Febrero 2020

LA SOCIABILIDAD HUMANA

Una de las características más trascendentales del fenómeno humano es su sociabilidad. El hombre se nos presenta formando parte de agrupaciones o sociedades, rara vez aislado, es un ser constitutivamente sociable. Todas las disciplinas científicas que se han abocado al estudio del tema han llegado a una conclusión unívoca; el ser humano existe siempre en relación con otros seres humanos y en permanente interacción entre ellos. De hecho, la existencia necesaria de la sociedad está confirmada por la historia, es así como desde los tiempos más remotos encontramos asociaciones humanas. La sociedad se nos presenta entonces como el modo específico de vivir del hombre, ya lo decía Aristóteles “Es pues manifiesto que la polis es por naturaleza anterior al individuo, pues si el individuo no puede de por sí bastarse a sí mismo, deberá estar con el todo político en la misma relación que las otras lo están con su respectivo todo. El que sea incapaz de entrar en esta participación común, o que a causa de su propia suficiencia no necesite de ella, no es más parte de la polis, sino que es una bestia o un Dios”.

Cualquier persona puede observar que la vida social humana se presenta como un sistema de necesidades de toda índole (materiales, espirituales, religiosas, etc.), que deben ser cubiertas, y también de bienes de toda clase, aptos para su satisfacción.

Es de la esencia de la persona humana su condición de creatura necesitada, lo cual implica, al mismo tiempo, que ella sea un centro de comunicación y por lo tanto, un ser social.

Todo ser humano es un conjunto de capacidades, aptitudes, etc., y al mismo tiempo un haz de necesidades que debe satisfacer ejercitando estas capacidades. Estas necesidades son individuales cuando se dan en cada existencia humana, pero al darse en todas las personas adquieren relevancia social.

En la búsqueda de bienes para satisfacer sus necesidades, el hombre se asocia, por amor en el matrimonio, fundando la familia; por conocimientos, en escuelas y universidades; por obtención de bienes, en el trabajo, y así, de modo variado, en distintos cuerpos sociales que buscan lograr bienes y fines específicos hasta llegar a la Sociedad Política, la forma más perfecta de asociación.

Si bien se puede decir que la sociabilidad es una importante característica del hombre, no es ella exclusiva de los seres humanos, algún fenómeno de sociabilidad se encuentra en el mundo animal en general y en ciertas especies en un grado de desarrollo notable. Lo que caracteriza por excelencia al hombre es el alto grado de siquismo (conjunto de caracteres psíquicos de un individuo) alcanzado. Este fenómeno complejo del siquismo es lo que tradicionalmente se ha denominado razón y voluntad del hombre. En virtud de esta peculiar característica, el hombre puede mediante su inteligencia, anticipar cuáles serán los efectos de una determinada conducta, si conoce las causas del efecto previsto. Puede así provocar ciertos efectos y evitarlos, si lo prefiere.

El hombre pasa a tener un dominio importante sobre su naturaleza y a medida que este dominio se extiende, crece la libertad física del hombre y sus posibilidades de obrar se amplían.

Existe una concepción en que la Sociedad es sólo una suma de individuos, un conglomerado de partes que pertenecen distintas entre sí. Los individuos son las únicas realidades. La Sociedad no es un sujeto con vida propia, estos individuos son conducidos por el Estado. Esa concepción se presenta, por ejemplo, en los autores llamados “contractualistas”, como Hobbes, John Locke y Juan Jacobo Rousseau. Por otro lado, hay una visión más orgánica de la Sociedad, donde ésta es una unidad originaria con la que los individuos mantienen la relación de miembros. La sociedad aparece, así como un organismo, es decir, implica la unión de varias partes que cumplen funciones distintas y que con su acción coordinada concurren a mantener la vida del todo. Esta concepción, se presenta revistiendo un cierto carácter espiritualista: la sociedad presenta una unidad o personalidad moral, con voluntad propia. Desde este punto de vista, el grupo social tendrá un alma independiente de los individuos, una conciencia colectiva y una voluntad autónoma. El objetivo de la Sociedad es la satisfacción de las necesidades colectivas, llegando al bien común por la vía de la legalidad y de la legitimidad.

La enorme capacidad de transformación de las sociedades humanas, hace que la convivencia de los hombres sea una fuente perpetua de creaciones. El hombre toma lo que le brinda la naturaleza en su conjunto y crea un mundo nuevo; el mundo de la cultura donde el hombre a su vez crea las instituciones. Así entonces, desde esta primera aproximación, podemos definir las instituciones diciendo que son “creaciones del hombre para satisfacer necesidades sociales”, puntualizando al mismo tiempo que toda institución es una síntesis de funciones y satisface siempre varios objetivos al mismo tiempo.