Diciembre 2019

LAS FUERZAS ARMADAS SON LAS GARANTES DE LA INSTITUCIONALIDAD,

DÍGALO O NO LA CONSTITUCIÓN

 

El que las Fuerzas Armadas (FF.AA.) sean las garantes en última instancia del orden institucional de la República, no es nada más que un hecho de la realidad. Las FF.AA. son y han sido siempre la reserva moral básica de la nacionalidad, a la cual ésta recurre en crisis extremas.

La verdad es que, como lo expresara en su oportunidad y también en plena crisis, Dn. Sergio Onofre Jarpa: “lo diga la Constitución o no, las garantes de la institucionalidad son las FF.AA. y yo prefiero que estén enmarcadas en la Constitución”. En este mismo sentido, Bernardino Bravo declaró que “en este siglo se ha dado en Chile que los políticos, los civiles, tanto de gobierno como de oposición, acuden finalmente a las FF.AA., lo cual muestra que, de facto, son ellas las garantes de la institucionalidad…”. La verdad es que las Fuerzas Armadas son uno de los pilares del estado constitucional, una cosa es que no hablen los militares y otra que no intervengan. Probablemente no les corresponda hablar - porque es el deporte de los políticos -, pero deben intervenir cuando éstos fallan y está comprometida la seguridad del país.

Ciertamente la intervención castrense, como la dictadura, es un remedio extremo, es por ello que le teme tanto la clase política. Lo malo es que no siempre se actúa mirando el interés nacional como para no arrastrar al país a situaciones en que ello se torne inevitable. Los hombres de armas no asumen el poder porque sí, en muchos casos están en juego intereses vitales del país y cuando éstos están amagados por la acción o inacción de los civiles, los hombres de armas se sienten en el deber de salvaguardarlos.

El mismo profesor Bravo, en diversas publicaciones dio a conocer fundadamente que, “institucionalizado o no el papel de las Fuerzas Armadas en la actual etapa del Estado de derecho, es el de garantes del mismo. No en vano, cada vez que han fracasado los políticos y se ha hundido el régimen de gobierno, ellas han sido hasta ahora, el recurso extremo”.

En general, esta realidad es reconocida en las diversas constituciones políticas, pero no en forma explícita, sino que ambigua o veladamente, al señalar que las Fuerzas Armadas están destinadas a la defensa de la patria, que tienen como misión garantizar el ordenamiento constitucional, u otras expresiones similares, lo que produce abundantes márgenes de confusión.

Tal situación ha llevado a Hermann Oehling a decir: “Frecuentemente los preceptos constitucionales procuran precaver el desborde institucional a que son proclives los ejércitos políticamente”. Es decir, se niegan en lo normativo y en lo escrito lo que a cada instante les dice la realidad, con el designio evidente de que aquellas prohibiciones actúen sobre las conductas que quieren reformar. Para ello se excluye a las FF.AA., en el plano de la legalidad, de una actividad política que tan resueltamente ejercen en la realidad, incluso en connivencia con los civiles. Prohibir esa actividad política de los cuerpos armados, señala Oehling, es sin lugar a dudas, una decisión de extraerles expresa y normativamente esa capacidad de decisión política que en los hechos ostentan. No cabe duda que las leyes pueden cohonestar, pero solo la fuerza sostener.  De ahí el último residuo de posibilidad de que una constitución descanse en el apoyo de las Fuerzas Armadas.

Es por ello también que en general se señale a las Fuerzas Armadas como base que hace posible el régimen civil, y que, velada o abiertamente, señalen las constituciones a las FF.AA.  como guardianes de la carta fundamental y del orden interno. Ello significa atribuir una función crítica a las Fuerzas Armadas, y una responsabilidad en caso de las omisiones que incurran. Pero la imprecisión y la ambigüedad de las normas y conductas de la clase política, hacen a los ejércitos ser siervos y a un tiempo jueces y protectores supremos de la legalidad. Ambigüedad que produce tan abundantes márgenes de confusión y que fraccionan las lealtades, constituyendo una zona oscura la del tránsito de la obediencia a la iniciativa, y que queda sujeta a los caracteres de cada circunstancia, así como a la composición y capacidad de las Fuerzas Armadas.

En relación con esta misión de los cuerpos armados de la República, sirve finalmente para reflexionar, citar las declaraciones de Mario Arnello Romo “Creo que nuestras Fuerzas Armadas tienen un concepto muy vital, muy auténtico de su misión, la que consiste, fundamentalmente, en la defensa de la integridad territorial. Pero no solo de la integridad territorial, sino también de la integridad moral del país y en la defensa de su organización interior y de sus leyes”.