Enero 2022

 

PENSAMIENTO ESTRATÉGICO (II PARTE)

 

Los intereses nacionales constituyen las bases fundamentales para conformar una adecuada estrategia. Estos intereses se definen en forma de abstracciones muy generalizadas, que reflejan los deseos y las necesidades básicas de cada Estado. Algunas veces son difíciles en su determinación, en razón de que en muy pocas oportunidades están bien delimitados. En cambio, generalmente se entrelazan y superponen. Casi todos los intereses, por ejemplo, están referidos, en mayor o menor grado, a la seguridad nacional, pero si uno le pregunta a un empleado del Ministerio de Salud, Educación o Desarrollo Social si la defensa es su principal preocupación, la respuesta seguramente será no. Los estrategos, en el ámbito de la gran estrategia, necesitan seleccionar los intereses que se relacionen específicamente con la seguridad nacional.

El único interés vital de la seguridad nacional es la supervivencia, supervivencia del Estado con un aceptable grado de independencia, integridad territorial, estilos tradicionales de vida, instituciones fundamentales y que permita mantener los valores nacionales y el propio honor intacto.

Otros aspectos pierden importancia si el país es eliminado como entidad soberana. Asimismo, otros propósitos dejan de tener sentido si para alcanzarlos se corre el riesgo de la desaparición como nación. Además, existen grados de supervivencia que están condicionados por el panorama que se pueda avizorar en el futuro. En un extremo de dichas gradaciones encontramos el caso de Alemania, cuyo estilo nacional de vida, sus instituciones fundamentales y valores, fueron destruidos durante la Segunda Guerra Mundial, quedando dividido su territorio. Lo importante, sin embargo, es que la nación sobrevivió, siendo actualmente Alemania Occidental una potencia dentro de Europa.

En contraste con lo anterior, algunos países satélites detrás de la Cortina de Hierro, sobrevivieron como fantasmas políticos, económicos y sociales. Los intereses secundarios, tanto positivos como negativos, sean regionales o mundiales, complementan el sentido del esfuerzo nacional. Ellos son primordialmente específicos y están escalonados en un orden de prioridad. Los hombres responsables, en todas partes, desean morir por los intereses más acuciantes, y que, sin duda, son los relacionados con la supervivencia. John F. Kennedy puso en juego la vida del país durante la Crisis de los Proyectiles en Cuba, sobre la base del interés que significaba tener el Caribe libre de la entonces presencia Soviética.

Occidente, fue menos decidido en la Guerra de Corea, pues las razones de ésta no tenían la importancia de aquélla. Al final de la escala de prioridades existen intereses atractivos pero postergables, que ningún conductor nacional, para satisfacerlos, derramaría sangre o gastaría miles de millones de dólares. Tales intereses pueden ser logrados por medio de presiones indirectas, pero nunca a través de una guerra generalizada. Es un asunto de criterio determinar qué intereses encajan en las categorías de cada uno de los expresados anteriormente. Las soluciones son razonablemente simples en los estados totalitarios, donde los partidos en el poder pueden prescindir de la opinión pública en un grado considerable. Pero, así todo, suceden crisis cuando los sectores dirigentes nacionales, cuyas decisiones están condicionadas por sus personalidades y experiencias, las opiniones de sus asesores y el carácter de sus conciudadanos.

Los intereses nacionales difícilmente existen en el vacío. Todo el mundo está a favor de ellos o en contra. Excepcionalmente se puede encontrar una persona verdaderamente neutral. Todas las alianzas internacionales de seguridad están basadas en intereses mutuos. La cooperación continuará, siempre que esos intereses coincidan. Cuando la cooperación termina, la alianza se derrumba. Casi todos los problemas de política exterior en el mundo pueden ser delineados como conflictos de interés que terminan en enfrentamientos de orden filosófico y algunas veces en encuentros armados.

Los intereses hacen particularmente inestable la situación, cuando ellos tienen por finalidad cambiar el Statu quo. Los deseos de los nazis por el Lebensraum, empujó a Europa en el torbellino en la década del 30.

Las aspiraciones de los árabes de tener la Tierra Santa libre de hebreos ayudaron a crear el caos en el Levante después que se constituyó el Estado de Israel. Sin embargo, aún intereses inocuos, como la inclinación de los EE.UU. por la paz mundial, pueden ocasionar perturbaciones. Los deseos de estabilidad en el medio Oriente, que tuvo su origen del interés mencionado precedentemente, pusieron a EE.UU. en competencia directa con el Kremlin. Un viejo adagio dice que no existen amigos o enemigos permanentes: solamente existen intereses permanentes, pero aún esto no es verdad. El único interés nacional permanente es la supervivencia. En 1947 EE.UU. ayudó a conformar un compromiso que llevó al Japón a “renunciar para siempre a la guerra como un derecho soberano de la nación, y a la amenaza o uso de la fuerza como medio para arreglar las disputas internacionales… Las fuerzas de tierra, mar y aire, así como otras que potencialmente sirvan a la guerra, nunca serán organizadas”. Hoy día, una buena parte de los críticos en EE.UU. están disconformes porque el Japón no contribuye, en lo que ellos consideran debe ser la parte proporcional de dicho país, a la defensa del Este Asiático. De igual forma, algunos expresaron su preocupación sobre lo que consideraban una insuficiente contribución militar de la República Federal de Alemania a la NATO. Hoy el interés evidentemente ha cambiado los últimos cincuenta años. Desgraciadamente se pueden presentar toda clases de problemas antes que los conductores reconozcan conscientemente que se ha producido un cambio.

Sin menospreciar lo difícil que es armonizar los intereses de la seguridad nacional, ellos constituyen la fuente de los verdaderos objetivos, que indican a su vez lo que un país está tratando de lograr. Estos objetivos, denominados a veces metas, fines o propósitos, pueden ser de corto, mediano y largo alcance, al tener en vigencia, desde unas pocas semanas o meses, hasta una década o más. Los objetivos de la seguridad nacional, así como los intereses, tienen subdivisiones de carácter políticos, militares, económicos, sociales, entre otros.

Por su parte, las políticas de la seguridad nacional son un conjunto de reglas fundamentales en la política nacional y subordinadas a ella. Las políticas, así como los intereses y los objetivos, tienen ruedas dentro de otras ruedas. Al final de la década del 40 y en la del 50, cuando los comunistas realizaban una política de expansión, EE.UU. lo enfrentaron con una política de contención y no con una agresiva. Existieron políticas complementarias en ambos lados. Además, EE.UU. jugaron la suerte nacional con sus aliados y no encararon el problema solos. Y durante el mismo período, se eligió no golpear primero, sin tener en cuenta el grado de provocación, cuando en realidad podrían haber eliminado al enemigo. En ese momento eran los únicos que tenían armas nucleares.

En materia de los compromisos de la seguridad nacional, la política es muy amplia. Los compromisos, sean formales o informales, obligan a las partes comprometidas en determinadas oportunidades y lugares a realizar actos específicos. La política de seguridad colectiva de los EE.UU. ha seguido una filosofía que los liga con una comunidad de otras naciones que tienen intereses y necesidades comunes. Los EE.UU., han estado obligados por ocho pactos de defensa mutua con cuarenta y dos aliados partícipes, a los que hay que agregar acuerdos con más de otros treinta países de carácter menos estricto. Por consiguiente, los compromisos de defensa son muy distintos. Los EE.UU. no tienen obligación de apuntalar a los israelíes, sea económica o militarmente, en el caso de que el país sea invadido. Se apoya su independencia política y su integridad territorial como un asunto político, pero eso no es un compromiso que imponga realizar determinadas acciones en circunstancias específicas.

En materia de la situación del Poder Nacional, los intereses, objetivos, políticas y compromisos de la Seguridad Nacional constituyen fines u orientaciones para que un país pueda alcanzarlos. En un amplio sentido, los medios son los elementos del poder nacional, incluyendo las partes correspondientes de los aliados, por ejemplo: el poder político sobre las mentes y actos de los hombres en el propio país y en el extranjero; las ventajas y vulnerabilidades geográficas; la economía, en especial los recursos naturales, la capacidad industrial y las finanzas; la población, teniendo en cuenta su cantidad, ubicación, temperamento, moral y educación; las bases científicas y tecnológicas; las instituciones militares, con sus compromisos activos y de reserva; y como un elemento integrador, el liderazgo. Si estos componentes se disponen en proporciones balanceadas, permitirán a quienes los poseen ejercer las influencias que deseen, en la oportunidad y lugar elegidos.

Paradójicamente, el poder militar puede ser el medio principal para lograr propósitos económicos. El Japón empleó la presión militar para levantar y sostener su imperialismo económico durante la Segunda Guerra Mundial. De la misma manera, el poder psicológico puede ser utilizado para obtener finalidades militares. Muchos países han sido llevados a renunciar a sus logros cuando aún tenían posibilidades de vencer. Cuando los poderes político, económico o psicológico permiten alcanzar los objetivos deseados, los requerimientos militares normalmente pueden disminuirse. Si los EE.UU. consiguieron que el Kremlin haya estado más preocupado en Asia, los efectivos norteamericanos en Europa pudieron disminuirse significativamente, sin una repercusión importante. Sin embargo, ese tipo de intercambio no es siempre factible. Cuando el tiempo es un factor crítico, la única respuesta puede darla la potencia de fuego.

El desajuste que puede existir entre los fines, que los hemos caracterizado como intereses y objetivos y los medios recursos disponibles, crea riesgos que difícilmente pueden ser cuantificados. Una consideración prevalece: la probabilidad del éxito contra el riesgo que se acepta tomar. Una probabilidad del sesenta por ciento a favor puede llevar a un jugador de póker a una decisión donde arriesgue todo, pero esto no es así para un estratego nuclear. Los riesgos que corre éste son considerablemente mayores.

El General de Ejército André Beaufré, en su desafiante “Introducción a la Estrategia”, bosqueja cinco diferentes modelos para encarar la conciliación de fines y medios. Resumidamente son los siguientes: 

  1. Fines Limitados con Medios muy Potentes; Cuando los recursos son abundantes, la simple amenaza de la fuerza puede ser suficiente para alcanzar los objetivos, siempre que no esté en juego un interés vital del enemigo. Esta combinación corresponde  a  la  estrategia  de  disuasión de  EE.UU. para una guerra nuclear generalizada. Ninguno de los objetivos norteamericanos compromete la supervivencia de Rusia o China; su propósito es simplemente evitar la agresión.                                                                  
  2. Fines y Medios Limitados; Cuando los recursos disponibles no son adecuados para crear una amenaza veraz o la disuasión enemiga es realmente amenazadora, las presiones de carácter político, económico y psicológico pueden reemplazar a la fuerza en forma exitosa y facilitar el logro de propósitos modestos, o que aparentan serlo. Este arbitrio es el más adecuado cuando la libertad de acción militar está condicionada. Rusia, ha utilizado este recurso con habilidad destacable.                                                             
  3. Fines importantes con Medios Limitados; Cuando los objetivos son de una importancia crítica, pero los recursos son escasos y la libertad de acción muy limitada, las acciones medidas y prudentes, paso a paso, que combinen las presiones directas con las indirectas, con un respaldo militar regulado, pueden ser efectivas. Este esquema favorece a las naciones que tengan una fuerte posición defensiva y que estén de acuerdo en realizar un proceso lento. El mismo fue usado a la perfección por Hitler antes de la Segunda Guerra Mundial.                                                                           
  4. Fines de Resultados Variables con un Mínimo de Medios; Cuando se dispone de una gran libertad de acción, pero los medios son insuficientes para lograr una decisión, una lucha extendida en el tiempo y a un bajo nivel de intensidad militar puede ser suficiente. Esta especie de juego requiere una gran motivación, una moral fuerte y resistente, y una solidaridad nacional desarrollada en alto grado. Este esquema ha sido empleado con ventajas en las guerras revolucionarias, cuando lo que estaba en juego era mucho más importante para un lado que para el otro.                                            
  5. Fines Críticos con Medios Decisivos; Cuando los objetivos son críticos y los recursos militares fuertes, es posible lograr una victoria decisiva en el campo de batalla. La destrucción de las fuerzas armadas enemigas puede bastar, aun cuando los intereses del enemigo sean vitales y deba ocuparse algún tiempo de su territorio. Si no se logra la victoria rápidamente, la decisión se puede producir con dificultad después de un periodo prolongado de desgaste para ambos contendientes, fuera de toda proporción con respecto a los intereses en juego.

Finalmente, para facilitar la comprensión de lo expuesto, a continuación se establecen las relaciones que existen entre los diversos componentes:

Los intereses y los objetivos establecen los requerimientos estratégicos.

Las políticas proporcionan las reglas para satisfacerlos.

Los elementos y las capacidades disponibles proporcionan los medios.

Al combinar todos los elementos expresados se forma el gran marco, donde encajan las adecuadas estrategias, como si fueran piezas que se acomodan en un rompecabezas. Los estrategos, proporcionando a este marco la consideración debida, pueden ensamblar fines realistas con medios adecuados, reduciendo los riesgos en el sistema.

Sin embargo, la estrategia, aunque no sea exclusiva, no es un juego que los estados puedan realizar solos sin interferencias externas. Siempre se deben tener en cuenta las acciones y reacciones del enemigo.

En un próximo artículo, analizaremos los problemas que imponen las amenazas, y sus repercusiones en la formulación de las estrategias.