para quienes no tienen seguridad social. La gente se hace los exámenes de sangre y pasan al día siguiente a buscar sus resultados.

En otro ámbito, Chile y Brasil también han lanzado programas para importar innovadores, ambos países han creado incentivos económicos para atraer a jóvenes emprendedores de todo el mundo, bajo la premisa de que los países que más progresan ya no compiten por territorios, sino por talentos. Así como en el Silicon Valley de California se concentran las mejores mentes de la tecnología mundial, Chile y Brasil han creado sus propios enclaves de innovación tecnológica.

Brasil, siguiendo los pasos de Chile, lanzó en 2013, un programa que ofrece a emprendedores  tecnológicos, tanto nacionales como extranjeros, casi 100.000 dólares de ayuda gubernamental, además de espacio gratuito para oficinas, asesoramiento empresarial y servicios legales y contables. Bajo el programa público privado llamado Start-Up Brasil, está planeado que hasta 25% de las empresas beneficiadas sean extranjeras, y sus directivos obtengan visas de residencia. El director operativo de Start-Up Brasil, Felipe Matus, mencionó que 909 empresas aspirantes, entre ellas unas 60 son de Estados Unidos y postularon para la primera ronda de 50 empresas ganadoras. Curiosamente, Estados Unidos fue el país extranjero de donde más postulaciones vinieron.

En Chile, cuyo programa gubernamental Start-Up Chile se inició el 2010 (Start-Up Chile,  es una aceleradora de negocios creado por el Gobierno de Chile para traer un alto nivel de emprendimiento basado en la innovación con sustento en Chile. Actualmente, Start-Up Chile es la aceleradora líder de Latinoamérica, entre las TOP 10 a nivel global y posee la más grande y diversa comunidad de start-ups en el mundo. Start-Up Chile cambió la visión del emprendimiento a nivel global, después de su creación, alrededor de 50 países crearon programas similares), está dedicado exclusivamente a emprendedores extranjeros, principalmente de empresas de internet, el gobierno chileno de la época, ofreció 40.000 dólares a cada emprendedor, además, de una visa de trabajo y oficinas gratis. Ya se han postulado más de 7.200 emprendedores de más de 50  países, de los cuales han sido seleccionados 670, la  mayoría de ellos jóvenes de un  promedio de 27 años de edad, según lo dio a conocer el director ejecutivo de la instrucción, Horacio Melo.

De los 670 Start-Ups seleccionados, más de 160 eran de Estados Unidos. Start-Up Chile se concentra exclusivamente en atraer a talentos tecnológicos extranjeros, y no los obliga a quedarse en el país. Después de pasar seis meses en Chile e iniciar sus empresas, además de cumplir con otros requerimientos, como compartir experiencias con emprendedores locales y hablar en universidades, los beneficiarios de estos fondos pueden volver a sus países de origen o ir adonde quieran. Un 30% se queda en Chile, cuando se le preguntó a Melo cómo lograba convencer a un emprendedor estadounidense de que inicie su Start-Up en Chile, respondió, porque aceptamos Start-Up en etapas muy tempranas, cuando todavía son muy riesgosas para inversionistas de Estados Unidos. Entonces, vienen a Chile, prueban sus hipótesis, validan que esa hipótesis funciona y disminuyen los riesgos para potenciales inversionistas.

Obviamente, Start-Up Brasil y Start-Up Chile son proyectos todavía  demasiado incipientes como para aspirar a crear nuevos Silicon Valleys en Latinoamérica. Pero, al igual que los planes de aumentar las becas de posgrados en el exterior, han ayudado a crear la circulación de talentos que tanto ha beneficiado a China, India, Corea del Sur y otros países emergentes en décadas recientes. Y el número de postulantes extranjeros que han recibido, muestra que la idea de atraer mentes creativas de todo el mundo hacia Latinoamérica no es un proyecto descabellado.

A nivel personal, sobran los ejemplos de innovadores latinoamericanos que están triunfando, como el peruano Gastón Acurio, el mexicano Jordi Muñoz, el argentino Emiliano Kargieman, el chileno Alfredo Zolezzi, el guatemalteco Luis Von Ahn y otros tantos. Muchos de ellos están triunfando fuera de sus países natales. El gran desafío, ahora es:

Crear ecosistemas favorables a la innovación,

Fomentar una cultura que premie la creatividad,

Celebrar a los innovadores,

Admirar a los emprendedores y

Tolerar sus fracasos, para que puedan florecer muchísimo más, como ellos en sus propios países…sobra el talento y los pasos para lograrlo son estos cinco secretos, los cuales han sido probados en otras partes del mundo.

Las pruebas están a la vista, hay países de todas las tendencias políticas, desde la dictadura comunista de China, hasta la dictadura de derecha de Singapur o las democracias como Corea de Sur, Taiwán  o Finlandia, que han prosperado mucho más que los países latinoamericanos en los últimos cincuenta años gracias a que le apostaron a la educación y a la innovación. Estos países producen cada vez más patentes de nuevas invenciones, que multiplican cada vez más sus ingresos y reducen cada vez más la pobreza.

Es la hora de que en Latinoamérica entremos de lleno en la era de la economía del conocimiento y entendamos que el gran dilema del siglo XXI no es el “socialismo o muerte”, ni “capitalismo o socialismo”, ni “Estado o mercado”, sino uno mucho menos ideológico, es decir, innovar o quedarnos estancados o para ponerlo en términos más dramáticos: “crear o morir”.