Septiembre 2018

PATRIA Y UNIDAD NACIONAL

Quiero compartir con Uds., la ética y el espíritu patrio que debiera tener todo chileno y chilena bien nacido(a) y en particular los miembros de las Fuerzas Armadas, cuya esencia queda perfectamente resumida en las palabras de estos juramentos y arengas, que representan el grado más alto de compromiso personal con la Patria.

 “Yo, juro por Dios y por esta bandera,

servir fielmente a mi Patria, ya sea en mar, en tierra o en cualquier otro lugar;

hasta rendir la vida si fuese necesario;

cumplir con mis deberes y obligaciones militares,

conforme a las leyes y reglamentos vigentes;

obedecer con prontitud y puntualidad las órdenes de mis superiores,

y poner todo mi empeño en ser un soldado valiente,

honrado y amante de mi Patria”.

 

“Muchachos, la contienda es desigual.

 Nunca se ha arriado nuestra bandera ante el enemigo;

 espero pues, no sea esta la ocasión de hacerlo.

 Mientras yo esté vivo, esa bandera flameará en su lugar,

 y os aseguro que, si muero, ¡mis oficiales sabrán cumplir con su deber!”

 

 “O vivir con honor o morir con gloria; el que sea valiente que me siga” …

 

Como se puede apreciar, la Patria queridos connacionales, es lo que se ama; es el sentimiento de un lazo común en el presente y en el pasado, que junta en una unidad corazones y conciencias; es la comunidad moral e histórica de la que nos reconocemos parte; es el nexo espiritual que da vida a la nación, es su conciencia y sentimiento. La Patria es en gran parte la obra de todos los que la sienten; es como el ser amado que, para serlo, necesita que alguien lo ame. Pero la Patria no es algo abstracto: es la tierra en que nacimos y nos formamos, son sus hombres y mujeres, sus valores y todo aquello que supone su defensa. Donde el servicio a la Patria se concreta es en el servicio a los hombres, a la justicia que debe ordenar su convivencia, a su dignidad, a su libertad y, en definitiva, al bien común.

Por lo expuesto, la Patria es un valor supremo, que trasciende al hombre y que es, evidentemente, algo más elevado que la política contingente o que la política partidista. En este sentido, la Patria constituye un valor supra político, que está por encima de banderías, grupos, clases o estamentos.

En lo particular, las Fuerzas Armadas son los guardianes de la Patria, son guardianes frente al exterior, sin duda, y en el interior también tienen misiones que cumplir; pero su principal guardia debe estar encaminada a que no se desvirtúe la noción de Patria… porque la Patria designa a la heredad completa del hombre; ella no sólo está formada por los ciudadanos que en un momento dado habitan en su territorio, sino por la memoria y el recuerdo de cuantos chilenos, a través de la historia, escribieron en ella páginas brillantes y nos han legado su nombre y sus hazañas. Y está formada también, por la esperanza en quienes han de sucedernos y continuarán el relato interminable de nuevos esfuerzos, de nuevos sacrificios. Por eso, debemos tener presente que, al defender la Patria, defendemos nuestro mañana, no nuestro ayer.

La defensa de la Patria, concebida como un derecho y un deber ciudadano, es sin duda, un Fin Permanente del Estado, porque su exigencia, es la garantía misma de la indisolubilidad de la Nación. Sería utópico pensar que la unidad de la Patria no corre peligro, en ningún momento, y que por ello no es necesaria una Política de Defensa. La Patria necesita ser defendida, en otro caso, estaría inerme frente a terceros. No basta con creer en la unidad de la Patria, es preciso saber que hay que defenderla y poner los medios adecuados en cada instante para hacerla operativa.

Así entonces, la unidad nacional es un proceso dinámico de integración de aquellas personas y grupos que conforman una determinada comunidad nacional, quienes, participando activa o pasivamente en el devenir del cuerpo social y bajo la conducción superior de la legítima autoridad, intentan alcanzar el nivel de cohesión y consenso requeridos para el logro de sus fines, ciñéndose en su accionar a un marco que se establece sobre los siguientes apoyos:

a) Un fundamento simbólico, definido por emblemas comunes tales como la bandera, el escudo de armas y el himno nacional. (Simbolismos)

b) Una base de sustentación axiológica, que se construye a partir de valores permanentes y esenciales. (Valores)

c) Uno de carácter pragmático, delimitado por un cuerpo de objetivos que, racionalmente, se han determinado como necesarios de alcanzar. (Objetivos)

El mantenimiento de la unidad nacional, es sin duda uno de los fines permanentes que subyacen en el espíritu de nuestra constitución. Esta unidad es inherente a los conceptos de nación y de patria; como dijo José Primo de Rivera, corresponde a aquella “unidad de destino en lo universal”, es decir, que un mismo destino es común a una variedad de hombres. Por otra parte, un alto nivel de conflictualidad en la sociedad produce una disociación del cuerpo político y juega un papel desintegrador que impide la consecución de los objetivos de esa misma sociedad. Tal disociación, de no ser superada por los caminos institucionales, puede conducir a una pérdida de la unidad nacional tan severa y grave que provoque un desmembramiento de la nación.

En esa dimensión, adquiere su mayor fuerza la concepción montesquiana en cuanto a que “la sociedad no la hacen los hombres, sino la unión de los hombres”. Luego, es problema de ellos mismos, gobernados y gobernantes, disminuir, y ojalá eliminar, aquellos antagonismos que surgen, la más de las veces por ambiciones personales, por intereses cupulares político-partidistas, gremiales o sindicales; o bien como consecuencia del intento de aplicación de proyectos ideológicos, cuyos contenidos se oponen, radicalmente, a la concepción cristiana occidental de vida en sociedad.

Una forma de reducir estos antagonismos y propender a fortalecer la unidad nacional es, como señala Joaquín García-Huidobro, “fomentar la confianza”. Para ello, debemos evitar magnificar aquellos factores que nos dividen y, por el contrario, destacar la herencia que no es común a todos los chilenos en los aspectos espacial, temporal y cultural; enfatizando aquellos elementos que nos vinculan y que dicen relación con nuestra historia y con el modo de vivir que nos es propio.

La unidad nacional es un factor esencial para poder defender adecuadamente los intereses nacionales y para evitar que potencias extranjeras puedan, impunemente, cometer hechos afrentosos a la dignidad de nuestra Patria. Esta unidad es un elemento fundamental para la seguridad nacional, puesto que, como bien lo señaló en su oportunidad el almirante Jorge Arancibia Reyes de nuestra Armada Nacional, “las Fuerzas Armadas asientan su poderío en la unidad nacional”.

Al finalizar estas palabras, quisiera traer el recuerdo de una frase de Tucídides, que siempre cobra especial relevancia y actualidad: “La fortaleza de la ciudad no está en sus naves ni en sus murallas, sino que en el espíritu de sus ciudadanos”.