Noviembre 2019

La Balanza… y la Espada

 

A razón de lo que vive hoy en día la sociedad chilena, me permito compartir esta breve reflexión... Los hombres efectivamente deben ser libres para elegir y para actuar, pero esta libertad, debe ser guiada por un conocimiento moral de las consecuencias de nuestras acciones y en especial sobre aquellos que nos rodean. La sociedad debe ser abierta, pero no tan abierta como para que los valores que sostienen a los hombres y que mantienen la civilización caigan en decadencia. No puede haber libertad sin un orden social, la libertad y el orden son necesarios para mantener unida la sociedad. Hay una íntima conexión entre la libertad y la organización social, entre la libertad y el Estado de Derecho.

Por razones de conservación y para alcanzar sus fines de perfeccionamiento y progreso social, el Estado ha creado e impuesto normas jurídicas, de diferente índole, que regulan la conducta de los individuos sujetos a su jurisdicción, de sus órganos y del Estado mismo. Estas normas constituyen el orden jurídico. La coacción es un presupuesto en la existencia de la norma jurídica, porque la observancia de ella no puede quedar entregada a la voluntad de los individuos; de ahí que pueda sostenerse que no puede haber orden jurídico sin que haya una fuerza de la cual el Estado pueda servirse para el acatamiento de las normas jurídicas, o sea, para preservar el orden jurídico.

La naturaleza del hombre y de la sociedad revelan la imposibilidad práctica de que la disciplina colectiva se imponga espontáneamente en todo momento, y demuestran la realidad de tendencias y factores que contribuyen a quebrantar el orden jurídico, de modo más o menos grave. Se hace entonces indispensable que, para el cuidado del bien común, el Estado disponga de los medios coactivos necesarios para resguardar el orden público y remediar con prontitud y eficacia las alteraciones que se produzcan o que se teman, so pena de caer en la anarquía. Recordemos que la anarquía significa una situación social, en la que se da a todos los miembros de la comunidad un poder ilimitado. Donde impera la anarquía no hay reglas coactivas que todo individuo esté obligado a reconocer y obedecer. Todo el mundo es libre de hacer lo que quiera, no hay Estado o gobierno que imponga límites al ejercicio arbitrario de ese poder. Hobbes decía que en la anarquía habría una guerra perpetua de todos contra todos, él llegaba a esta conclusión, suponiendo que la naturaleza ha hecho a todos los hombres esencialmente iguales, en facultades mentales y físicas, pero en realidad los hombres son muy desiguales en fuerza corporal e intelectual. De ahí que una lucha de todos contra todos en un estado de anarquía hubiera de acabar, probablemente, con la captura del poder por un hombre o grupo de hombres y con la subyugación de la multitud. Es tanto más probable que ocurriera esto, cuanto que los hombres prefieren el yugo de un poder fuerte a una situación prolongada de caos y desorden.

El Estado no sólo encuentra en su mismo seno hombres y grupos que se oponen a su ordenación de bien general, sino que, como su existencia y personalidad le ponen forzosamente en relación con otros Estados, resultante de la ineludible convivencia nacional o también internacional, a veces encuentra pugnas en el ejercicio de su soberanía.

Es por ello que diversos autores han expresado, con razón, sentencias tales como las siguientes: “La balanza que simboliza al derecho y a la razón no puede prevalecer sobre la violencia y el crimen sin la espada, que simboliza al poder y a la fuerza”. “El derecho debe incluir la fuerza en sí, el derecho sólo puede ser acción si puede recurrir al uso de la fuerza. La fuerza va siempre ligada a servir al derecho, sea para imponerlo, sea para defenderlo”. “Para gobernar tanto son menester las armas como las letras y las letras como las armas”. “Armas y leyes son dos caras de la misma moneda”. “Por la razón o la fuerza”, “La justicia sin la fuerza es impotente; la fuerza sin la justicia es tiránica. Es necesario hacer coincidir la justicia y la fuerza, de forma que la justicia sea fuerte, y la fuerza sea justa”, “Donde hay sociedad hay autoridad”. “Toda autoridad proviene de Dios. Si Dios hace a los reyes, es para que gobiernen, para que ejerzan un poder, para que sostengan la balanza y la espada”. “Derecho y fuerza parecen indisociables como anverso y reverso del Estado de derecho”.

“No se debe a la casualidad el que la justicia se presente simbólicamente provista de la balanza y de la espada. La defensa del derecho que el Estado realiza a través de la jurisdicción no se agota en razonamientos del juez, y a fin de que estos puedan traducirse en realidad, es necesario, que detrás de la balanza del juzgador, vigile la espada del ejecutor”.

“Sea lo que sea, derecho y violencia, en lugar de excluirse, se apoyan recíprocamente en ciertas condiciones. Incluso un Estado de derecho no puede escapar a este destino, pues si es impugnado por una violencia ilegítima, si quiere sobrevivir, ha de usar a su vez la violencia al servicio del derecho.”

Es así entonces que la coacción al servicio del Derecho; la fuerza material apta para mantener la vigencia del ordenamiento jurídico; los medios eficaces para hacer respetar la independencia del Estado y su actividad en la comunidad, imponen la existencia y la misión de las Fuerzas Armadas, y de las Fuerzas de Orden y Seguridad Pública, siendo así, uno de los medios insustituibles para el logro de los objetivos esenciales del Estado.

Finalizo esta reflexión, con las palabras del presbítero Enrique Pascal: “Toda sociedad está regida por el derecho y el derecho lleva en sí implícita la coacción, la fuerza para imponer sus decisiones. La fuerza debe estar al servicio del derecho; el derecho debe estar subordinado a la política y ésta, a su vez, subordinada a la moral” …. los invito a sacar sus propias conclusiones.