Febrero 2022

PENSAMIENTO ESTRATÉGICO (III)

 

Continuando nuestra conversación sobre “Lo Estratégico”, abordaremos en esta oportunidad las consideraciones que traen consigo las amenazas. Los intereses, objetivos y políticas de Seguridad Nacional adquieren relevancia únicamente si están compatibilizados en un contexto que contemple las amenazas, tanto externas como internas de una nación.

La amenaza fundamental es la militar. Es la más fácil de precisar y, a veces, la más fácil de enfrentar, en razón de que es directa y abierta colocando a todos los contendientes en un terreno conocido. Sin embargo, las formas indirectas de convivencia o coerción son por igual efectivas y más difíciles de encarar. El engaño proviene desde tiempos anteriores al caballo de Troya. El Viejo Testamento menciona aspectos de la subversión que hacen acordar a la infiltración de los fascistas y las conspiraciones de los comunistas del siglo veinte. Los intereses nacionales pueden ser afectados o comprometidos tanto por la guerra en los campos de acción político, económico y psicológico, como por la acción de las armas.

Solamente la pretensión de determinar cuál es el verdadero enemigo, puede enloquecer al mejor servicio de inteligencia. Esto ya lo descubrió Stalin en junio de 1941, cuando sus aliados nazis, amigos hasta ese momento, de improviso, invadieron la Rusia Occidental... Los Republicanos Españoles se prepararon para enfrentar la amenaza militar, cuando en realidad el mayor peligro estaba en la subversión, que tomó la forma de la Quinta Columna... Más aún, los papeles que desempeñan los participantes cambian con el tiempo. En nuestra historia, hace unos 70 años atrás, fuimos testigos de como EE.UU. y Alemania estaban enfrentados en una guerra cruenta, en cambio hoy estos dos países son aliados y buenos amigos. Se puede considerar afortunada la nación que tenga un solo enemigo, aunque sea este real o imaginario. Cuando la amenaza tiene las características de la hidra, con muchas cabezas, los estrategos deben establecer prioridades para poder concentrar sus esfuerzos sobre aquellas que signifiquen un mayor peligro.

Existen tres consideraciones básicas que son primordiales en el proceso de evaluación de las amenazas a saber:

Las capacidades estratégicas (¿Qué puede hacer el enemigo?); tomadas independientemente de las intenciones constituyen la aptitud de cualquier país para alcanzar sus finalidades o para impedir los propósitos de otros, en un determinado lugar y tiempo, sea en la paz como en la guerra. Las capacidades habilitan a una nación para llevar a cabo los cursos de acción que desee, sin una perturbación que dañe la estructura socioeconómica y sin exponer sus intereses vitales. Las capacidades son la expresión total del poder nacional -político, militar, económico, social, científico, tecnológico, psicológico, moral y geográfico- combinado con los medios de aplicación efectiva del poder.

Las capacidades son relativamente estables y difícilmente están sujetas a cambios rápidos. Pueden ser cuantificadas, comparadas y analizadas objetivamente. En consecuencia, ellas proporcionan una plataforma para planificar con bases sólidas. Sin embargo, es conveniente hacer una advertencia. Las derrotas que acarrean consecuencias traumáticas, como el desastre francés en Dien Bien Phu (fue una de las más significativas batallas de la guerra de independencia de Vietnam, ocurrida entre el 13 de marzo y el 7 de mayo de 1954. Se considera que esta Batallafue el último enfrentamiento armado importante de la llamada Primera Guerra de Indochina); los trastornos políticos (incluyendo los golpes de estado) y otros aspectos, pueden ocasionar cambios rápidos en las capacidades, al alterar las aptitudes de conducción, moral y otros elementos que la conforman.

Las intenciones (¿Qué quiere hacer el enemigo?) se refieren a la determinación de un Estado de llevar a cabo ciertos proyectos. Son generalmente menos tangibles que las capacidades, están sujetas a consideraciones subjetivas, son fácilmente encubiertas. Las intenciones se conforman sobre la base de intereses, objetivos, políticas, principios y compromisos, muchos de los cuales nunca han sido o serán considerados. Por ello resulta muy traicionero tenerlas muy en cuenta. Los militares generalmente prefieren dejarlas de lado. Sin embargo, es importante tener una idea del probable curso de acción del enemigo para determinar una estrategia propia. Es muy peligroso apoyarse únicamente en las apreciaciones sobre las capacidades del enemigo o en las intenciones el mismo en forma unilateral. Los estrategos con experiencia toman en cuenta ambas apreciaciones, reconociendo que el mejor indicio para determinar las intenciones es lo que un pueblo hace y no lo que dice.

La vulnerabilidad (¿Cuáles son las debilidades más importantes del enemigo?), es la sensibilidad de una nación o de una fuerza militar ante cualquier acción, por diferentes medios, que pueda reducir su potencial de guerra, efectividad de combate o voluntad de lucha. Desde el punto de vista de los estrategos, las vulnerabilidades deben ser específicas y preferentemente vitales. Por ejemplo, los países que tienen zonas estratégicas muy concentradas, corren el riesgo de que las mismas sean repentinamente destruidas por medio de armas masivas de destrucción. Estados como Israel, con escasa población, normalmente no pueden afrontar una guerra convencional muy prolongada con un oponente que tenga una población numerosa. La atricción sería mortal. Las vulnerabilidades que provienen de un frente interno inquieto provocan la subversión. Una cosa es cierta, que al margen de error en cualquier etapa del proceso de evaluación de las amenazas siempre será grande. Los estrategos nunca pueden llegar a tener todas las respuestas adecuadas en lo que respecta a las capacidades, intenciones y vulnerabilidades del enemigo, ni siquiera a las respuestas que ellos creen correctas. Algunas piezas del rompecabezas encajan sólo en forma aproximada, algunas faltan siempre. La tarea consiste en hacer lo mejor que uno pueda con elementos disponibles, incluidas las limitaciones que se tienen.

El punto de partida para una buena apreciación debe ser la situación, tal como ella se presenta o pueda ser racionalmente construida por especialistas. Esto no es tan simple como parece, pues las apreciaciones sobre el oponente, tiempo, lugar, medios y otros aspectos cambiantes, frecuentemente oscurecen el proceso. Además, es perfectamente posible que ambas partes comiencen acciones con elementos de juicio totalmente erróneos, pues también el enemigo puede apreciar la situación en forma completamente distinta a la nuestra.

Cuando los claros en la información disponible, sean delimitados por los conductores o deducidos por la comunidad de inteligencia, deben ser analizados de manera tal, que permitan determinar en qué forma hay que llevar adelante la investigación para cubrirlos. Esto significa formular preguntas correctas, que satisfagan efectivamente las dudas, arte que pocos han adquirido. Sherman Kent, en su libro Inteligencia Estratégica para la Política Mundial de EE.UU., clásico en su campo, destaca la importancia de una buena orientación: “En la medida que una organización de inteligencia sepa el porqué se encuentra trabajando, para qué va a servir lo que ella produzca y qué clase de acciones están previstas y con qué tipo de instrumentos, el análisis y definición del problema substantivo, sufrirá proporcionalmente, pudiendo ser resuelto en mejor o peor forma”.

Los problemas a su vez generan requerimientos para la obtención de datos, que van desde el material básico de antecedentes disponibles hasta el tema especificado de que se trate. Generalmente se dispone de una gran cantidad de información sin procesar y de inteligencia clasificada en los archivos. En realidad, contar con una gran cantidad de información puede ser una desventaja. Mantener un archivo con información actualizada y variada, se está convirtiendo en una dificultad creciente para las grandes potencias, aun contando con ayuda de las tecnologías más avanzadas. Más aún, es prácticamente imposible anticiparse a todas las contingencias que se pueden presentar.

En consecuencia, las agencias de reunión, sean abiertas, encubiertas o clandestinas, deben satisfacer constantemente los requerimientos del momento para cubrir los claros producidos por la información faltante. Reunir información sobre las intenciones es particularmente tedioso. Aún los profesionales sofisticados del espionaje secreto, personificados por el agente secreto 007, James Bond, tienen serias limitaciones al respecto, tal como Sherman Kent señaló, utilizando el caso de Corea en 1950 como ejemplo: “Supongamos que los soviéticos hubiesen tenido acceso a nuestros archivos más secretos y hubieran encontrado un documento que les dijera que… nosotros íbamos a combatir. Esto hubiera sido claramente un documento de gran importancia. Pero en realidad, ellos nunca lo hubieran encontrado, porque no existía. La decisión de combatir fue adoptada por el señor Truman, y él la tomó en el momento que supo que el ataque apoyado por los soviéticos había sido lanzado. Por lo tanto, si por un lado el conocimiento de las intenciones de un hombre tiene que ser adivinado por medio de sus documentos personales, y por otro la propia política debe ser determinada sobre la base de lo que uno descubra, estamos frente a un caso en que la política está en quiebra por definición”.

Una vez que se obtenga la información, es necesario valorizarla para determinar su pertinencia, exactitud y calificarla, así como precisar la confiabilidad de su fuente, la que puede ser desde completamente confiable hasta no confiable o desconocida. Cuando una agencia conocida proporciona información que pueda integrarse bien, con los datos facilitados por otras fuentes, los planificadores estarán en condiciones de proceder con mayor seguridad que si hubieran recibido datos fragmentarios y dudosos, proporcionados por contactos no confiables. Los analistas de inteligencia deben estar alerta entre los juegos de azar con triquiñuelas. Aún los documentos provenientes directamente de los archivos del oponente y que están bajo un celoso control son dudosos, como lo sugiere lo siguiente:

“No hay duda que los sucesores del general Alexander Orlov en el servicio secreto soviético han dirigido la recolección de un gran número de documentos secretos. Pero cuando ya los tenían en sus manos ¿qué sucedió? Tenía escrito cada documento en su carátula: “Yo no soy el pensamiento ni las recomendaciones de un alto funcionario, sino el de un excéntrico asesor; yo no soy un borrador proveniente de un alto departamento, hecho solamente como una base de discusión no soy uno de esos registros de decisiones, que al día siguiente serán desmentidos verbalmente, o escondidos debajo de una alfombra y olvidados, o que gradualmente son podados por quienes, estando en desacuerdo, lo llevan hacia un punto muerto. Nada de eso aparece. Como tampoco el que diga: yo soy autoritario y fuerte; represento una intención aprobada y me encuentro vigente”.

La pregunta más significativa de todas es por supuesto qué importancia tiene la información sin procesar. La respuesta está contenida en lo que es la interpretación, paso crucial del ciclo de la inteligencia, que combina el análisis, la integración y la deducción.

De la masa de información en bruto, convertida en inteligencia a través de la evaluación e interpretación, se realizan las apreciaciones de corto, mediano y largo alcance que permiten determinar los probables cursos de acción del enemigo. Algunas de estas amenazas afectan la supervivencia de la propia nación o la de los aliados. Otras solamente afectan intereses propios de baja prioridad.

Predecir las intenciones -la principal razón de la estimación- ofrece a los especialistas de inteligencia estratégica grandes posibilidades de éxito, en relación a los especialistas en inteligencia de combate, debido a que la primera dispone de más tiempo para estudiar la situación y obtener conclusiones con respecto a las capacidades del enemigo, sus debilidades, peculiaridades, vulnerabilidades y necesidades. No obstante lo expresado, la estimación es una actividad llena de dificultades. Son requisitos previos para encararla: amplios conocimientos de las ciencias naturales y sociales, adquiridos principalmente en el sistema educativo; saber los procedimientos de inteligencia, un profundo conocimiento de los hábitos intelectuales e idiosincrasia de las personalidades enemigas en el poder, y sabiduría y madurez en los juicios, que se obtiene a través de la experiencia. No obstante, los esfuerzos de objetividad que puedan realizar quienes efectúan apreciaciones, son presa en alguna forma de sus antecedentes y preferencias.

En forma similar a lo expresado anteriormente, los que realizan estimaciones, por el hecho de ser seres humanos, algunas veces son presa de sus emociones. Algunos tienden a defender lo que han producido, mucho más allá de lo que la prudencia y el sentido común lo hubiese permitido. Por ejemplo, el tratar de “vender” una “amenaza mayor que la esperada”, cuando todas las evidencian indican que tal posibilidad no tiene vigencia, puede llevar a la comunidad de inteligencia y a los que de buena fe las pueden utilizar, a desarrollar una incredibilidad progresiva en sus capacidades. Para protegerse de esta conducta, que es factible sea difícil detectar y aún más problemático de documentar, se le encarga a más de una organización o personal el mismo trabajo, analizando de nuevo los mismos datos básicos, sin tener en cuenta la duplicación de esfuerzos y los gastos consiguientes. Aun así, los estrategos deben reconocer que quienes aprecian, aunque sean los mejores, también son falibles, ya que pueden ofrecer soluciones que parecerán aceptables, aunque los indicios prueben que están equivocados.

Sin tener en cuenta el proceso empleado o la aptitud del personal técnico, el esfuerzo más agotador puede ser completamente inútil si fracasa en proporcionar sus conclusiones a quien corresponda en forma oportuna. Por lo expresado, algunas veces se deben realizar estudios de gran importancia bajo una gran presión, sacrificando la profundidad del mismo en bien de la oportunidad. Afortunadamente este tipo de situaciones puede reducirse al máximo, si quienes formulan los requerimientos tienen un mínimo de previsión y los analistas de inteligencia ejecutan su tarea normalmente.

Por su parte, la Contrainteligencia, así como la inteligencia, condiciona el proceso que imponen las amenazas. Ante todo, una definición de Contrainteligencia, comúnmente designada CI, reduce la efectividad de la penetración de las actividades de inteligencia del enemigo, protegiendo la propia información contra el espionaje. Al disminuir la capacidad del enemigo de aplicar su poder con efectividad, la CI reduce los riesgos y protege contra la sorpresa. También comprende lo relativo a las amenazas internas, las formas de subversión y sabotaje.

Las actividades de contrainteligencia generalmente buscan satisfacer dos requerimientos: mantener la seguridad física y proteger los secretos de Estado. Incluyen una gran variedad de programas activos y pasivos; el planeamiento de las acciones de encubrimiento y decepción: contramedidas electrónicas; limitaciones en los desplazamientos de extranjeros; control de los movimientos de civiles; vigilancia política; manejo especial para ciertos tipos de documentación clasificada y protección de plantas industriales. Las sociedades cerradas permiten aplicar a la perfección las medidas de contrainteligencia, en razón de que el aparato estatal penetra en todos los aspectos de la vida nacional. Los comunistas chinos en especial son expertos en CI. Muy poca información de valor puede traspasar sus fronteras. Por el contrario, EE.UU. vive obsesionado por el debate público de asuntos de seguridad nacional, es intolerable frente a las restricciones que la seguridad debiera imponer a las comunicaciones públicas y apadrina un estilo de vida nacional que simplifica las operaciones de los agentes enemigos. El precio que paga EE.UU. por este lujo es que sus medidas de CI son más permeables que cualquiera de las que poseen las potencias de primer orden, los dos ambientes son completamente distintos para la formulación de finalidades estratégicas.

En síntesis, todas las etapas del proceso de evaluación de las amenazas cruzan por caminos pedregosos. La cantidad, calidad y oportunidad de la inteligencia estratégica es una limitación constante y crítica, que tienen los conductores.

En el próximo artículo, veremos la Esencia de la Estrategia…no exclusivo de los militares.