Septiembre 2017

FF.AA… BREVE REFLEXION SOBRE ÉTICA Y MORAL

Para quienes hemos pertenecido a las Fuerzas Armadas y/o servido en el sector defensa, nos angustia ser testigo de cómo su función primordial de defensa a la patria, se ve enturbiada por hechos de corrupción y falta a la ética institucional. ¿será necesario volver a recordar o reflexionar sobre lo que nos enseñan en nuestra formación militar….. o lo que nos enseñaban, sobre el arte de pertenencia a la institución y del ejercicio del mando?.

Marco Aurelio en meditaciones, expresaba: “muestra esas cosas que están plenamente en tu poder mostrarlas; sinceridad, dignidad, laboriosidad, abnegación, satisfacción, frugalidad, franqueza, simplicidad, seriedad, magnanimidad… ¿no ves cuántas virtudes hay? ……….. y ¿cuántas de esas colocas en práctica en tu desarrollo personal y profesional?”.

Hace ya un tiempo atrás, las Sociedades Socráticas organizaron un debate sobre “¿qué es la moral?”, las discusiones fueron muy interesantes, pero no se produjo ninguna respuesta clara a la pregunta planteada, ¿no es fácil verdad?…. sin embargo, una definición sencilla a la vez de clara, es que la moral  puede describirse como un código no escrito de conducta personal, desarrollado por las comunidades civilizadas a lo largo de muchos siglos, para capacitar a su gente para vivir en armonía, con el debido respeto por los derechos e intereses de los demás. Si concordamos o no con esta definición, podemos sí estar de acuerdo, en que existe una afinidad muy estrecha entre la moral y el altruismo o desinterés. En realidad podríamos decir que la amoralidad no es otra cosa que egoísmo, un defecto que es, con toda seguridad incompatible con el rol de un líder.

Lo cierto es que la moralidad implica más que lo expresado en la definición, siendo una necesidad vital poseer la capacidad para reconocer el “Mal” cuando uno lo encuentra y tener el valor moral para resistirlo. Ahora bien, el Mal no es en modo alguno sinónimo de las flaquezas humanas corrientes, que los moralistas victorianos estaban tan prestos a condenar: ni tampoco es meramente lo opuesto al “Bien”. Es algo mucho más poderoso, como muy para su pesar, lo ha aprendido este siglo con un costo en sufrimiento inconmensurable. Ni tampoco, por desgracia, puede existir la menor duda, de que el Mal siga rondando por este mundo. Es cierto que el reconocer y resistir al Mal de esas dimensiones, incumbe más bien al líder político que al oficial de una institución armada, pero con toda seguridad el mismo principio necesita aplicarse en el campo más restringido de la vida diaria de los integrantes de las FF.AA., en particular del oficial, por lo que representa ante sus hombres.

En lo que respecta a la actitud de los miembros de las FF.AA., referida al dinero, con toda seguridad podemos decir que hoy en día el sueldo y asignaciones del personal de las FF.AA., son bastante más generosas que décadas pasadas, razón por la que éstos deben estar mucho menos expuestos a ansiedades por ganar más. No obstante y de acuerdo a los hechos, ese en modo alguno parece ser siempre el caso. La razón, seguramente, debe ser que hoy en día tendemos a querer demasiadas comodidades materiales y procuramos disfrutar demasiado de los adelantos que nuestra sociedad industrializada nos ha impuesto. Desgraciadamente, la tendencia hoy en día parece ser que todos entran en la arrebatiña de ganancias y se ha observado cuan difundido se ha hecho entre los miembros de las instituciones armadas, el ámbito de la especulación del dinero. Por ejemplo, la revista mensual de la Liga Naval (Navy league), que con toda seguridad debiera preocuparse de asuntos que caen estrictamente dentro de la jurisdicción de la institución, cuyos intereses se supone que debe prohijar, publica permanentemente artículos titulados “cómo invierto mi dinero”. La verdad es que no se puede creer que signos como éstos, que estimulan la persecución de ganancias especulativas, sean saludables o adecuados a la dedicación del líder, cuya principal preocupación DEBE SER su desempeño profesional y sus hombres. “Antes y lo digo por experiencia propia, un Oficial era papá, mamá, cura y consejero de su personal, sabía de su familia y de sus problemas, hoy en día apenas saben sus apellidos”. Es cierto que la cuidadosa inversión del dinero que uno pueda tener es importante, pero hay muchos profesionales cuya asesoría se puede buscar, y así la especulación en procura de ganancias no debe ser parte alguna en la vida profesional del líder.

El historiador inglés, R.H. Tawney escribió; “si un hombre tiene un trabajo importante…y qué podría ser más importante que el trabajo de un líder…, y dispone de suficiente tiempo libre y renta que le permitan desempeñarse correctamente, entonces posee tanta felicidad como la que es buena para cualquier hijo de Adán”, esta es una expresión de las necesidades materiales razonables de la vida, aunque no de sus necesidades espirituales, sin embargo, se concuerda plenamente. Válido es acotar para reflexión, al salmista David, el cual señaló que “el hombre camina en una sombra vana y se preocupa en vano, acumula riquezas y no puede decir quien las cosechará”. El líder no tiene necesidad alguna de acumular riquezas y ciertamente no debe perder la tranquilidad en una causa tal, pues como lo observara el filósofo y profesor Whitehead, “el deseo de dinero producirá tacañería y no espíritu de empresa”… como se busca.

Finalmente, es pertinente recordar que la persecución del dinero tuvo un efecto muy corrupto en los oficiales navales del siglo diecisiete y dieciocho, y en un número no menor de ellos, ni siquiera Nelson se mantuvo totalmente limpio de su influencia perniciosa. El almirante Cuthbert  Collingwood, fue una excepción y su biógrafo contó como “toda vez que él percibía el espíritu de hacer dinero entre los oficiales superiores de la marina, nunca dejaba de hablar de ello con marcado menosprecio, como una práctica que degradaba a una profesión noble, convirtiéndola en un comercio sórdido”.. ¿Podría ser que hoy día la especulación en la Bolsa de Valores o el deseo de acumular dinero, esté teniendo una influencia igualmente degradante?. El líder debiera recordar al menos la sagaz observación del almirante Codrington: “he observado a lo largo de toda la vida, que la prueba del honor de un hombre es el dinero, y que la prueba de su valor es la responsabilidad”.

Antes de abandonar la cuestión de la actitud de líder para con el dinero, se debe recalcar la importancia que tiene mantenerse absolutamente claro de cualquier cosa que tenga sabor a “enjuagues”. La escasez de tiempos de guerra, el relajo y la falta de buena cuna de los cadetes reclutas, han llevado indudablemente a una baja general del nivel de moralidad personal y pública; y parece que aún las instituciones castrenses, no han recuperado el antaño sentido de la probidad. Cuando el Mariscal de Campo Lord Wavell regresó a la patria procedente de la guerra, observó con preocupación la baja en el nivel de honestidad que había encontrado en los oficiales, expresando, a menos que podamos volver a algo parecido a nuestras antiguas normas de honestidad, moralidad familiar, trabajo esforzado y orgullo de nuestra profesión, no creo que vayamos como Armada, a mantener nuestra posición o recuperar nuestra anterior prosperidad, que estaba cimentaba en las cualidades y virtudes más insignes del ser humano, más que en la posición económica de cada uno de sus integrantes”.

Es desgraciadamente cierto que, desde que se ha sabido de acciones de  oficiales corruptos… en todas las instituciones uniformadas… en nuestro país, parece que hemos avanzado poco en la dirección correcta para una recuperación nacional, basada sobre algo más sólido que en el mero bienestar material. Ello hace que sea más necesario que nunca, que el líder demuestre que no tendrá nada que ver con esa clase de deshonestidad, que además, de corromper su propio espíritu, será tomada como una excusa por otros, cuyas inclinaciones los lleven en la misma dirección. Aún más, es un hecho que todo acto pequeño de engaño en que nos veamos implicados, con toda probabilidad, lleva a otro y más grave acto de falacia o fraude, socavando así progresivamente toda nuestra integridad personal e institucional.