Junio 2021

AUTORIDAD Y PODER

Antes de entrar al tema, es necesario revisar el concepto del Bien Común; cada hombre entra en el ordenamiento social en procura de su propio bienestar, por lo que cada uno de los componentes de la asociación desean alcanzar su bien particular. Obviamente, si esto último se produjera, la sociedad se desquiciaría y habría un conflicto permanente entre sus partes. Surge así un principio director que unifica los bienes individuales de las partes y eso es el Bien Común, concepto que adquiere un significado fundamental, ya que el Bien Común no es igual al Bien Particular, como indica Santo Tomás cuando dice: “Esto es razonable, puesto que no es lo mismo el fin propio y el fin común. Según el fin propio, todos difieren; según el bien común, se unifica”. El Bien Común es el bien de toda la sociedad y de cada una de las partes, lo que se explica considerando que el hombre es tanto parte como todo, parte, en cuanto a que pertenece al todo social como individuo material; y todo, porque es un todo en sí, en cuanto a que es persona. Por esto, el Bien Común está subordinado al bien del ser humano, considerado como persona. Así, el Bien Común tiene como finalidad asegurar al hombre las consideraciones para que realice su vida como persona y lo restringe, en cuanto a individuo.

Ahora bien, al introducirnos en nuestro tema sobre Autoridad y Poder, tenemos que el Bien Común por sí mismo, no es garantía de que la sociedad se mantendrá unida en paz, ni que el ordenamiento social establecido permitirá el desarrollo de las actividades para lograr la buena vida, porque siendo muchos los hombres que la componen, cada cual buscará la satisfacción de sus propias necesidades, produciendo una dispersión. Por esto se hace absolutamente necesario que alguien dirija y decida dentro de la comunidad, de manera que ésta llegue al fin deseado. Santo Tomás dice: “Así pues, si es natural al hombre vivir en sociedad, es necesario que tenga un guía dentro de la multitud. Siendo muchos los hombres y cada uno busca para sí mismo lo que necesita, la multitud se dispersaría en sus fines, si no hubiera quien tuviese cuidado que todo se dirija al Bien Común”. Así resulta natural que exista una autoridad que dirija la comunidad.

Más aún, este teólogo y filósofo sostiene que “toda autoridad proviene de Dios, esto significa que el que exista una autoridad, es algo natural, y por lo tanto es querido por Dios”. Siguiendo esta línea de pensamiento, lo expuesto no significa que los poderes que tenga una persona que dirige una comunidad le hayan sido entregados por Dios, sino que el que exista una autoridad con poderes para cumplir su finalidad es por voluntad de Dios. Más aun, él expone que “pues, así como todo ser depende de un primer ser, que es su primera causa, así todo gobierno de la creatura viene de Dios, como el primer gobernante y primer ser”. La autoridad está personificada en aquel que dirige y decide todo aquello que tiende al Bien Común de la sociedad, el gobernante. La finalidad de éste, es el Bien Común de aquello cuyo gobierno ha asumido. Esto se materializa cuando logra mantener la unidad de la sociedad, de lo que resulta la paz social dentro de ella; si ésta desaparece, termina toda utilidad de esa sociedad. El gobernante para procurar la unidad de la paz, debe buscar y aplicar los medios aptos para lograr este fin y no limitarse a aconsejar la paz.

En esta materia, veamos la Función del Gobernante; éste debe conducir y desarrollar todas las actividades políticas de la sociedad. Santo Tomás considera tres aspectos fundamentales; primero instituir las leyes que dirijan la sociedad, segundo conservarlas y tercero, desarrollarlas. La función legislativa del gobierno, fija la normativa que regirá la sociedad, teniendo como meta el Bien Común de esa Sociedad Política. Llevándola a la práctica, tenemos la actividad política, que, como actividad propia del hombre, nos lleva a conseguir los fines intermedios de la sociedad.

La primera obligación del gobernante, será mantener la paz, porque sin esta condición la sociedad pierde su finalidad. Esto es mantener la paz interior, para desarrollar las actividades propias del conjunto y de cada una de sus partes, por lo cual deberá adoptar todas las medidas legales necesarias para mantener la unidad, evitando divisiones entre los gobernados. Pero no basta conservar la paz, ya que los esfuerzos deben dirigirse a cumplir la finalidad de la sociedad, que es el Bien Común, concepto que en la práctica resulta un poco impreciso. El gobernante deberá emplear toda su capacidad para poder determinar cuales son los medios apropiados que lleven a la sociedad al Bien Común, por lo que deberá interpretarlo y definirlo, ya que la pluralidad ciudadana no podrá hacerlo nunca. Esta es la función principal que cumplirá el gobernante, sin embargo, el aspecto económico también es de suma importancia, porque a través de los medios materiales se logrará una buena vida para la sociedad, por lo que deberá procurar que exista lo suficiente para el bienestar de ésta.

Así establecida la sociedad, hay que preocupar conservarla, para lo cual este autor dice que “deberá procurarse que los hombres se sucedan unos a otros en los diversos trabajos y oficios, reprimir a quienes obren mal y premiar a quienes se hagan merecedores a esto, y finalmente, precaver a la sociedad de los peligros provenientes del exterior”. El primero de estos aspectos, la sucesión generacional, tiene por objeto que la sociedad establecida perdure en el tiempo, lo que implica ir preparando las nuevas generaciones para reemplazo de aquellos que por imposición natural vayan a dejar de ser útiles a la sociedad, según el ciclo vital de la humanidad. Esto apunta directamente a la función educativa que debe promover y desarrollar el Gobierno, para satisfacer todas las necesidades de la vida común, abarcando todos los campos del conocimiento, fundamento de la sociabilidad del hombre. El otro aspecto indicado, es lo referido a la aplicación de la justicia. No trata solamente de la justicia punitiva, sino que es más amplio e implica a la justicia como virtud, según lo cual el gobernante deberá aplicarla en todo lo relativo a las relaciones humanas, procurando que se respeten los derechos, tanto del conjunto, como el particular de cada ciudadano.

El tercer aspecto que debe cuidar el gobernante, es el de defender la sociedad de los ataques enemigos, para lo cual tiene que adoptar las medidas convenientes para mantener una parte de los ciudadanos en armas. Este cuerpo armado tiene una doble función en apoyo del gobernante: la primera y fundamental, proteger la sociedad de ataques del exterior, y la segunda función, conservar la paz en la sociedad, lo que equivale a la Seguridad Interior.

Si hablamos de la relación entre Autoridad y Poder, según Santo Tomás, “siempre se encuentra a alguien que tenga las características necesarias para mandar a la comunidad y que ordenan el desarrollo normal de la vida en sociedad hacia el fin que le es propio, porque el hombre de acuerdo a su particular naturaleza está dispuesto a guiar o ser guiado”. Es así como en forma natural van a surgir las personas que ocuparán las más altas funciones, diferenciándose claramente la clase dirigente y la clase dirigida. Esta denominación no significa que el gobernado se transforme en siervo del o los gobernantes, sino que se establece una preeminencia y sujeción en el orden del gobierno de la sociedad, según los méritos de cada cual.

La dominación, en su sentido político, no debe lograrse por el miedo, ya que esta sujeción así obtenida, no puede durar, puesto que los gobernados en cuanto tengan la ocasión se levantarán en contra del tirano, lo que será más extremo en su violencia cuanto más duro haya sido el sometimiento. Por esto el pensador recomienda que el gobernante debe esmerarse en gobernar bien, lo que significa gobernar con justicia. Surge aquí el concepto de amistad cívica, que debería unir al gobernante con los gobernados; esta amistad, explica el Santo, es una comunión que se establece entre el gobernante y los gobernados, como una retribución y reconocimiento de estos últimos hacia el primero, en cuanto éste busca el Bien Común de la sociedad, lo que equivale a cada uno de sus componentes, en cuanto son parte del todo. Esta relación recíproca hace más estable el gobierno y constituye también una forma de legitimación del poder.

La autoridad y la sociedad son elementos que surgen en forma natural, lo que equivale a decir que son de origen divino, en cuanto a que son queridos por Dios, asimismo, también podemos afirmar que el poder de la autoridad tiene la misma procedencia. Por otra parte, ya se explicó que esto no significa que sea Dios el que dá el derecho de gobernar a esa autoridad en particular, sino que él asume legítimamente la dirección de la sociedad política. Esto tiene importancia considerando que la autoridad se puede originar de diferentes maneras, en primer lugar, puede tener origen hereditario, como es el caso de la monarquía, o en su defecto, puede ser por elección, lo que sucede cuando es la misma sociedad política, toda o parte de ella, la que elige a sus gobernantes. La mirada de Santo Tomás es que esto no significa que se entrega un mandato al gobernante, sino que sólo se designa o elige, según el caso, a la persona que asumirá ese poder.

Para el ejercicio del poder deben darse dos aspectos; primero, el que todos tengan una parte en el ejercicio del gobierno, ya sea como gobernante o como gobernados, en una relación en que la sociedad política, como todo, respete y guarden las leyes que se han dado para el desarrollo de la comunidad hacia su fin propio; en segundo lugar, que el tipo de gobierno permita la participación de todas las clases que componen esa sociedad, en una organización armónica y bien dosificada, y que regule adecuadamente las relaciones entre los miembros de la comunidad. “La autoridad en el ejercicio del poder no debe buscar su recompensa, como son las riquezas, el honor y la gloria, sino debe esperar una paga celestial, ya que la buenaventuranza es el premio a la verdad”.

Finalmente, y como uno de los componentes de esta relación entre Autoridad y Poder, es válido tener presente una breve noción en materia de Sociedad y Comunidad; éstas son agrupaciones sociales distintas, aunque se usan generalmente como sinónimos, siendo una de índole ético-social, y la otra biológica. En este sentido, es muy clarificador el pensamiento de Jaques Maritain en su libro “El Hombre y el Estado”, donde establece que la vida social une a los hombres en cuanto hay un objeto que así lo haga conveniente, el que tendrá connotaciones espirituales y materiales, en torno a este objeto se tejerán todas las relaciones humanas de esa agrupación. En la Comunidad, el objeto es anterior a la razón humana por cuanto es obra de la naturaleza, y actúa independiente de la inteligencia y voluntad del hombre, creando en los componentes del grupo de una siquis común inconsciente, estructuras sicológicas, sentimientos y costumbres comunes. Por su parte, en la sociedad, el objeto es una tarea o fin que cumplir, determinado por la razón humana, por lo que dependerá de la inteligencia y de la voluntad del hombre. Así la Comunidad surge como un producto del instinto del hombre y de la herencia, por lo que la persona está internamente ligada al grupo y la siquis colectiva inconsciente tiene gran influencia sobre ella; en cambio, la Sociedad aparece como obra de la razón humana y la fuerza moral del hombre, por lo que adquiere prioridad la conciencia personal. Para un mayor entendimiento, Maritain da como ejemplo lo siguiente; Comunidades: grupos regionales, grupos étnicos y clases sociales; Sociedades: firmas comerciales, sindicatos, asociaciones científicas y sociedades políticas o cuerpos políticos.