Marzo 2019

EL HOMBRE… SU NATURALEZA SOCIAL Y POLÍTICA (II PARTE)

En el artículo anterior (febrero 2019), hablamos acerca del Hombre, en su aspecto individual y social, nos corresponde en esta oportunidad abordar al “Hombre en lo Político”.

En materia de Autoridad y Poder, el Bien Común por sí mismo, no es garantía de que la sociedad se mantendrá unida en paz, ni que el ordenamiento social establecido permitirá el desarrollo de las actividades para lograr la buena vida, porque siendo muchos los hombres que la componen, cada cual buscará la satisfacción de sus propias necesidades, produciendo por lo menos una dispersión. Por esto precisamente se hace absolutamente necesario que alguien dirija y decida dentro de la comunidad, de manera que ésta llegue al fin deseado.

Santo Tomás dice “Así pues, si es natural al hombre vivir en sociedad, es necesario que tenga un guía dentro de la multitud. Siendo muchos los hombres y cada uno busca para sí mismo lo que necesita, la multitud se dispersaría en sus fines, si no hubiera quien tuviese cuidado que todo se dirija al bien común”. Así entonces, resulta natural que exista una autoridad que dirija la comunidad.

Santo Tomás sostiene que toda autoridad proviene de Dios.  Esto significa que el que exista una autoridad, es algo natural, y por lo tanto es querido por Dios. Lo expuesto no significa que los poderes que tenga una persona que dirige una comunidad le hayan sido entregados por Dios, sino que el que exista una autoridad con poderes para cumplir su finalidad es por voluntad de Dios. Por esto dice Santo Tomás: “Pues, así como todo ser depende de un primer ser, que es su primera causa, así todo gobierno de la creatura viene de Dios, como el primer gobernante y primer ser”. La autoridad está personificada en aquél que dirige y decide todo aquello que tiende al bien común de la sociedad, el gobernante. La finalidad de éste, es el bien común de aquello cuyo gobierno ha asumido.

Esto se materializa cuando logra mantener la unidad de la sociedad, de lo que resulta la paz social dentro de ella; si ésta desaparece, termina toda utilidad de esa sociedad. El gobernante para procurar la unidad de la paz, debe buscar y aplicar los medios aptos para lograr este fin y no limitarse solo a aconsejar la paz.

La función del gobernante radica en conducir y desarrollar todas las actividades políticas de la sociedad. Santo Tomás considera tres aspectos fundamentales: primero, instituir las leyes que dirijan la sociedad; segundo, conservarlas y tercero, desarrollarlas. La función legislativa del gobierno, fija la normativa que regirá la sociedad, teniendo como meta el bien común de esa Sociedad Política. Llevándola a la práctica, tenemos la actividad política, que, como actividad propia del hombre, nos lleva a conseguir los fines intermedios de la sociedad.

La primera obligación del gobernante, será mantener la paz, porque sin esta condición la sociedad pierde su finalidad. Esto es mantener la paz interior, para desarrollar las actividades propias del conjunto y de cada una de sus partes, por lo cual deberá adoptar todas las medidas legales necesarias para mantener la unidad, evitando divisiones entre los gobernados. Pero no basta conservar la paz, ya que los esfuerzos deben dirigirse a cumplir la finalidad de la sociedad, que es el Bien Común, concepto que en la práctica resulta un poco impreciso. El gobernante deberá emplear toda su capacidad para poder determinar cuales son los medios apropiados que lleven a la sociedad al Bien Común, por lo que deberá interpretarlo y definirlo, ya que la pluralidad ciudadana no podrá hacerlo nunca. Esta es la función principal que cumplirá el gobernante.

Sin embargo, el aspecto económico también es de suma importancia, porque a través de los medios materiales se logrará una buena vida para la sociedad, por lo que deberá procurar que exista lo suficiente para el bienestar de ésta. Así establecida la sociedad, hay que preocuparse de conservarla, para lo cual dice Santo Tomás que deberá procurarse que los hombres se sucedan unos a otros en los diversos trabajos y oficios, reprimir a quienes obren mal y premiar a quienes se hagan merecedores a esto, y finalmente, precaver a la sociedad de los peligros provenientes del exterior.

El primero de estos aspectos, la sucesión generacional, tiene por objeto que la sociedad establecida perdure en el tiempo, lo que implica ir preparando a las nuevas generaciones para remplazo de aquellos que por imposición natural vayan a dejar de ser útiles a la sociedad, según el ciclo vital de la humanidad. Esto apunta directamente a la función educativa que debe promover y desarrollar el gobierno, para satisfacer todas las necesidades de la vida en común, abarcando todos los campos del conocimiento, fundamento de la sociabilidad del hombre.

En segundo lugar, es lo referido a la aplicación de la justicia. No trata solamente de la justicia punitiva, sino que es más amplio e implica a la justicia como virtud, según lo cual el gobernante deberá aplicarla en todo lo relativo a las relaciones humanas, procurando que se respeten los derechos, tanto del conjunto, como el particular de cada ciudadano.

El tercer aspecto que debe cuidar el gobernante, es el de defender la sociedad de los ataques enemigos, para lo cual tiene que adoptar las medidas convenientes para mantener una parte de los ciudadanos en armas. Este cuerpo armado tiene una doble función en apoyo del gobernante: la primera y fundamental, proteger a la sociedad de ataques del exterior; y la segunda función, conservar la paz en la sociedad, lo que equivale a la Seguridad Interior.

Ahora veamos la relación entre Autoridad y Gobernado; Según Santo Tomás, siempre se encuentra a alguien que tenga las características necesarias para mandar a la comunidad y que ordena el desarrollo normal de la vida en sociedad hacia el fin que le es propio, porque el hombre de acuerdo a su particular naturaleza está dispuesto a “guiar o ser guiado”. Es así como en forma natural van a surgir las personas que ocuparán las más altas funciones, diferenciándose claramente la clase dirigente y la clase dirigida. Esta denominación no significa que el gobernado se transforme en siervo del o los gobernantes, sino que se establece una preeminencia y sujeción en el orden del gobierno de la sociedad, según los méritos de cada cual.

La dominación, en su sentido político, no debe lograrse por el miedo, ya que esta sujeción así obtenida, no puede durar, puesto que los gobernados en cuanto tengan la ocasión se levantarán en contra del tirano, lo que será más extremo en su violencia cuanto más duro haya sido el sometimiento. Por esto se recomienda que el gobernante debe esmerarse en gobernar bien, lo que significa gobernar con justicia. Surge aquí el concepto de “amistad cívica”, que debería unir al gobernante con los gobernados; esta amistad explica Santo Tomás, es una comunión que se establece entre el gobernante y los gobernados, como una retribución y reconocimiento de éstos últimos hacia el primero, en cuanto éste busca el bien común de la sociedad, lo que equivale a cada uno de sus componentes, en cuanto son partes del todo. Esta relación recíproca hace más estable al gobierno y constituye también una forma de legitimación del poder.

La Política no abarca toda la dimensión ni todo el existir del ser humano, a pesar de la trascendencia que ésta tiene como ciencia y actividad del hombre. Es conveniente hacer la distinción entre “la política y “lo político”. La primera es la actividad humana que se desarrolla o genera como producto de la observación de las “partes y principios constitutivos de la ciudad”, lo que nos da una dimensión de la existencia humana. Así, “la política” es la actividad que procura alcanzar los fines que determina “lo político”, que constituye la ciencia en sí. La Política como actividad se relaciona con el Poder, en especial el poder de la autoridad ya que es en este aspecto en el que ésta ordenará su acción a la consecución del bien común, en su tarea de dirigir a la comunidad. Por esto se puede decir que la política actúa como tensión entre el bien común y el poder.

Cuando cada ciudadano en su nivel, ya sea gobernante o gobernado, actúa correctamente de acuerdo a la función que cumple en el conglomerado de la sociedad, la política será estable y firme, porque “la perfecta comunidad social se dará cuando cada uno guarde el orden debido en la actuación que corresponde a su rol. Con esto se conseguirá “la mayor paz y la perpetua firmeza del Estado”. Siguiendo a Aristóteles, se concluye que de esta situación aparece la “felicidad política”.

En relación con el Poder, la autoridad y la sociedad son elementos que surgen en forma natural, lo que equivale a decir que son de origen divino, en cuanto a que son queridos por Dios, asimismo, también podemos afirmar que el poder de la autoridad tiene la misma procedencia. Por otra parte, ya se explicó que esto no significa que sea Dios el que da el derecho de gobernar a esa autoridad en particular, sino que él asume legítimamente la dirección de la sociedad política. Esto tiene importancia considerando que la autoridad se puede originar de diferentes maneras; en primer lugar, puede tener origen hereditario, como es el caso de la monarquía, o en su defecto, puede ser por elección lo que sucede cuando es la misma sociedad política, toda o parte de ella, la que elige a sus gobernantes. Santo Tomás expresa que esto no significa que se entrega un mandato al gobernante, sino que sólo se designa o elige, según el caso, a la persona que asumirá ese poder.

Para el ejercicio del Poder, deben darse dos aspectos: primero, el que todos tengan una parte en el ejercicio del gobierno, ya sea como gobernante o como gobernados, en una relación en que la sociedad política, como todo, respete y guarden las leyes que se han dado para el desarrollo de la comunidad hacia su fin propio, en segundo lugar, que el tipo de gobierno permita la participación de todas las clases que componen esa sociedad en una organización armónica y bien dosificada, y que regule adecuadamente las relaciones entre los miembros de la comunidad. Según el Santo, la autoridad en el ejercicio del poder no debe buscar su recompensa, como son las riquezas, el honor y la gloria, sino que debe esperar una paga celestial, ya que la buena venturanza es el premio a la verdad.

Finalmente, las Sociedades y Comunidades, son agrupaciones sociales distintas, aunque se usan generalmente como sinónimos, siendo una de índole ético-social y la otra biológica. Veamos brevemente la explicación que al respecto hace Jaques Maritain en su libro “El Hombre y el Estado”

La vida social une a los hombres en cuanto hay un objeto que así lo haga conveniente, el que tendrá connotaciones espirituales y materiales, en torno a este objeto se tejerán todas las relaciones humanas de esa agrupación.

En la comunidad, el objeto es anterior a la razón humana por cuanto es obra de la naturaleza y actúa independiente de la inteligencia y voluntad del hombre, creando en los componentes del grupo de una siquis común inconsciente, estructuras sicológicas, sentimientos y costumbres comunes.

En la sociedad, el objeto es una tarea o fin que cumplir, determinado por la razón humana, por lo que dependerá de la inteligencia y de la voluntad del hombre.

Así entonces, la comunidad surge como un producto del instinto del hombre y de la herencia, por lo que la persona está internamente ligada al grupo y la siquis colectiva inconsciente tiene gran influencia sobre ella, en cambio, la sociedad aparece como obra de la razón humana y la fuerza moral del hombre, por lo que adquiere prioridad la conciencia personal. Maritain da algunos ejemplos de esto: Comunidades; grupos regionales, grupos étnicos y clases sociales. Sociedades; firmas comerciales, sindicatos, asociaciones científicas y sociedades políticas.