Mayo 2019

 

PROSPECTIVA, TRAER EL FUTURO AL PRESENTE

¿Sabían Uds., que la palabra prospectiva tiene un origen latino?, el verbo “prospicere” significa mirar a lo lejos o desde lejos, es decir, discernir algo delante de uno. Una definición general, entiende a la prospectiva como el conjunto de estudios que se llevan a cabo sobre un tema o situación particular, a modo de determinar lo que ocurrirá de forma anticipada, se utiliza como un adjetivo que se relaciona con el futuro. Michel Godet decía que el futuro no está escrito, está por hacer; establece que todos los que pretenden predecir o prever el futuro son unos impostores, ya que el futuro no está escrito en ninguna parte: está por hacer. Felizmente, puesto que, sin esta incertidumbre, la acción humana perdería sus grados de libertad y su sentido, la esperanza de un futuro deseado. Si el futuro fuera totalmente predecible y cierto, el presente sería insoportable: la certidumbre es la muerte.

En la génesis de la prospectiva, se encuentra un postulado de libertad frente a múltiples e indeterminados futuros, por tanto, nada tiene que ver con el determinismo de la futurología y de la bola de cristal. Si hay algo seguro, la prospectiva, no es una previsión excesivamente marcada por la cuantificación y la extrapolación de tendencias.

Por su parte, la futurología es un concepto en boga, especialmente en el mundo anglosajón, abarca el conjunto de las investigaciones sobre el futuro, sin referencia explícita a los criterios de globalidad y de voluntad. La futurología en Europa, es frecuentemente considerada como un avatar de la bola de cristal o como una variante de la ciencia ficción. Paralelamente, el concepto de prospectiva está extendido principalmente en el mundo latino (Europa-América Latina). Otra diferencia notable entre dos mundos culturales, se encuentra en un concepto adquirido al otro lado del atlántico (Technological Forecasting), el cual dice relación con un carácter explicativo casi global de la evolución de la sociedad. En general, en Europa suele considerarse como una previsión tecnológica limitada a la evolución de las ciencias, de las técnicas y de sus consecuencias, debido a la firme idea según la cual, la ciencia por ser tan sólo un producto de la sociedad, no basta para explicarlo. La previsión construye un futuro a imagen del pasado: la prospectiva apuesta por un futuro decididamente diferente del pasado, ya que los problemas cambian con más rapidez de lo que se tarda en resolverlo, y prever estos cambios es más importante que hallar soluciones que se aplicarían a problemas pasados.

La prospectiva no contempla el futuro en la única prolongación del pasado, porque el futuro esta abierto ante la vista de múltiples actores que actúan hoy en función de sus proyectos futuros. Por tanto, el futuro no ha de contemplarse como una línea única y predeterminada en la prolongación del pasado: el futuro es múltiple e indeterminado. La pluralidad del futuro y los grados de libertad de la acción humana se explican mutuamente: el futuro no está escrito, está por hacer.

El futuro, razón de ser del presente, en este sentido, el deseo sale a la conquista del tiempo futuro para dar un sentido a las vivencias presentes. El futuro es la razón de ser del presente, esta bella fórmula de Gastón Berger revela que el presente puede ser rico o pobre del futuro que tiene ante sí. En gran parte, lo que se experimenta en el futuro es el resultado de las acciones pasadas, lo que se desea explica las acciones presentes. Es decir, el futuro no solo está explicado por el pasado, sino también por las imágenes del futuro que se imprimen en el presente. Así, por ejemplo, el consumo de un individuo en un momento dado no depende únicamente de sus ingresos anteriores (ahorro), sino también de los ingresos futuros que él mismo anticipa (crédito), como muy bien ha demostrado Milton Friedman en su teoría de los ingresos permanentes. Hay que contemplar el futuro para iluminar el presente.

Se puede destacar de paso, que lo que condiciona el presente, es ante todo la representación, es decir, la imagen que uno mismo se hace, equivocada o acertadamente del futuro. Por tanto, preguntar a los actores sobre su visión del futuro es siempre revelador de su comportamiento estratégico y, aunque esta visión pueda parecernos errónea, hay que tenerla en cuenta.

La representación del abanico de futuros posibles, depende también de la lectura del pasado. En cierto modo, el pasado es tan múltiple e incierto como el futuro. La historia nunca es definitiva, sino que siempre está en reconstrucción. El hecho es uno, pero su lectura es múltiple. Todo depende de la línea que se siga en su interpretación. De ahí la importancia que reviste abrir el campo de la imaginación a otras representaciones tanto del pasado como del futuro.

La prospectiva entonces, es una reflexión para iluminar la acción presente con la luz de los futuros posibles. En las sociedades modernas, la anticipación se impone a causa de los efectos conjugados de dos factores principales: a) La aceleración del cambio técnico, económico y social requiere una visión a largo plazo, ya que, como decía Gastón Berger, “cuando más a prisa se va, más lejos deben iluminar los faros”. b) Los factores de inercia relacionados con las estructuras y con los comportamientos exigen sembrar hoy para cosechar mañana, “cuanto más alto es el árbol, más pronto hay que plantarlo”.

A pesar de que el mundo cambia, la dirección de este cambio no parece estar garantizada. Las mutaciones son portadoras de muchas incertidumbres (económicas, tecnológicas y sociales entre las más relevantes) que los hombres y las organizaciones han de integrar en su estrategia. La prospectiva no pretende eliminar esta incertidumbre con una predicción ilusoria, sino tan solo, y ya es mucho, reducirla todo lo posible y tomar decisiones que van en el sentido del futuro deseado. Naturalmente, el lugar ocupado por la prospectiva varía mucho de una organización a otra. Frente al futuro, de una manera muy simplista y gráfica, pueden identificarse cuatro actitudes tipo en los dirigentes:

a)  la del avestruz (pasividad), la actitud del avestruz consiste en renunciar a ver al mundo tal como es hasta que los cambios se imponen, a veces con toda su dureza.

b)  la del bombero (reactividad), esta es menos pasiva y consiste en esperar a que se declare el fuego para combatirlo. La experiencia demuestra que es una política muy arriesgada.

c)   la del asegurador(preactividad), ésta y

d)  la del conspirador (proactividad), son las de mayor inclinación, hacia la anticipación de las amenazas y oportunidad en que se anuncian en el horizonte, con el fin de corregir la ruta sin por ello abandonar el rumbo. Desafortunadamente, esta actitud de vigilancia no es la más frecuente en los dirigentes, puesto que, si todo va bien, no la necesitan y si todo va mal, de nada les sirve. De este modo aprenden a sus propias expensas, que la reparación suele ser más cara que la prevención.

A modo de reflexión final, la sociedad no puede ser reducida a la condición de una máquina destinada a producir y vender valor agregado. La productividad de las empresas no garantiza la competitividad; también son necesarias la calidad y a innovación que dependen ante todo del comportamiento, de la iniciativa y de la imaginación de todos y en todos los niveles. Por esto, cada vez resulta más evidente que el principal factor de competitividad y de excelencia es el factor humano y organizativo. Según la bella fórmula del Instiitut de I´Entreprise, “son los hombres y las organizaciones los que marcan la diferencia”. La visión global es necesaria para la acción local; cada uno a su nivel debe poder comprender el sentido de sus acciones, es decir, resituarlas en el proyecto más global en el cual se insertan. La movilización de la inteligencia es tanto más eficaz en cuanto que se inscribe en el marco de un proyecto explícito y conocido por todos. Movilización interna y estrategia externa son, pues, dos objetivos indisociables que no pueden alcanzarse por separado.

El éxito del proyecto de empresa pasa por la apropiación. Debido a su transparencia, la movilización colectiva no puede conducir directamente a las elecciones estratégicas, por naturaleza confidenciales. Es, por tanto, la reflexión prospectiva colectiva sobre las amenazas y oportunidades del entorno, la que confiere contenido a la movilización y permite la apropiación de los objetivos de la estrategia.

Es así entonces, que la apropiación intelectual y afectiva constituye un punto de paso obligado para que la anticipación cristalice en acción eficaz. Nos encontramos pues, ante las tres componentes del triángulo griego: LOGOS (el pensamiento, la racionalidad, el discurso), EPITHUMIA (el deseo en todos sus aspectos, los nobles y los menos nobles) y ERGA (las acciones, las realizaciones). El matrimonio entre la pasión y la razón, entre el corazón y el espíritu es la clave del éxito de la acción y del completo desarrollo de los individuos (el cuerpo).

Como se puede apreciar, la prospectiva es mucho más que traer el futuro al presente. El camino que conduce de la anticipación a la acción está sembrado de obstáculos; hay que plantearse sucesivamente buenas preguntas, reducir la incertidumbre sobre los posibles escenarios, analizar los movimientos de los actores, identificar y evaluar las opciones estratégicas. En resumen, se necesitan armas para los “conspiradores” del futuro.