Noviembre 2017

Continuemos hablando de Seguridad y Defensa

Los planteamientos que se exponen a continuación, son temas que se estudian y trabajan en el sector defensa, los cuales tengo el fiel convencimiento que la sociedad civil debe conocer “en lo pertinente”, de esta manera les permitiría valorar aún más la labor y preparación de sus Fuerzas Armadas.

Un aspecto central que se encuentra en la base de cualquier estrategia o modelo de Seguridad Nacional, es la definición de qué se entiende por seguridad y qué se entiende por defensa. El alcance y orientación que se otorgue a estos dos términos, determinan aspectos tan relevantes como, por ejemplo, el grado de implicación internacional que un país confiere a sus relaciones con otros en el ámbito de la Seguridad y Defensa. Igualmente, es relevante para perfilar tanto el compromiso interno como el externo en términos, no solo estratégicos y políticos, sino económicos, dando así una idea clara del nivel de ambición del país en esta materia.

Si bien es cierto que desde hace varias décadas el término de seguridad ha ampliado su campo de referencia, yendo desde los aspectos internos a los internacionales, no es menos cierto que dentro de lo que se considera seguridad hoy en día las posibilidades de definición son igualmente amplias. Más aún, las fronteras que pudieran existir entre el ámbito de lo interno y lo externo a un país, son cada vez más difusas, por lo que pierde sentido distinguir entre Seguridad Nacional, entendida como el concepto clásico de inexistencia de amenaza a la integridad y soberanía de un país, y la Seguridad Internacional, entendida a su vez como la ausencia de riesgos y amenazas que puedan poner en peligro la paz entre Estados, o la estabilidad del sistema de relaciones internacionales. Como se puede apreciar, ambas se encuentran entrelazadas.

Desde esta perspectiva, son muchos los autores que han desarrollado un concepto de seguridad, que engloba tanto los aspectos militares como aquellos otros vinculados a la diplomacia, los recursos económicos, la cooperación internacional, la gestión de catástrofes, o las consecuencias de la globalización. De este modo, la seguridad de un país no es independiente de la de otros países o regiones. Este es uno de los mayores efectos de la globalización, que ha llevado a unas relaciones de interdependencia y necesidad mutuas entre actores y países. Incluso, yendo más lejos aún, parte de la seguridad de los países depende de las grandes empresas multinacionales y de los grandes agentes que operan en marcados financieros globales, en el sentido que éstas y sus actuaciones son capaces de alterar políticas de Estado, afectar equilibrios territoriales y a intervenir en aspectos hasta ahora no contemplados, como decidir sobre precios de bienes de primera necesidad que pueden  desequilibrar a países y regiones enteras. Es decir, entran en escena agentes que tradicionalmente no se habían encontrado vinculados a las cuestiones de seguridad.

Por otra parte, en los últimos años hemos asistido a un cambio del concepto de defensa entendido desde una concepción territorial de la misma, cuyo objetivo último es la integridad territorial frente a una agresión, sustituido por el de seguridad, una construcción teórica más amplia, supuestamente más dinámica y evidentemente, mucho menos relacionada con el ejercicio del poder militar. Todo ello ha supuesto una gran innovación conceptual de los modelos defensivos, que han pasado a definirse actualmente como de Seguridad Nacional.

En este sentido, la diversidad de riesgos surgidos, particularmente desde la caída del muro de Berlín, hace que la seguridad se deba contemplar actualmente desde una perspectiva multifocal, esto es, asumiendo que los focos de riesgo y posibles amenazas a los que ha de dar respuesta son múltiples y variados, desde los conflictos entre Estados, hasta el terrorismo internacional en sus diversas posibilidades, los ataques informáticos, los factores energéticos, económicos, medioambientales, migratorios, políticos, religiosos, sociales, etc.

Elaborar un modelo de Seguridad Nacional que englobe o considere todos los aspectos mencionados resulta extremadamente complejo. Si bien es cierto que, desde una perspectiva pragmática, se podría definir ésta como aquella situación en la cual es posible salvaguardar la soberanía e integridad del territorio nacional y sus habitantes permitiendo el desarrollo de su libertad, de su actividad personal, económica y social que, a su vez, limita sustancialmente o evita, los efectos de riesgos internos y externos. Además, supone participar en la generación y el sostenimiento de un sistema internacional cooperativo de esfuerzos encaminados al mantenimiento y la construcción de la paz, el desarrollo humano de las sociedades, la democracia y la libertad. Dichos esfuerzos deben desplegarse en los diversos ámbitos posibles y recurriendo a los instrumentos y capacidades de los que disponen la Sociedad y el Estado.

Desde una perspectiva de Estado, como la que aquí se plantea, las dimensiones de la seguridad a las que hacer frente son amplias, lo cual induce a realizar una organización que clarifique tanto los niveles de análisis, como quiénes son los actores principales que juegan un papel importante en el terreno de la seguridad y cuál puede ser el alcance de las relaciones que se establecen entre los actores.

En el ámbito de las relaciones internacionales, la posición de poder que ocupe un Estado, tanto en términos bilaterales, como en el conjunto de las naciones, afectará significativamente al logro de sus objetivos, ya que su poder de negociación y su capacidad coactiva varía sustancialmente. Adicionalmente, la negociación es cada vez más necesaria debido a que las decisiones sobre seguridad adoptadas por un país son relevantes para los otros. Esta afirmación es tanto más cierta cuanto mayor es el poder económico, militar y político del país adoptante de la decisión. Este hecho subraya la necesidad de participar de manera activa e intensa en los foros y actividades internacionales de Seguridad y Defensa.

Igualmente, en el terreno interno, la multiplicidad de actores que intervienen en la generación de seguridad impone la necesidad de una elevada coordinación de todos ellos a fin de que el conjunto del sistema sea eficiente, eficaz y garantice respuestas ágiles a las amenazas posibles.

Desde esta visión amplia, lo que se muestra es un solapamiento entre los conceptos de seguridad y defensa, ya que el concepto de seguridad engloba al de defensa. Por otra parte, la defensa estrictamente militar es un instrumento más de los que dispone el Estado, si bien, de utilización cada vez más amplia a través de la “internacionalización” de la misma, de manera que la participación en misiones internacionales bajo el paraguas de organizaciones internacionales como la Organización de Naciones Unidas (ONU), Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), Unión Europea, etc., hace de la defensa militar un instrumento del Estado a disposición de su política exterior.

En definitivamente, un aspecto clave es la evolución desde la Defensa Nacional hacia la Seguridad Nacional que debe, por tanto, entenderse como aquella situación en la cual una nación se considera suficientemente protegida frente a cualquier riesgo o amenaza y con un nivel de riesgos tolerable. De esta manera, la Seguridad y la Defensa, basadas en unos principios amparados en una amplia base legal, deben considerarse como política de Estado. Esto es, una política que ha de garantizar la continuidad de sus líneas de actuación y, que ha de estar respaldada por el mayor consenso político posible. La formulación de estos principios debe ser recogida en una ley que regule el marco de la acción exterior, de manera semejante a la que se ha venido realizando de forma progresiva desde nuestra transición en otras políticas de Estado. Su elaboración se considera un aspecto irrenunciable para forjar una verdadera política exterior de Estado, que otorgue a la “acción única del Estado” un papel central en su comportamiento exterior.