Mayo 2018

VALORES ESENCIALES DE LA TRADICIÓN CHILENA

Podríamos decir que los valores esenciales de la tradición chilena, son aquellos valores permanentes de la nación que corresponden, básicamente, a nuestra herencia cultural cristiana-occidental aportado por España, enriquecida con nuestro común acervo adquirido a lo largo de varios siglos… durante nuestra existencia como Chile indiano y posteriormente, como Chile republicano o independiente… Son aquellos valores de los que nos hablan diversos autores nacionales, entre los cuales destaca Jaime Eyzaguirre.

En su Hispanoamérica del dolor, Eyzaguirre expresa que “El diagnóstico de las posibilidades de un pueblo brota del conocimiento de su vida, ignorarla, cortar arbitrariamente el curso de su desarrollo, injertar en él de manera indiscriminada influjos exóticos, es poner en peligro su existencia. Solo cabe avanzar con paso firme por el camino de la tradición, porque ella es la conformidad de la existencia nacional con el ser nacional. Tradición es transmisión y sólo se transmite lo perdurable, lo que supera a la fugaz circunstancia, lo que no es epidermis sino entraña, lo que no es detención sino dinamismo, porque la tradición no es una nostalgia sino una esperanza”.

Como nota distintiva primaria de nuestra tradición, por ejemplo, es el sentimiento de independencia y de libertad y también esa nota de serenidad para abordar los cambios políticos y sociales y por qué no decirlo, en las tremendas horas de prueba a que suele someterla una naturaleza tan bella como iracunda, los sismos y maremotos que han ultrajado inmisericordes el rostro y el cuerpo de la patria, lejos de abatir a sus hijos les han servido de acicate... comenzar siempre de nuevo ya es una ley de nuestra historia, dictada desde los albores de la colonización, encarar el dolor, la dificultad, con ánimo entero y voluntad no doblegada, es parte esencial de nuestra fisonomía.

Los chilenos somos hijos del rigor, en efecto, las características tan peculiares de la geografía de Chile, los frecuentes embates de la naturaleza, las amenazas vecinales y su difícil situación geoestratégica, entre otros aspectos, han hecho que la vida no se nos haya dado fácil. Tales factores, sumados a las condicionantes históricas mencionadas, han contribuido a forjar el carácter chileno, algunos de cuyos rasgos o virtudes más sobresalientes son entre otras,  las de un acusado sentido de independencia y de libertad, su amor a la tierra, su arrojada valentía, su estoicismo en el desastre y una marcada voluntad de defensa del suelo patrio, del honor y de la dignidad nacional.

Si relacionamos lo anteriormente expuesto con las misiones de las Fuerzas Armadas, como defensa de la patria y preservación de la seguridad nacional y por qué no decirlo, del orden institucional de la República, nos daremos cuenta de que todas ellas deben estar enmarcadas dentro de aquella otra gran misión, que es la de salvaguardar los valores permanentes de la nación.

Las Fuerzas Armadas tienen el deber moral ineludible de que la nación subsista, de que no se disuelva; que podamos entregar a nuestros hijos la tierra que heredamos de nuestros padres; y que nuestro patrimonio histórico, cultural y espiritual no se tergiverse, no se manipule y no se mancille. Las Fuerzas Armadas deben defender no sólo el territorio, la plataforma física del Estado, sino también la esencia de los valores de la Patria.

Es precisamente por estas razones que, como parte de la misión fundamental de las Fuerzas Armadas, está también el hacer cuanto esté a su alcance para que la nación no desaparezca por ambiciones, intromisiones y presiones externas o invasiones ideológicas, las que son tanto o más peligrosas que las invasiones físicas, puesto que atentan contra la esencia de los principios base de la comunidad. En los tiempos actuales, los países se ven enfrentados ya no tan solo a enemigos externos, sino que también a irregulares y solapados enemigos internos, que tratan de confundir a la ciudadanía, escondiéndose tras ideologías que aparentan pluralidad y respeto por los demás. Por estas mismas razones que las Fuerzas Armadas deben ser servidoras de la patria, de su integridad territorial y de su identidad histórico-cultural. Ellas tienen el carácter de garantes últimos del orden institucional de la República.

La pregunta es ¿Cuándo hay que defender a la nación?. En una primera aproximación se podría afirmar que las Fuerzas Armadas han de defender a la nación, cuando ésta es agredida y cuando hablamos de agresión, la primera idea que viene a la inteligencia es de una agresión armada que procede desde fuera. En este aspecto, las Fuerzas Armadas tienen como misión la de defender la patria en una guerra de agresión convencional.

Sin embargo, hoy en día hay otro tipo de agresión, otro tipo de guerra que es una agresión que se produce dentro de las naciones, es una agresión que discurre a través de dos vertientes: la de la violencia armada y la violencia sicológica. La ideologías extremas, cuando recurren a la violencia armada, se transforma en “terrorismo”; cuando recurre a la violencia sicológica se llama “cambio cultural”.

Frente a las ideologías armadas o terroristas, salta a la vista que hay algo que está fallando en el esquema defensivo de la nación y que es responsabilidad de los niveles políticos eliminar dichas lacras, sin embargo, ¿qué pasa si la política es incapaz de salvaguardar a la nación?, frente a esta situación, están sus Fuerzas Armadas.

Si llegase a calar en el pensamiento colectivo, que el tema del terrorismo y el tema del cambio cultural es algo que no les compete a las Fuerzas Armadas, esto podría traer como consecuencia que el terrorismo se consolide, se convierta en algo endémico y que además se vea amparado, cubierto y protegido por quienes en la política y en algunos medios de comunicación social les dan tribuna a los terroristas para hacer sus declaraciones y para ser exaltados como auténticas figuras nacionales, es decir, facilitan la convivencia con el terrorismo y con quienes ponen en práctica la violencia psicológica del cambio cultural, para conseguir con la manipulación y el engaño populista sus propósitos u objetivos.

Blas Piñar, nos dice que si las Fuerzas Armadas les corresponde la defensa la nación, no pueden olvidar que ayer y hoy la guerra con la que tienen que estar cautelosos y dispuestos a enfrentarse no es solo la convencional, sino también a las ideas totalitarias, impositivas y acciones terroristas.

Si ese cambio cultural va penetrando, corrompiendo y cambiando la sociedad, ya sea consciente o inadvertidamente, podría suceder que las Fueras Armadas se encontraran sin una nación a la cual defender. Porque si el cambio cultural consigue que se olviden aquellos valores esenciales de la tradición chilena, aquellos valores que han ido formando a nuestra nación¸ si consigue que la moral de la sociedad tome rumbos distintos de aquellos que hemos recibido; si llega a cambiar nuestra forma de ser, nuestro modo de reaccionar; en vez de un ciudadano amante de su patria, nos encontraremos con un individuo sin voluntad y sin coraje, dispuesto a la resignación y a la entrega... vean lo que sucede hoy en día con Venezuela... Podría ocurrir entonces, que las Fuerzas Armadas no pudieran cumplir con su misión, al no existir una patria que defender.

Efectivamente, si las Fuerzas Armadas se quedan ajenas a estas acciones terroristas y a los cambios de pensamientos demagógicos y populistas que suceden en el mundo y que se vislumbran en nuestra nación, las instituciones armadas por ser fieles a su fuerza dinámica interior, a su disciplina y sentido patriótico… se reitera, pueden quedarse sin una nación que defender.