Julio 2019

LA FUNCIÓN MILITAR…SU SENTIDO

Antes de hablar brevemente de la función militar, es necesario recordar su contexto, es decir, donde se desarrolla su accionar, me refiero a la Defensa Nacional. Entenderemos que la finalidad de la defensa, es la de precaverse contra un daño, riesgo o peligro, en otras palabras, la defensa tiene por finalidad garantizar la seguridad; concepto que entraña la capacidad de protección ante las diversas amenazas, evitando las situaciones de vulnerabilidad.

La defensa o los medios de la defensa, han de tener como meta prioritaria la búsqueda y el mantenimiento de la seguridad. La defensa vendría a ser una causa, cuyo efecto es el de producir una cierta condición de seguridad. Así entonces, el concepto de “seguridad” corresponde a una situación o condición y el de “defensa” al medio o instrumento para alcanzar y mantener esa situación o condición.

Derivado de lo expuesto, tenemos que la fuerza militar es un instrumento al servicio del bien común y de la paz; paz que es por lo demás una condición del bien común. Y la paz, aun cuando tiene que ser buscada y construida primariamente con factores morales y espirituales, como son la justicia y el amor, necesita apoyarse sobre una medida de poder, pues como sabemos, la idea de potestad descansa en último término en la posibilidad de usar la fuerza.

Los gobiernos de cada Estado no solo tienen el derecho, sino que el deber de proteger su seguridad con una defensa legítima. Así, las Fuerzas Armadas no sólo cumplen una función legítima, sino que necesaria y recomendable; ellas se preparan para el uso racional de la fuerza en caso necesario. El fin superior, que da sentido al uso de la fuerza y a la función militar y más aun los justifica, es la paz; pero entendida ésta como la tranquilidad del orden natural, una paz justa y digna. En este sentido, el obispo, teólogo y filósofo español José Guerra Campos, establece que “la fuerza militar tiene que hacer muchas veces la guerra, pero el fin que justifica ese medio es la paz”.

Un Ejército es, ante todo, una fuerza organizada, disciplinada, ordenada al servicio del bien general y al servicio de la comunidad, es decir, la fuerza como servidora del bien común. Como lo mencionó Raúl Hasbun en A Orar por la Patria, “La función militar descansa en los mismos supuestos contenidos en nuestro escudo patrio: por la razón o la fuerza. La fuerza de la razón es determinante y merece la primera prioridad, ya que solo si se agota su viabilidad, es lícito apelar a las razones de la fuerza”.

A quienes hemos profesado la carrera de las armas, nuestro paso por la vida militar no nos ha hecho pensar nunca que las Fuerzas Armadas, fuesen la simple plasmación del odio, de la violencia o del abuso. Muy por el contrario, hemos servido con abnegación, principalmente por vocación y sin pensar en la paga, muchas veces insuficiente y muy por debajo de la que recibe un profesional civil de preparación y responsabilidades equivalentes, más aun, sacrificando a nuestras familias y estando permanentemente dispuestos a entregar nuestra vida por la patria, lo que no es una mera frase retórica, nuestra historia patria así lo refleja.

Así entonces, las Fuerzas Armadas son un medio necesario para la defensa legítima, en orden a establecer la paz; constituyen un factor continuo de paz y de convivencia fraternal. Un hombre o mujer dedicado a la profesión de las armas, con sus funciones y virtudes características (disciplina, respeto, honor, patria, servicio, amistad, sacrificio…) puede convertirse en foco irradiante de servicio ilimitado a los demás hombres, ya que precisamente vive estas virtudes en profundidad.

Pese a las manzanas podridas que siempre existen en las organizaciones e instituciones cualquiera que ésta sea, ya que están constituidas de seres humanos con sus virtudes y defectos, la inmensa mayoría de quienes profesan la carrera de las armas son profesionales de la guerra, técnicos de las armas y del uso de la fuerza militar organizada, pero junto con ello son también hombres y mujeres, ciudadanos(as) conscientes y responsables. No debe quedar duda que las instituciones y sus integrantes, cumplen una función necesaria y útiles a la patria, tanto en su rol específico militar como en su rol de colaboradores permanentes a la sociedad (Estados de catástrofes, emergencias, innovaciones tecnológicas…).

En las Fuerzas Armadas se da el ideal del amor a la patria, de hacerla cada día más próspera, feliz y grande. Lo que le da sentido a la vida militar, es el culto a aquellos valores que son por nosotros tan preciados: Dios, patria y familia; justicia y libertad; disciplina y sacrificio; honor y valentía. Quienes hacen de su vida una profesión de servicio a la patria, una profesión que involucra riesgos, incluso el de la propia existencia, están dispuestos a dar lo más preciado de sí en defensa de esos valores y tras la consecución de ese ideal.

En su interior, se da la profunda convicción de las virtudes de nuestro pueblo y en los valores más preciados de nuestra patria y de nuestra fe, lo que impulsa a nuestras Fuerzas Armadas a asumir sus responsabilidades constitucionales, preservando la existencia de la nación y de todo lo que ello significa; su estructura institucional, su prestigio, su dignidad y su honor. Es en ese sentimiento y en el sacrificio con que nuestras Fuerzas Armadas se han comprometido para salvaguardar esos valores, donde radica su fuerza moral.

Finalmente, insto a tener y mantener la convicción más profunda, que la carrera de las armas no es ni ha sido nunca una simple disciplina mecánica, fría, irrazonada, que anula la personalidad, como algunos pretenden identificarla. Por el contrario, el sentido de la carrera militar es más profundo y más trascendental, es el fortalecimiento consciente de la disciplina, es un medio para conquistar el camino de lo imperecedero, es un culto al honor, es la práctica de la mística de la lealtad, es el esfuerzo de todos los días por sobreponer lo espiritual a lo material, es sacrificio, es un desafío constante que no rehúye peligro alguno, todo ello con un solo objetivo; servir a la patria. Debemos seguir confiando en nuestras Fuerzas Armadas, éstas instituciones han sido y serán siempre un tremendo baluarte y garantía de libertad, soberanía y seguridad.