Mayo 2022

DISUASIÓN

UN INSTRUMENTO DE PAZ (I)

(Basado en el trabajo de Renato Valenzuela Taylor)

 

La Disuasión es un concepto relevante, por cuanto está presente en todas las relaciones entre los estados dentro del sistema internacional. Los estados, en su constante accionar que los lleva a la consecución de sus intereses nacionales, buscan incrementar su poder nacional, entendiendo como tal, el desarrollo de todas las actividades en áreas que le den estabilidad política, derivada de una producción industrial, estabilidad social y progreso económico y moral, que se complementa en la mayoría de los casos con una producción de intelectuales, científicos, deportistas, etc. Ello se traduce en un aumento de la cultura y del status global del país y de su imagen en el exterior. Un país con estabilidad social y política, motiva a otros a invertir, beneficiándose con mayor poder productivo y social y debido a esta interacción con el sistema internacional, aumenta su influencia e imagen, imprescindible para lograr sus objetivos.

Obtenida esta imagen, la disuasión se logra directamente, sin necesidad de ejercer presión de otro tipo, ya que es la imagen o status el que se impone ante otros estados en el momento de realizar sus relaciones, lo que se traduce finalmente en libertad de acción para lograr sus intereses sin interferencias limitantes o que signifiquen gastos extraordinarios. Efectivamente, los países menos poderosos, son los que requieren mayor acción y, por ende, gastan mucho más, comparativamente a los poderosos, en términos de recursos para lograr lo que han definido como sus objetivos nacionales.

Disuasión significa según John Mearsheimer “persuadir a un oponente a no iniciar una acción específica porque los beneficios percibidos no justifican los riesgos y costos estimados”. Para Stephen Cimbala, “es el resultado de la interacción de un país con otros que permite a un país A lograr que otro B, haga o deje de hacer algo, para cumplir con sus objetivos en el ámbito de las relaciones internacionales”. La disuasión es consecuencia del ejercicio del poder que un país ejerce sobre otro para incrementarlo y/o mantenerlo, proyectando en el adversario una buena idea de las consecuencias de oponerse. Para Edward Luttwa, “disuasión armada es nada menos que poder, o también, esa muestra del poder de un estado que se deriva de la fuerza militar”, es decir, una consecuencia de la permanente acción de proyección de poder nacional.

Un ejemplo de lo anterior, se puede graficar en la visión del ex Secretario de Estado de EE.UU. Dean Acheson “queremos decir que la única disuasión a la voluntad rusa en Europa Occidental, es a través del convencimiento de que ante cualquier intento (de lo anterior), el poder americano iba a ser empleado para impedirlo y si era necesario, infligiría grandes daños a la Unión Soviética, que el régimen de Moscú no desearía sufrir”.

Cuando un país realiza disuasión, debe considerar la eventualidad de que ésta falle, es decir, que se deba entrar a un conflicto. La disuasión tiene sus riesgos y sus costos, especialmente si termina en un conflicto; estos costos deben mantenerse al mínimo en todo tiempo, imponiendo un especial desafío a los estrategas en el proceso de planificación y ejecución racional, donde se deben establecer puntos o situaciones que obliguen a tomar decisiones que signifiquen variar o mantener la estrategia disuasiva, o definitivamente emplear el potencial nacional para conseguir los objetivos violentamente. Si los objetivos perseguidos justifican el costo de la guerra y se tienen altas probabilidades de ganarla y, además, aumentar o mantener el poder nacional después de la guerra, …se irá definitivamente al conflicto.

H. Kissinger, en una intervención ante el Senado de su país establecía que “el poder es lo preponderante en las relaciones internacionales. Las naciones tienen sus propios intereses, que están destinados a chocar de vez en cuando”. De acuerdo a la escuela de política realista, de la cual era discípulo y que aplicaba en las relaciones internacionales para su país, establecía que “se debe mantener siempre a la vista los intereses nacionales, en vez de cierta visión de moralidad y justicia, y entender que éstos (intereses nacionales), pueden ser protegidos sólo por credibilidad militar”.

“Un estado utilizará la guerra para lograr sus objetivos, si después de evaluar las posibilidades de éxito, considera mas importante esas metas que las bondades de la paz. Como cada estado es el juez último de su propia causa, en cualquier momento puede valerse de la fuerza para poner en práctica su política de defensa”.

Es necesario establecer que la disuasión como tal, muere cuando la guerra comienza, pero en su esencia continúa durante ésta; efectivamente durante el conflicto las fuerzas de un estado se emplean para lograr los objetivos políticos en disputa y obligar al enemigo a detener la guerra, “convenciéndolo” de que el conflicto no es la solución del problema, o que ya no vale la pena continuarla por los costos que esta empresa significa para su país. Lo anterior quedó demostrado durante la Guerra del Golfo, cuando los aliados occidentales decidieron emplear el poder aéreo al inicio del conflicto para, por un lado, cumplir con los objetivos de la guerra en forma rápida y barata en términos políticos, y por otro lado, para decidir el conflicto en términos de conseguir que Sadam Hussein se rindiese antes de emplear las fuerzas de tierra, “persuadiéndolo” para que aceptase las imposiciones de las Naciones Unidas, so pena de tener que pagar el alto costo que significa su aventura.

Se deberá convencer al enemigo de lo altruista del país agresor o del que se defiende, según sea el planteamiento estratégico del país que intente la disuasión, en el sentido de mostrarle una salida digna, o un beneficio de índole político, económico, o estratégico, si depone su actitud bélica, lo que no habría ocurrido durante la guerra en mención, dejando una sensación de que ésta se reanudará en un futuro no muy lejano por falta de previsión, o producto de las condiciones de “todo o nada” que se dejó a S. Hussein después del conflicto, según Cimbala.

De los conceptos emitidos surge, entonces, que hay que distinguir dos tipos de estrategias disuasivas, según sea el marco temporal donde se aplica, a saber: una a largo plazo o permanente y una a corto plazo o de acción inmediata aplicada durante una crisis.

Los factores que afectan y que interactúan en estos tipos de disuasión son los mismos, sin embargo, el énfasis que cada gobernante debe hacer en cada uno de los casos será diferente y dependerá de la situación política-estratégica del momento “se disuade en función de la estatura político estratégica que el país posee” (Libro de la Defensa). El gobernante deberá entonces, hacer el mejor uso de los recursos del país, para que se logre la disuasión que le permita conseguir los objetivos deseados en términos de poder y estabilidad, que, en definitiva, son los elementos necesarios para lograr los intereses que cada país identifique. En los diversos tipos de disuasión, existen diversas formas de manejar elementos de disuasión.

Surge, entonces, la necesidad de definir los diversos campos o elementos de poder donde el gobernante debe hacer énfasis, de acuerdo a su percepción del entorno político-estratégico que lo rodea y que determinará su buen o mal accionar para la consecución de los objetivos de la disuasión. La acción del campo diplomático es esencial en circunstancias en que se defienden posiciones nacionales, es el campo autorizado y la vía normal para tratar asuntos de estado con otros estados. Sin embargo, esta vía no tiene respaldo alguno cuando el país no tiene el status o peso estratégico adecuado para conseguir sus objetivos, según se desprende de lo expresado en el libro de la Defensa y como ha sucedido en la mayoría de los conflictos contemporáneos.

La acción diplomática es exitosa en la medida que esté respaldada por el poder nacional en toda su dimensión, pero en especial si lo está por un poder militar disuasivo, esto es, altamente eficiente y correctamente dimensionado para defender sus intereses, “la disuasión más eficaz es aquella que insinúa la potencial capacidad de vencer, es decir, la mejor forma de disuadir es preparándose para vencer. En esto, las Fuerzas Amadas juegan un papel prioritario, pero no exclusivo. Es el desarrollo armónico del poder político, quien disuade y conquista la paz”.

La disuasión a largo plazo, es aquella en que el estado actúa como un todo homogéneo. En este tipo de disuasión, el estado maneja su imagen ante la comunidad internacional, muestra su poder total en el campo económico, financiero, industrial, social, político, diplomático y militar, dentro de los más importantes. Esto es especialmente relevante porque existen otros aspectos de carácter político estratégicos y también geopolíticos, que según las circunstancias del momento que se viva, cobran un alto interés en términos disuasivos, como por ejemplo, su posición geográfica, su condición de país neutral, aliado a otro de alto poder nacional, o a una organización que asegure su mutua protección, como la OTAN, dejando de actuar solo y aumentando su poder en términos disuasivos.

Cuando este tipo de disuasión ocurre, se trata de una disuasión de estado y aunque puede conseguir beneficios a corto plazo, los gobernantes la emplean para conseguir los intereses a largo plazo o para mantenerlos en el tiempo.

Dentro de los intereses nacionales permanentes, se destacan los de seguridad, bienestar, justicia, poder y otros. Los gobernantes serán los que deban administrar los recursos y oportunidades internacionales derivados de su poder, para asegurar a su país los intereses definidos como prioritarios y, por sobre todo, aumentar su poder o lograr el grado de influencia necesario para lograr lo anterior.

El poder militar, dentro de los elementos de poder con que cuenta como recurso del gobernante, es el fundamental para asegurar la disuasión que requiere, “No se puede disuadir sin la existencia de una fuerza militar”, con esto se logra el equilibrio de poder que necesita el estado para lograr la disuasión a largo plazo en el plano internacional, y también en términos de estabilidad interna, en el fondo, se busca la paz. Es a través de este elemento en que se decidirán en última instancia, los conflictos de intereses con otro estado, apoyando desde la paz la gestión del gobierno en su interacción con otros estados.

Asimismo, cuando un país ha identificado sus intereses nacionales, se concentrará en estructurar una estrategia de largo alcance, o gran estrategia, donde necesariamente deberá incluir una estrategia militar que la apoye en la consecución de éstos. De esta forma, en la medida que el país se desarrolle en diferentes ámbitos para lograr un desarrollo armónico en la que se asegure un poder nacional acorde con los desafíos y amenazas que estime encontrar en el futuro, deberá necesariamente desarrollar un poder militar capaz de defender sus intereses nacionales y en definitiva el equilibrio alcanzado.

El estado definirá una política de empleo del poder militar en la paz, en crisis y en la guerra, de manera que su desarrollo sea armónico y su empleo sea consecuente con lo que el estado defina para su accionar en el contexto de las relaciones internacionales. El estado, entonces, es el responsable de la estructuración y conducción político estratégica del poder militar en su amplio contexto, aspecto que es permanente en el tiempo, dinámico y flexible de acuerdo a la evolución del entorno político estratégico de cada estado.

Es así que en la estructuración[H1]  de un adecuado poder militar, el análisis y posterior definición de las amenazas que un estado tendrá para la consecución de sus intereses y objetivos, cobra una importancia fundamental, que tendrá sus consecuencias cuando el estado deba enfrentar momentos de crisis o un conflicto; es decir, cuando un estado emplee su poder militar si las otras instancias o poderes del estado han fallado o sean de menor poder de influencia y no hayan podido lograr la disuasión esperada en el otro estado.

Efectivamente, la definición de las amenazas que hará un estado, determinará el desarrollo de la estructura militar y luego la estrategia definirá su empleo y actitud. La estrategia y actitud del enemigo potencial, que se puede definir después de un acabado análisis de inteligencia, determinará la mejor estrategia militar a seguir, que anticipe el accionar del potencial enemigo y demuestre una decisión permanente hacia la defensa de los intereses del país.

Para lograr un desarrollo militar adecuado y que permita apoyar la gran estrategia nacional, será necesario estructurar un plan de desarrollo en términos de capacidades a obtener. Estas capacidades militares se desarrollarán de acuerdo a la definición de la postura estratégica que defina el estado en su accionar para el logro de sus objetivos y que afectarán el empleo de todo su poder, dentro de éstos el militar, durante la paz y en la guerra.

En el próximo artículo, analizaremos esas posturas estratégicas que deberá definir un estado.


 [H1]