Noviembre 2020

La Fuerza Militar en la Política

Por si las actuales autoridades políticas de gobierno no lo tuvieran presente, dada su inacción… me permito recordarles que la función militar es “tan antigua como las organizaciones políticas mismas, y en todo momento histórico el poder político ha necesitado tener siempre respaldada su autoridad moral por la fuerza militar” (Hermann Oehling).

Las diversas concepciones filosóficas y jurídicas incluyen la idea de la existencia de Fuerzas Armadas, para darle eficacia al derecho, y sin la cual la paz social y la ordenación estatal son imposibles. Toda la realidad histórica conocida hasta hoy, coincide en indicar que la amenaza (interna o externa), o la posibilidad de una amenaza, existe siempre, tanto en la vida de una persona como en la de un país. Por tanto, nada permite suponer que un Estado pueda organizarse prescindiendo de la fuerza militar. La fuerza militar es consustancial a la existencia del Estado; ella aparece apenas éste comienza a cobrar forma.

Para Álvaro d’Ors esta materia se manifiesta tan esencialmente “que podría decirse del Estado, que su último núcleo vital imprescindible está en la exclusiva de la fuerza militar…, el poder militar no se concibe desvinculado del Estado, sin anular con ello su existencia misma”.

Con el término fuerza militar, aludimos a aquella jurídicamente monopolizada por el Estado para asegurar la existencia del respectivo grupo social y la consecución del bien común. Fuerza equivalente a energía y potencia suficientes para oponerse a las intenciones de la amenaza, la existencia de la amenaza es lo que obliga a tener cierto grado de seguridad. Para ello, debe disponerse de un sistema capaz de disuadir al adversario y de oponérsele si fuera necesario. La fuerza militar es, así, garantía de la propia defensa, es decir, de la propia soberanía e independencia y de la plena tranquilidad social en pro del desarrollo y del bien común de los ciudadanos.

Toda comunidad de seres humanos exige la presencia de organizaciones armadas para proteger la seguridad nacional, asegurar el orden público y el ejercicio de la autoridad. Por otro lado, la independencia nacional no sería posible si el país careciera de Fuerzas Armadas que la garantizaran… más aún, tenemos la convicción profunda de que las Fuerzas Armadas junto a las de Orden y Seguridad, son indispensables en una democracia y que pensar en eliminarlas (como lo han mencionado algunos políticos desquiciados que tenemos), sólo es propio de quienes desconocen los fundamentos mismos en que descansa la sociedad humana. Estas instituciones aseguran la función política en lo exterior y en lo interior, el poder militar y de seguridad, son una ineludible condición de existencia de todo poder estatal.

Por otra parte, aunque debemos y queremos vivir en paz, la agresión es una posibilidad permanente, de lo cual se desprende la necesidad de defenderse frente a ella, anulándola o neutralizándola. Es así como para Hermann Oehling “La organización militar y de orden es un concomitante necesario de todo gobierno, que trasciende los objetivos territoriales y que tiene sus raíces en el incentivo general de la seguridad”.

Este mismo autor, establece que estos institutos armados son “la fuerza, la coacción organizada para mantener dentro y fuera de la nación el orden, es decir, el derecho, sin el cual no existe orden social alguno” …Sin el respaldo de la fuerza no hay interés defendido ni objetivo alcanzable ni, en suma, política posible” (Almte. Ramón González)

Para hacer realizable un proyecto político, es necesario contar con una fuerza militar y de orden. Así como el derecho resulta ineficaz sin la fuerza, un proyecto político requiere de la fuerza para hacerlo factible o viable. Los poderes del Estado necesitan el apoyo de las Fuerzas Armadas, de Orden y Seguridad Pública para imponer sus decisiones en beneficio de todos y cada uno de los ciudadanos.

Estos organismos están instituidos para defender al Estado contra los enemigos exteriores y para asegurar en el interior el mantenimiento del orden y la ejecución de las leyes. Las Fuerzas Armadas, junto con las Fuerzas de Orden y Seguridad Pública, son la garantía de la paz externa e interna del país y para su ejercicio es imprescindible el respeto a dichas instituciones y el respaldo de la clase política y en especial la gobernante (situación crítica en estos momentos, dada la inacción e inoperancia del actual gobierno, de la acción deplorable e ineficaz de la Justica y las ambiciones de poder de una incompetente clase política).

En fin, podríamos decir que “la sociedad política ha creado a las organizaciones armadas para defender a la sociedad de agresiones, por consiguiente, son expertas en la aplicación de la violencia y están condicionadas para ello. En el orden interno son utilizadas para respaldar a la autoridad establecida. En el desempeño de su función militar y de seguridad, estas instituciones toman conciencia de la magnitud de su responsabilidad y de que ellas constituyen la fuerza legal del Estado, y les está dado, junto con las armas, el monopolio del ejercicio de la violencia, para, precisamente, preservar la soberanía y el orden y la seguridad interior de la nación. Esto es lo que esperan los verdaderos chilenos de ellas, pero no podrán actuar, “al menos en democracia”, sin tener el apoyo político y el respeto a las instituciones, situación que en la actualidad se carece de ambas condiciones.