Diciembre 2018

El SOMME

A propósito de las recientes conmemoraciones del centenario del armisticio de la Primera Guerra Mundial, firmado en Rethondes (Francia) el 11 NOV 1918, cuya causa recordemos se inició con las hostilidades entre Austria-Hungría y Serbia, a raíz del asesinato del archiduque Francisco Fernando de Habsburgo, heredero del trono austro-húngaro, cometido en Sarajevo el 28 de junio de 1914 por Gavrilo Princip, un nacionalista serbio…, me permito darles a conocer una batalla que se considera hoy en día un sinónimo de locura militar y derramamiento inútil de sangre, aunque, en realidad, había buenas razones para intentar el masivo asalto. El equilibrio militar de la época favorecía al defensor, pero no parecía haber otro modo de romper el punto muerto.

Al principio de la primera guerra mundial, los pensadores militares esperaban una guerra de Maniobras, en la cual la caballería desempeñaría su tradicional función como brazo de ataque. Efectivamente, al principio ocurrió, de hecho algo así, y en algunas áreas del frente oriental la guerra conservó un carácter decimonónico, incluyendo alguna refriega con sables entre brigadas de caballería opuestas. 

En occidente, en cambio, se hizo pronto evidente que el defensor tenía una enorme ventaja sobre el atacante.  Las cosas habían ido en este sentido durante algún tiempo. Durante la guerra civil estadounidense y la guerra francoprusiana, la precisa potencia de fuego a larga distancia de los fusiles de infantería, convirtió los asaltos de infantería o caballería en maniobras peligrosas. Las ametralladoras inclinaron más la balanza, aunque eran pesadas e incapaces de reorganizarse con rapidez. La guerra en el frente occidental adoptó muchas de las características de un asedio, con fuerzas bien atrincheradas en ambos lados que combatían desde detrás de obstáculos con alambradas.

Entre las grandes ofensivas, la guerra se convirtió en una sucesión de ataques y contraataques en los que la artillería machacaba las trincheras enemigas. La infantería que defendía las posiciones avanzadas estaba sometida a unas condiciones horribles, acurrucada en sus embarrados refugios excavados y soportando el bombardeo sin poder responder. Hallarse bajo el fuego sin poder dar respuesta es una de las experiencias más agotadoras moralmente que el hombre pueda padecer, y, como era de esperar, la moral se convirtió en un problema.

Había que hacer algo, por varios motivos. La presencia de tropas alemanas en suelo aliado significada que no era políticamente viable permanecer a la defensiva, y esperar que el bloqueo naval acabara sometiendo a Alemania. La fortaleza francesa de Verdún estaba    entonces también bajo presión. En pocas palabras, había que atacar y derrotar al ejército alemán. Sería una empresa costosa en cuanto a material y bajas; no obstante, cuando se formuló el plan en enero de 1916, los aliados creían que podía hacerse.

El principal partidario del plan era el comandante francés, mariscal Joseph Joffre. Quería una ofensiva en la región del Somme, por las razones indicadas más arriba, y el comandante inglés, general sir Douglas Haig, estaba dispuesto a tomarla en consideración. Haig prefería la idea de un ataque en otro lugar, como en Flandes, donde el terreno era mejor y había más objetivos estratégicos. También deseaba esperar los refuerzos que el nuevo sistema de levas ofrecería, y la llegada de tropas nuevas de todo el imperio. Existía también la posibilidad de que una nueva arma secreta, con el nombre en clave de tanque, pudiera ser de alguna ayuda, sin embargo, Joffre no podía esperar.

Haig propuso un asalto a mediados de agosto. Sin embargo, Joffre mantuvo firmemente que el ejército francés no existiría entonces. Había propuesto originalmente utilizar dos ejércitos franceses en la ofensiva del Somme, pero la máquina de picar carne de Verdún redujo las posibilidades francesas, y la oferta inicial de 40 divisiones fue modificada a 16. El resto tendría que venir de los ingleses. No obstante, el ataque parecía factible, y era vital hacer algo, así que Haig aceptó. La fecha de inicio de la ofensiva se fijó en el 1 de julio de 1916, y se asignó una fuerza que constaba de 21 divisiones para la ofensiva inicial, con tres divisiones de infantería y cinco de caballería en reserva para el seguimiento de una victoria.

Fuertes Defensas; aunque el sector del Somme había estado bastante tranquilo, los preparativos defensivos alemanes habían sido continuos. Las trincheras estaban respaldadas por puestos fortificados y refugios subterráneos en un impresionante complejo defensivo, que tenía también instalaciones médicas, cocinas, lavanderías y centrales eléctricas. Muchas de estas instalaciones estaban ocultas en bosques o pueblos, y su existencia no era evidente para el bando aliado.

Los aliados tendrían que cruzar terrenos bajos y combatir cuesta arriba hasta la primera línea de posiciones alemanas, que estaba dominada por la segunda, y así sucesivamente. Los defensores disfrutaban de excelentes perspectivas del campo de batalla, dificultando mucho los preparativos y maniobras ocultos, y tenían vastas reservas de munición y numerosas armas pesadas. Su posición elevada tenía también ventajas psicológicas.  Los preparativos aliados para la ofensiva no fueron observados solo desde las posiciones enemigas. La seguridad operacional era escasa, y los comentarios de los oficiales ingleses y franceses llegaban hasta los informes de la inteligencia alemana. Cuando los aliados iniciaron su masivo bombardeo de artillería el 24 de junio, los alemanes ya sabían que se preparaba algo. Incluso habían adivinado la fecha del asalto previsto.

Aunque se dispararon 1,75 millones de proyectiles de artillería contra las posiciones alemanas en el bombardeo preparatorio de seis días, las defensas no se vieron gravemente trastornadas. El fuego de artillería debía cortar las alambradas enemigas, aunque todo lo que tendía a hacer era desplazarlas y enredarlas aún más. Los cráteres embarrados de los proyectiles dificultaban el avance y, para completar el sufrimiento, las fuertes lluvias convirtieron toda la región en un lodazal.

Aunque se habían introducido levas obligatorias en Inglaterra, la mayoría de los soldados que esperaban para saltar de las trincheras eran unidades voluntarias del nuevo ejército de Kitchener. Entre los atacantes había varios nombres notables: los futuros comandantes militares Montgomery y Wavell, así como Siegfried Sassoon y John Masefield. Del lado alemán, se encontraba un cabo austriaco voluntario llamado Adolfo Hitler, estaban preparadas para recibir y rechazar el asalto. Hubo bajas, y un bombardeo de seis días, incluso en las profundidades de un búnker, no es cosa de broma. No obstantes, los defensores sabían que estaban bien preparados para enfrentarse al ataque que se avecinaba. Su artillería tenía registrado el campo de batalla entero por cuadrículas del mapa, y se podía pedir fuego con rapidez sobre cualquier concentración enemiga.

Los defensores veían claramente el terreno frente a sus posiciones y conocían los estrechamientos y las rutas evidentes hacia los que se canalizarían los atacantes. Sus ametralladoras estaban preparadas para barrer estas áreas cuando el enemigo pasara por ellas. Sí de alguna manera, la primera línea de trincheras fuera tomada, los defensores podrían retirarse a posiciones secundarias y continuar el combate de ellas.

El primer día, la ofensiva se inició a las 07.30 del 1 de julio, en buena medida como habían previsto los alemanes. A lo largo de toda la línea, las unidades atacantes se pusieron en movimiento dando tumbos, y los defensores empezaron a disparar sobre ellas. Las fuerzas inglesas entraron en acción en largas líneas, avanzando por un terreno difícil y deteniéndose para lograr atravesar las marañas de alambradas. Los informes iniciales que recibió Haig eran bastante optimistas. A las 08.00 registraría que todo iba bien y que se habían invadido las primeras posiciones enemigas. Esto no era del todo exacto. La realidad es que las tropas inglesas estaban siendo abatidas por millares, muchas veces a poca distancia de sus trincheras o en brechas en las alambradas que estaban quedando obstruidas con los cuerpos.

Entre tanto, las fuerzas francesas pasaban apuros. Sus soldados iban menos cargados que los ingleses y se valían de tácticas más flexibles, corriendo de una posición a otra mientras otros cubrían el avance con fuego de fusiles. Aunque sus bajas eran menores, la fuerza francesa bajo el mando del general Fayolle no tenía los efectivos necesarios para abrir un hueco en las líneas alemanas.

Horrendas Bajas, el primer día de la ofensiva del Somme ocasionó unas 57.470 bajas inglesas, de las cuales casi 20.000 fueron muertos. Solo fueron capturados 585 hombres, porque pocos de los soldados ingleses se acercaron lo suficiente a las líneas alemanas. Algunas unidades, como el 1er. Regimiento de Terranova canadiense habían sido prácticamente destruidas. Esta matanza resultó aún peor por la pesada formación lineal utilizada por las unidades atacantes, aunque, con tropas tan poco experimentadas, tal vez no hubiera otra alternativa.

Los ingleses habían atacado con 200 batallones en 17 divisiones de unos 100.000 hombres, De ellas, solo cinco divisiones llegaron a las posiciones enemigas. Las demás fueron detenidas en tierra de nadie, los defensores eran simplemente demasiado fuertes. El regimiento irlandés de Tyneside, con unos 3.000 hombres, sufrió casi un 100% de bajas. Inició su avance detrás de la línea principal de salida, respaldando el ataque inicial. A pesar de que esta formación no era una amenaza inmediata para los defensores, recibió un fuego tan fulminante mientras avanzaba que no llegó a cruzar la línea de salida. Un total de 550 hombres fueron muertos o heridos en un batallón y 600 en otro. Las bajas podían haber sido mayores si no fuera porque muchos defensores hallaron tan repugnante la matanza que interrumpieron el fuego tan pronto como los atacantes de su sector se detuvieron, y permitieron que los supervivientes se retirasen sin ser molestados.

La Ofensiva toca a su fin, a medida que empeoraba el tiempo, los aliados atacaron una y otra vez, golpeando las posiciones alemanas hasta el 19 de noviembre, cuando la operación fue interrumpida. En ese momento, los aliados no habían avanzado más que 11 Km a lo largo de un frente de 32 Km. A mediados de noviembre, las cifras de bajas llegaron a 419.654 para los ingleses y 194.541 para los franceses, y esto mientras continuaba la matanza de Verdún. Estas inmensas pérdidas (poco menos de 615.000) fueron sufridas sin lograr abrirse camino a través de las posiciones del Somme. No obstante, el ejército alemán sufrió 650.000 bajas rechazando el asalto, lo que tuvo graves repercusiones. El ejército alemán de 1914 era un espléndido instrumento militar construido sobre las tradiciones militares prusianas y las victorias de Francia y Austria. Cuando empezó 1917, era una fuerza cansada y desanimada, cuyos mejores hombres habían caído en los combates del Somme.

Como secuela, la batalla de Somme debilitó la confianza del ejército inglés. Dio fin a la carrera militar de Joffre, aunque Haig fue ascendido a mariscal de campo al final del año. La batalla se recuerda como la peor carnicería de la historia militar británica, aunque de algún modo logró alcanzar sus objetivos. El ejército alemán fue duramente golpeado y tal vez quedó consternado por la tenacidad de los atacantes. Cualquiera que fuese la razón, el ejército alemán se retiró a la línea Hindenburg, más fácilmente defendible, en febrero de 1917. 

FICHA DE LA BATALLA

Quiénes participaron: El 3er y 4to Ejército Británico, con apoyo del 6to Ejército Francés, atacando al 2do Ejército Alemán.

Cómo: Tras una masiva preparación de artillería, las fuerzas inglesas y francesas atacaron las posiciones alemanas y avanzaron de forma penosa, obligando a costosos contraataques para recuperar el terreno perdido.

Dónde: Entre los ríos Somme y Ancre, en el frente occidental en Francia.

Cuándo: Del 1 de julio al 18 de agosto de 1916.

Por qué: Con la guerra estancada y las tropas enemigas atrincheradas en suelo aliado, era necesario recuperar la ofensiva y romper las líneas alemanas. La necesidad de reducir la presión sobre Rusia y sobre los franceses en Verdún, también fue una de las causas.

Resultado: Tras sangrientos combates y bajas por ambos lados, se obtuvieron escasas ventajas. No obstante, el Ejército Alemán perdió a muchos de sus mejores hombres y más tarde se retiró a la línea Hindenburg.